Los sistemas y políticas alimentarias que socavan la seguridad alimentaria

KUALA LUMPUR – Las compañías agroindustriales transnacionales influyen cada vez más en las políticas alimentarias a nivel mundial. Con el pretexto de ser las más indicadas para abordar los problemas de seguridad alimentaria, buscan obtener mayores beneficios de las innovaciones en la producción, el procesamiento y la distribución de alimentos.
La seguridad alimentaria de la posguerra
Las políticas alimentarias en el Sur global han evolucionado significativamente desde la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), especialmente tras la independencia de las naciones de Asia y África, a menudo tras haber sufrido privaciones alimentarias durante la guerra.
Los primeros años de la posguerra y la era poscolonial vieron un nuevo énfasis en la seguridad alimentaria, especialmente tras la grave escasez de alimentos antes, durante y después de la guerra.

Muchos murieron de hambre mientras millones sufrían desnutrición aguda. La hambruna de Bengala en la India durante la guerra se cobró más de tres millones de vidas, mientras el primer ministro británico, Winston Churchill, daba prioridad a los intereses imperiales británicos y a las prioridades militares.
Tras la Segunda Guerra Mundial, las potencias coloniales utilizaron los suministros alimentarios como arma con fines de contrainsurgencia y control de la población, especialmente para vencer la resistencia antiimperialista popular.
Muchos de los fallecidos no fueron bajas militares, sino víctimas de la privación alimentaria deliberada como parte de la contrainsurgencia. Como era de esperar, los esfuerzos en materia de seguridad alimentaria se convirtieron en una prioridad política popular tras la Segunda Guerra Mundial.
Las organizaciones de investigación controladas por Occidente, incluida la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), adquirieron gran influencia, configurando e incluso desarrollando políticas de seguridad alimentaria poscoloniales.
Revolución Verde
Se crearon instituciones de investigación públicas en los países en desarrollo, muchas de las cuales están afiliadas al Grupo Consultivo para la Investigación Agrícola Internacional (CGIAR).
La Revolución Verde se centró inicialmente en aumentar los rendimientos del trigo, el maíz y el arroz. Estos esfuerzos incrementaron la producción de cereales de forma desigual durante las décadas de 1960 y 1970.

La lógica maltusiana sostenía que el aumento de la esperanza de vida significaba que el crecimiento demográfico superaba el incremento del suministro de alimentos, limitado por la escasez de tierras agrícolas.
A medida que disminuyó la financiación gubernamental de las naciones ricas, los poderosos intereses corporativos y las organizaciones filantrópicas ganaron aún más influencia. A menudo promovían sus propios intereses a expensas de los agricultores, los consumidores y el medio ambiente.
El Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola (Fida) se creó en la década de 1970, destinando una pequeña parte de los ingresos extraordinarios del petróleo al desarrollo alimentario y agrícola.
Poco después, Estados Unidos transformó su programa de la Ley Pública 480 en el Programa Mundial de Alimentos (PMA) de las Naciones Unidas. Así, algunas funciones de la FAO se cedieron a fondos y programas de la ONU controlados por donantes, también establecidos en Roma.
Resulta vergonzoso que un informe de la FAO revelara que se retuvieron los suministros alimentarios del PMA destinados a Somalia para evitar que cayeran en manos de la milicia «islamista» Al Shabaab. Chatham House también estimó que esto provocó entre 200 y t300 000 muertes.
Neoliberalismo
La contrarrevolución contra los esfuerzos de desarrollo nacional en la década de 1980 socavó las capacidades fiscales de los gobiernos, la industrialización de sustitución de importaciones y los esfuerzos en materia de seguridad alimentaria.
Se impusieron políticas neoliberales de ajuste estructural que implicaban la liberalización económica a los países en desarrollo altamente endeudados, principalmente en América Latina y el África subsahariana.
El Norte global promovió la liberalización del comercio, socavando la protección y el apoyo anteriores a la producción alimentaria e industrial.
Poderosos conglomerados alimentarios patrocinaron y promovieron indicadores de seguridad alimentaria favorables a las importaciones, socavando la investigación y los esfuerzos de defensa de la FAO y otros actores de la sociedad civil.
Países que apenas producían alimentos ocupaban puestos altos en la clasificación, mientras que las organizaciones de la sociedad civil intentaban contrarrestar esto con sus propios indicadores, centrados principalmente en la soberanía alimentaria.
Trump 2.0
Ha comenzado una nueva fase con la reelección de Donald Trump como presidente de Estados Unidos, tras haber gobernado el país ya entre 2017 y 2021.
La instrumentalización de las políticas y acuerdos económicos por parte del llamado Trump 2.0, incluido el suministro de alimentos, tiene implicaciones inquietantes para los países que intentan afirmar cierta independencia.
Las amenazas económicas y militares se han utilizado con diversos fines, incluidos objetivos económicos, políticos y otros «estratégicos».
Los aranceles y las sanciones forman ahora parte de un variado arsenal de armas de este tipo desplegadas con diversos fines.
Se ha llegado incluso a amenazar a gobiernos con aranceles y sanciones por motivos personales. Trump ha exigido la libertad del expresidente brasileño Jair Bolsonaro tras su fallido golpe de Estado tras perder las últimas elecciones presidenciales.
El despliegue de estas armas económicas ha agravado la creciente estanflación económica mundial, ya que diversas amenazas de las políticas económicas y militares de Trump exacerban las presiones contractivas e inflacionistas.
El PMA, controlado por Estados Unidos, se utilizó durante mucho tiempo para proporcionar ayuda alimentaria de forma selectiva. Pero en Washington queda poca simpatía por las preocupaciones de seguridad alimentaria de otras naciones.
Para recortar el gasto del gobierno federal, Trump ha puesto fin a la ayuda oficial al desarrollo y a la asistencia humanitaria, incluida la ayuda alimentaria, mientras que Estados Unidos sigue siendo el principal exportador mundial de alimentos.
No obstante, Trump podría tomar nuevas medidas inesperadas para impulsar los ingresos de los agricultores y recuperar el apoyo electoral antes de las elecciones de mitad de mandato de noviembre.
La instrumentalización de la ayuda alimentaria dio un giro ominoso durante el asedio israelí de la Franja de Gaza, al calibrar el acceso a los alimentos para permitir una limpieza étnica selectiva.
La Fundación Humanitaria de Gaza atrajo a residentes hambrientos a sus centros de distribución de alimentos, lo que provocó que familias hambrientas que buscaban comida desesperadamente recibieran disparos mientras la buscaban.
La pobreza se define principalmente por el acceso inadecuado a los alimentos, mientras que la FAO considera que los ingresos son el principal determinante de la inseguridad alimentaria.
Aunque los indicadores de pobreza del Banco Mundial han seguido disminuyendo en general, los indicadores de la FAO sugieren un retroceso en los avances anteriores en materia de seguridad alimentaria durante la última década.
Estas tendencias contradictorias no solo reflejan problemas a la hora de estimar y comprender la pobreza y la seguridad alimentaria, sino que también sugieren que las políticas resultantes están mal fundamentadas, si no peor.
T: MF / ED: EG
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