Cierre anticipado del curso escolar muestra las costuras de la educación en Cuba
LA HABANA – “Mamá, estoy aburrido”, “mamá, estoy aburrido”, escucha a cada rato la camarera Estela Reyes, las réplicas de su hijo desde que este entró de vacaciones a mediados de junio, tras un curso escolar que cerró antes de tiempo por el colapso eléctrico de Cuba.
“No me viene bien que le hayan adelantado el cierre del curso escolar. Tiene solo ocho años y a veces no tengo con quién dejarlo mientras trabajo. Tampoco quiero dejarlo ir a la calle con los amigos del barrio mientras no estoy cerca”, dijo a IPS sobre su hijo esta residente en La Habana de 28 años.
Reyes lamenta que, sin electricidad durante más de 20 horas al día, sin tiempo para jugar con su hijo ni dinero para llevarlo a pasear a parques infantiles u otras opciones que han caído, en su gran mayoría, en manos del sector privado a precios prohibitivos para la mayoría de los cubanos. O al menos, para ella.
“Junio se despide y con él, el curso escolar” 2025-2026, dijo el miércoles 1 la ministra de Educación, Naima Ariatne Trujillo, en una intervención divulgada en sus cuentas de redes sociales.
Debido a la crisis energética y las limitaciones logísticas, el curso escolar, iniciado el 2 de septiembre de 2025, concluyó de manera adelantada entre el 15 y el 30 de junio de 2026, pese a que, según la Resolución 43 de 2025 del Ministerio de Educación, debió hacerse en julio.
“En general, el curso fue un poco accidentado. A finales de 2025, muchos niños y maestras se enfermaron de chikunguña y, en febrero, empeoraron los apagones y las ausencias de la profesora por problemas de transporte, lo que afectó el proceso docente”: Jennifer Suárez.
Trujillo ya había anticipado este adelanto el 16 de mayo, durante una intervención televisiva, y avisó que las instituciones educativas permanecerían abiertas para atender a los niños que necesiten estar en la escuela, y que, por las limitaciones en el proceso de enseñanza de este curso, el cierre académico incluiría mayor flexibilización.
“No estoy de acuerdo con el adelanto del cierre del curso escolar. No ha sido bueno para los niños, porque la propia maestra nos dijo que hubo contenido de matemáticas que no dio tiempo a impartir. Esa laguna quizás se quede en los niños”, afirmó a IPS la fotógrafa habanera Jennifer Suárez, de 35 años.
La titular de Educación reconoció que “no todo sale exactamente como se modela desde un escenario”, y agregó que se identificaron entre 10 000 y 22 000 estudiantes en condiciones excepcionales, en mayor desventaja por estar más desconectados de sus instituciones o residir en lugares más distantes.
“Después de una noche sin corriente, ir a la escuela para el muchacho, cómo atraerlo, la clase, es un reto. Y los maestros, que también sufren igualito, sin energía eléctrica o con el problema de que si tengo agua o no tengo agua en la casa, concentrarse en dar clases a los muchachos ha sido todo un reto”, reflexionó la ministra en su intervención de mayo.

Un curso “accidentado”
Para varias familias consultadas por IPS, con niños de enseñanza primaria, menores de 12 años, el curso escolar terminó incluso antes de lo establecido, a inicios de junio, en cuanto dejaron de haber exámenes pendientes.
Las condiciones de sus escuelas, con frecuentes apagones, mucho calor, almuerzos deficientes, ausencias de profesoras, y un traslado mañanero tormentoso debido a los problemas de transporte, provocó que muchos padres no llevaran a sus hijos a los últimos días del curso.
Pero en muchos casos el cuidado pasó a manos de las abuelas.
“Me encanta pasar tiempo con mi nieta y ayudar en lo que pueda a la familia, pero eso a veces me siento muy vieja para seguir este ritmo, con tantos apagones y tantos problemas”, dijo a IPS Ángela Hernández, una jubilada habanera de 74 años.
El curso escolar 2025-2026 ya venía con problemas que se fueron volviendo comunes después de la covid-19.
Entre esos problemas están las carencias en el suministro de uniformes escolares y libros y en la calidad del almuerzo, entre otros fallos usualmente cubiertos o subsidiados por el sistema de educación gratuito en Cuba, una de las banderas del gobierno desde el triunfo de la revolución cubana en 1959.
“En general, el curso fue un poco accidentado. A finales de 2025, muchos niños y maestras se enfermaron de chikunguña y, en febrero, empeoraron los apagones y las ausencias de la profesora por problemas de transporte, lo que afectó el proceso docente”, reconoció la ministra Trujillo.
En muchas escuelas de la enseñanza primaria, se impartían clases en los horarios de la mañana y la tarde, a menos que no hubiera almuerzo disponible o capacidad para transportarlo, lo cual era algo que ocurría semanalmente. En esos casos, los niños salían al mediodía.
Asimismo, los padres debieron, en múltiples ocasiones, imprimir los libros escolares y, en mayor medida, los materiales complementarios para las clases.
Buscaron los libros en formato PDF en un sitio web perteneciente al Ministerio de Educación, la biblioteca digital CubaEduca, y los mandaron a imprimir y encuadernar en negocios privados, a precios excesivos para el poder adquisitivo promedio de los cubanos.
Más de tres millones de libros escolares se han dejado de producir como consecuencia de las dificultades para adquirir insumos y piezas de repuesto para la industria poligráfica, reconoció en julio de 2023 el Ministerio de Relaciones Exteriores.
“En este semestre (de 2026), los maestros venían a dar clases cansados o faltaban, por los apagones en la noche. Mi niño también iba cansadísimo. Estoy segura que no rendía igual. Pero he escuchado de casos en que no había maestra y la clase la daba la auxiliar (docente), que no tenía la misma preparación”, comentó Reyes.
La ministra Trujillo reconoció en su anuncio algunas “limitaciones en las condiciones logísticas”, que causaron una reducción del servicio de seminternado —jornadas que cubrían la mañana y la tarde, para enseñanza primaria— y “los días de presencialidad” en las escuelas.
“Se caminan largas distancias tanto por los niños como por sus familias y los maestros”, dijo la titular de Educación respecto a los problemas de transportación.
La Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco), advirtió que la precariedad del sistema de educación cubano.
La situación “pone en peligro el futuro de toda una generación, con consecuencias a largo plazo», según dijo Anne Lemaistre, directora de la Oficina Regional de este organismo en La Habana.
Lemaistre manifestó a finales de mayo que “la educación en Cuba está en riesgo debido a la actual crisis energética” y “esto dificulta que docentes y estudiantes asistan a clases, aprendan eficazmente y disfruten de una vida social normal con sus amigos”.

Universidad semipresencial
En el concluido curso académico no se realizarán los exámenes de ingreso a la enseñanza universitaria, como parte de las más recientes medidas adoptadas por el Ministerio de Educación.
Según la información oficial, el otorgamiento de carreras universitarias y programas de técnico superior se realizará a partir del índice académico obtenido por los estudiantes en el preuniversitario, mientras que la ministra subrayó que se garantiza una plaza para todos los aspirantes que deseen acceder a la Educación Superior.
“Este curso no se debió realizar y, en la práctica, no se ha realizado”, dijo a IPS Leonardo Gómez, de 21 años, estudiante de Derecho de la Universidad de La Habana -la principal y más antigua del país- y vicepresidente de la Federación Estudiantil Universitaria de su facultad, organización que agrupa a los universitarios cubanos.
Para Gómez, el curso fue muy deficiente, no llevó a cabo exámenes finales y en general, todo el sistema semipresencial —de clases híbridas, entre presenciales y a distancia — no fue nada efectivo dados los problemas de conectividad a internet y los apagones frecuentes.
El gobierno instauró ese sistema semipresencial en febrero como parte de las medidas de ahorro energético ante el bloqueo petrolero de Estados Unidos, que el presidente Donald Trump instauró el 28 de enero.
El bloqueo petrolero fue una de las ultimas estocadas de Washington contra Cuba, ya hundida en una crisis cada día más profunda por las sanciones estadounidenses y los problemas de gestión internos, que han llevado a los 9,7 millones de habitantes a una situación límite.
“Las condiciones para estudiar han sido muy complicadas, los apagones han sido constantes, la falta de conexión, etcétera, etcétera”, agregó Gómez.
El 9 de marzo, Gómez, junto a una treintena de estudiantes universitarios, protestaron en la escalinata de la Universidad de La Habana por la falta de vías institucionales para transmitir sus quejas y, sobre todo, contra el sistema de clases semipresenciales.
Pedían, específicamente, la cancelación del curso escolar, ya que, según consideraron, sería un año perdido: “Que se posponga y empiece de cero una vez que la situación del país mejore”, señaló entonces Gómez, en otra entrevista con IPS.
Ahora, el estudiante de Derecho aún considera que si el semestre próximo —que empezaría en septiembre—, continúa bajo el mismo modelo, prefiere no asistir a clases
“No vengo a dar un curso a distancia. A todos los estudiantes que nos hemos esforzado tanto tiempo, es una falta de respeto”, sentenció Gómez.
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