28 julio 2026
El avance de las renovables y la factura eléctrica: por qué el ahorro no siempre llega
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La inversión inicial no es menor. Una de las propuestas evaluadas para ambos negocios contempla la instalación de un sistema fotovoltaico de más de 100 kWp, con una inversión cercana a los 100 000 dólares. Aunque la cifra puede parecer elevada, las proyecciones indican que el sistema permitiría recuperar la inversión en menos de tres años y generar ahorros durante más de 20 años, convirtiendo el proyecto en una apuesta de largo plazo por la estabilidad energética y la reducción de costos operativos.

La experiencia de Viñas refleja una realidad cada vez más frecuente en República Dominicana. Algunos invierten en paneles solares atraídos por el ahorro económico a mediano y largo plazo, pero también por razones ambientales y por la búsqueda de una mayor autonomía energética. Mientras tanto, quienes no pueden realizar esa inversión se preguntan si el avance de las energías renovables en el país terminará reflejándose en sus facturas.

Producir energía renovable no convencional (solar y eólica) es cada vez más barato. Según la Agencia Internacional de Energías Renovables (Irena, en inglés), en 2024, la energía solar fotovoltaica fue, en promedio, 41% más barata que las alternativas de combustibles fósiles de menor costo, mientras que la eólica onshore fue 53% más barata. Pero una mayor participación renovable no se traduce automáticamente en una reducción inmediata de las tarifas.

“Con demasiada frecuencia, las personas escuchan la palabra ‘renovables’ y asumen que el resultado debería ser una reducción inmediata en la factura mensual. Sin embargo, la verdadera transición energética no consiste únicamente en cambiar la fuente de generación. Se trata de reconstruir el sistema de infraestructura que sostiene la vida cotidiana”, explica Neil P. Osnato, fundador de Persistence Analytics Group y especialista en resiliencia de infraestructura.

El costo de la electricidad está compuesto por múltiples factores que van más allá de la generación. La transmisión, distribución, mantenimiento de redes, pérdidas técnicas y no técnicas, subsidios y nuevas inversiones en infraestructura forman parte de la estructura de costos del sistema eléctrico.

La integración de energías renovables requiere importantes inversiones en líneas de transmisión, subestaciones, almacenamiento energético, sistemas inteligentes y modernización de redes capaces de gestionar fuentes variables de generación.

“La luz del sol puede ser gratuita. La infraestructura necesaria para convertir esa luz solar en electricidad confiable no lo es”, afirma Osnato. “Un panel solar produce energía, pero es una red eléctrica moderna la que determina si esa energía puede ser entregada, almacenada, equilibrada y utilizada cuando las familias, las empresas, los hospitales y los sistemas de emergencia más la necesitan”, sostiene.

El precio de la electricidad en República Dominicana, así como en otros países, no es un número fijo: es el resultado de un sistema dinámico en que diferentes actores inyectan energía a la red a costos distintos. Además del precio de generación, la tarifa incorpora otros componentes como costos de transmisión, distribución y cargas regulatorias.

«El tema de la tarifa eléctrica está dominado por la fuerza del mercado y los actores que intervienen en ella», afirma Alberto Sánchez, coordinador nacional del Programa de Pequeños Subsidios del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD). «¿Cuánto cuesta el kilovatio de energía? Eso va a depender de cuáles son los actores que están en el momento inyectando las redes», explica.

Sánchez señala que si hay plantas que generan a muy alto costo, como las que usan diésel, el precio se incrementa. El costo va cambiando a lo largo del día de acuerdo a la energía que está entrando. En cuanto a las renovables, tienen prioridad de entrada al sistema, ya que es necesario aprovechar los horarios de generación solar y eólica cuando estos se producen.

«Las Empresas Distribuidoras de Electricidad (EDES) cuentan con un grupo de tarifas que determinan cuánto pagas por kilovatio”, afirma. “Sería una locura que te diga: a las 8 de la mañana pagas 15 centavos de dólar y a las 8 de la noche vas a pagar 35», comenta. El experto explica además que el Estado dominicano mantiene ciertos subsidios, lo que también altera el precio final para el consumidor.

Sin embargo, excluir los costos de la factura del debate puede retrasar aún más la transición energética.

La Agencia Internacional de Energía (AIE) advierte en su informe Estrategias para transiciones energéticas limpias asequibles y justas que, si los hogares, comunidades y países más pobres quedan excluidos de la economía de energía limpia por no poder asumir los costos iniciales del cambio, el proceso entero se ve amenazado.

Esto significa que los países deben trabajar en la delicada ecuación de avanzar hacia un sistema con mayoría de renovables –lo que implica altas inversiones iniciales– sin penalizar al consumidor final.

La AIE también ofrece una perspectiva más alentadora a largo plazo: a pesar de las inversiones iniciales significativas, los costos generales para los consumidores tenderán a disminuir con el tiempo, gracias a los gastos operativos mucho más bajos de las energías limpias.

CL14