Elecciones en Nueva Caledonia allanan camino para negociar con Francia su futuro político
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SÍDNEY – El territorio francés de ultramar de Nueva Caledonia, en el Pacífico sur , celebra elecciones el 28 de junio tras el rechazo del último acuerdo sobre su estatuto político con Francia. Los representantes elegidos en las tres asambleas provinciales y en el congreso territorial determinarán una nueva ronda de negociaciones, mientras continúa la misión de alcanzar un consenso sobre su futuro.

Nueva Caledonia es uno de los 17 territorios no autónomos que, según las Naciones Unidas, deben ser descolonizados. Sin embargo, su panorama político, muy dividido, supone un gran obstáculo para alcanzar un acuerdo unánime sobre el futuro del archipiélago de Oceanía, ubicado en el mar del Coral del océano Pacífico, a unos 1400 kilómetros al este de Australia.

Se estima que 41 % de la población de Nueva Caledonia, que ronda los 265 000 habitantes, está compuesta por los canacos, del pueblo indígena melanesio del territorio, la mayoría de los cuales son partidarios de la independencia, y que alrededor de 24 % son europeos, en su mayoría votantes leales al statu quo.

«Nuestro pueblo tiene derecho a ejercer su derecho inalienable a la autodeterminación… mediante un ciclo de diálogos inclusivos abiertos a todos los sectores de nuestra sociedad, incluidos los jóvenes, las mujeres, las autoridades tradicionales y los agentes económicos», dijo el año pasado Pierre Chanel Tein Tutugoro, presidente del partido independentista Unión Caledonia (UC), perteneciente a la coalición  Frente de Liberación Nacional Canaco y Socialista (FLNKS).

Es una opinión que encuentra un amplio eco en todo el movimiento independentista.

«Sea cual sea el resultado [de las elecciones], el Estado debe desempeñar un papel estrictamente neutral, trabajando en pro de la emancipación del pueblo canaco», dijo a IPS Maurice Sitrita, un partidario de la independencia de Numea, la capital neocaledonia, situada en su mayor isla, Grande Terre.

A su juicio, en cualquier acuerdo futuro, «la inclusión de la soberanía canaca en la Constitución francesa no debe ponerse en tela de juicio para que podamos construir el país juntos».

Doriane Nonmoira, de la Unión de Mujeres Francófonas de Oceanía, en Nueva Caledonia, explicó a IPS que actualmente hay cinco candidatas que compiten por escaños en las primarias de las elecciones de fines de mes, entre ellas tres mujeres canacas.

«Las próximas elecciones serán el escenario de una importante transición política para el país», afirmó, haciendo hincapié en que la «descolonización de Francia» es esencial.

Por su parte, el bloque de los «leales a Francia» hace campaña a favor de reforzar la seguridad, la economía y la unidad, al tiempo que defiende su lugar en la República Francesa.

Nueva Caledonia se considera un territorio próspero.

Según el Banco Mundial, su producto interno bruto (PIB) por habitante es de 29 213 dólares, frente a los 6 425 dólares del vecino Estado melanesio de Fiyi, situado a unos 540 kilómetros. Pero en contrapartida hay una profunda desigualdad.

El alto nivel de vida, más visible en la capital, Numea, que concentra dos tercios de los habitantes neocaledonios, se sustenta gracias a una importante financiación anual del gobierno francés, de unos 1700 millones de dólares.

A pesar de los esfuerzos por reducir la brecha de desarrollo, la tasa de pobreza sigue siendo de 30 % más alta en las islas de la Lealtad, donde la población es mayoritariamente canaca, en comparación con la provincia central del Sur.

El último pacto con Francia fue el Acuerdo de Numea, firmado en 1998, tras las protestas de los canacos por el despojo de sus tierras y la privación de sus derechos en la década de 1980. En él se estipulaba el derecho de Nueva Caledonia a celebrar referéndums sobre su futuro.

Además, a raíz de la oposición indígena a la política francesa de fomentar la inmigración europea a las islas con el fin de alterar la composición tradicional de la población, el censo electoral del territorio se restringió exclusivamente a los canacos y a los colonos de larga duración.

Los canacos, además, están ahora mejor representados en la política del territorio.

Entre 2004 y 2014, el número de escaños de los partidarios del estatus actual en el Congreso de Nueva Caledonia —que cuenta con 54 escaños— disminuyó de 36 a 29, mientras que los ocupados por los independentistas aumentaron de 18 a 25.

Además, el actual representante de Nueva Caledonia en la Asamblea Nacional de París, Emmanuel Tjibaou, es un líder canaco independentista procedente de la provincia rural del Norte.

Sin embargo, los tres referéndums sobre la independencia no han dado lugar a una solución política.

La primera votación, celebrada en 2018, se saldó con 57 % de los votos a favor de los leales, seguido de  53 % en el segundo referéndum de 2020. La tercera votación, celebrada en 2021 y boicoteada durante la pandemia por la mayoría de los canacos, registró un abrumador 96,5 % en contra de la independencia, un resultado que el movimiento independentista nunca ha aceptado.

Actualmente, una nueva corriente de activismo en favor de la autodeterminación está impulsada por la generación más joven de canacos.

Estos tuvieron una presencia destacada en las protestas callejeras que estallaron en mayo de 2024 tras el plan del gobierno francés de ampliar el censo electoral territorial para incluir a miles de colonos recientes.

El proyecto de ley de reforma electoral quedó entonces suspendido después de que los disturbios provocaran la pérdida de vidas humanas, la destrucción de viviendas e infraestructuras y el colapso de la economía.

El año pasado, Manuel Valls, ministro de Ultramar de Francia, lideró nuevas conversaciones con ambos bandos políticos para trabajar en un nuevo pacto sobre las relaciones.

El resultado fue el Acuerdo de Bougival, un pacto de concesiones mutuas, firmado el 12 de julio de 2025.

Este ofrecía un «Estado» neocaledonio dentro de la nación más amplia de Francia con una mayor transferencia de competencias, como los asuntos exteriores, aunque Francia conservaría la defensa y la seguridad. Sin embargo, tras nuevas consultas, el partido UC rechazó el acuerdo en agosto siguiente.

«Por lo que a nosotros respecta, Bougival se ha acabado», dijo Mickaël Forrest, vicepresidente de la UC, a los medios locales, alegando que «el documento se percibe como un proyecto de acuerdo para integrar (Nueva Caledonia) en Francia bajo el pretexto de la descolonización».

Francia no está dispuesta a romper los lazos con Nueva Caledonia, que representa un importante activo estratégico en el Pacífico. Amplía la zona económica exclusiva de Francia, proporciona una importante base militar y naval en la región y le permite participar en los foros de liderazgo del Pacífico.

Sin embargo, Pierre-Christophe Pantz, investigador de la Universidad de Nueva Caledonia, dijo a IPS que «el trauma de los acontecimientos de 2024 también ha desempeñado un papel importante (en las negociaciones), ejerciendo una presión sobre los líderes políticos nacionales, que a menudo se ven abocados a buscar una rápida estabilización del sistema político local».

Eso sucede, explicó, en lugar de favorecerse una solución sostenible a largo plazo.

No obstante, añadió que «es dudoso que exista alguna posibilidad de alcanzar un acuerdo que cuente con el apoyo unánime de todas las fuerzas políticas de Nueva Caledonia».

Sin embargo, el fracaso definitivo del Acuerdo de Bougival se produjo en la Asamblea Nacional francesa, cuando, el 2 de abril, partidos de todo el espectro político, expertos jurídicos y el representante de Nueva Caledonia rechazaron el proyecto de ley de reforma constitucional.

En estos momentos se están llevando a cabo los últimos preparativos para las elecciones de este mes, en las que, a pesar de las protestas de hace dos años, habrá un mayor número de votantes.

En mayo, el Consejo Constitucional francés aprobó la ampliación del censo electoral para incluir a 10 500 residentes más, tanto canacos como no canacos, nacidos en Nueva Caledonia después de 1998.

El primer ministro francés, Sébastien Lecornu, afirmó que la reforma era imprescindible para reconocer los derechos democráticos de todas las personas que viven en Nueva Caledonia, ya que el censo restringido actual niega el derecho al voto a 17 % de la población.

La votación «debería contribuir a reorganizar el equilibrio de poder político en Nueva Caledonia», predijo Pantz, para quien «las futuras negociaciones dependerán muy directamente de su peso electoral actualizado, lo que podría reforzar o debilitar determinadas líneas políticas».

Al mismo tiempo, Nonmoira subrayó la necesidad de que las voces de las mujeres, especialmente las de las mujeres canacas, se escuchen en los debates políticos, ya que su ausencia actual conduce a su exclusión del futuro del territorio.

«En un futuro acuerdo, Francia debería comprometerse con la descolonización jurídica e institucional; Nueva Caledonia debería rendir cuentas ante el Cedaw (Comité para la Eliminación de Toda  Discriminación contra la Mujer) y debería quedar claro que la igualdad de género es una palanca esencial para construir un futuro pacífico», dijo.

Añadió que «no habrá descolonización sin justicia de género».

Tras las elecciones, todos los partidos se han comprometido a reanudar las conversaciones con Francia en julio. Sin embargo, estas se desarrollarán en un clima de incertidumbre hasta que se conozca el resultado de las elecciones presidenciales francesas de 2027.

T: MF / ED: EG

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