Crisis energética por el cierre de Ormuz deja lecciones a América Latina

LEIPZIG, Alemania – La crisis derivada del cierre del estrecho de Ormuz, en Irán, no figuró en la agenda oficial del 20 Foro Internacional de Transporte (ITF, en inglés), clausurado este viernes 8 en Leipzig, una ciudad del este de Alemania, pero estuvo en la mente y las palabras de los asistentes y de ellos brotaron conceptos como “resiliencia” y “disrupción”.
La crisis, derivada del ataque de Estados Unidos e Israel contra Irán el 28 de febrero y la guerra abierta desde entonces, deja lecciones para América Latina que se resumen en el acotamiento de la dependencia de combustibles fósiles, especialmente en el transporte.
“Tenemos que continuar con la disminución de la dependencia, enfocados en el transporte sostenible, para que el shock energético no afecte la economía. La crisis amenaza la diversificación de la matriz energética, tenemos que ver alternativas”, dijo a IPS Milton Morrison, director del gubernamental Instituto Nacional de Tránsito y Transporte de República Dominicana, presente en la cumbre del intergubernamental ITF.
Por el estrecho de Ormuz pasa una quinta parte de los 100 millones de barriles de petróleo que el planeta quema a diario, 20 % del gas fósil licuado y un tercio de los fertilizantes. Además, circula por la zona un volumen considerable de carga en contenedores, químicos, aluminio y grafito sintético.
“Tenemos que continuar con la disminución de la dependencia, enfocados en el transporte sostenible, para que el shock energético no afecte la economía. La crisis amenaza la diversificación de la matriz energética, tenemos que ver alternativas”: Milton Morrison.
Como consecuencia, el precio del barril (de 159 litros) de petróleo trepó a más de 100 dólares. Además, los ataques iraníes a sus vecinos dañaron la infraestructura que coartó la obtención de gas, redujo la oferta mundial y tensó la disputa por la molécula.
Las limitaciones varían según la mercancía. Mientras el petróleo tiene algunos atajos y opciones de liberación de inventarios y los contenedores pueden ser redirigidos hacia otras rutas, el gas licuado y varias cadenas de fertilizantes cuentan con pocas alternativas.
Desde comienzos de marzo, el paso marítimo a través del estrecho ha caído 95 %.
Un análisis de ITF al que tuvo acceso IPS subraya que el cierre del estrecho por Irán es “un shock sistémico del transporte y no solo una crisis energética. Afecta volúmenes de carga, tiempo de traslado, costos logísticos, selección de rutas, operaciones portuarias y la exposición comercial de exportaciones e importaciones regionales”.
La crisis, prosigue el documento, refuerza varios temas de resiliencia ya subrayados por organizaciones internacionales: concentración de cuellos de botella, amortiguadores limitados para mercancías no energéticas, redundancia desigual a lo largo de cadenas de producción de bienes y la importancia de probar los sistemas de transporte frente a choques graves.
“Una falla en puntos críticos reduce la productividad en un sitio, pero obliga también a transportistas, puertos, dueños de carga, proveedores logísticos y gobiernos a reorganizar los flujos en las cadenas que ya estaban bajo un delicado equilibrio”, cita el análisis.
En consecuencia, los tiempos de viaje se alargan, los calendarios comerciales se vuelven menos confiables, las conexiones terrestres deben absorber tráfico nuevo y la exposición comercial cambia del mar al almacenamiento, transporte en camiones, aduanas y esquemas de seguros.
La Comisión Económica de Naciones Unidas para Europa identificó que el bloqueo incrementó el transporte terrestre, lo que tiene repercusiones ambientales, logísticas, de seguridad y sanitarias.
Bajo el lema “Financiando transporte resiliente”, el foro de ITF escenificado del 6 al 8 de mayo en el Centro de Convenciones de Leipzig, bajo la presidencia de Azerbaiyán y brazo de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), dirigió sus debates al financiamiento de transporte resiliente, su justificación, cómo aumentarlo y sus beneficios.
La cumbre de Leipzig, que congregó a unos 1200 representantes gubernamentales, de organismos internacionales, organizaciones de la sociedad civil y empresas, derivó en dos recomendaciones de política pública sobre la digitalización de la conectividad del transporte internacional de carga y el desarrollo del transporte urbano.
En el primer caso, plantea 16 sugerencias voluntarias, entre ellas diseñar una estrategia de digitalización de la conectividad internacional, explorar iniciativas de digitalización, establecer marcos legales e institucionales para la documentación digital del transporte, así como formular estándares de seguridad y facilitar su aplicación.
El segundo consiste en 15 propuestas, como explorar opciones eficaces de financiamiento de infraestructura de transporte público, facilitar el financiamiento predecible de largo plazo para el transporte y acceso virtual al trabajo, educación, cuidado y servicios públicos, así como activar mecanismos eficaces de coordinación metropolitana.
Azerbaiyán pasará este miso mes a Turquía la presidencia del ITF, que aglutina a 72 países –entre ellos, nueve latinoamericanos con la reciente incorporación de Panamá y Perú–, y entre cuyos socios corporativos figuran la petrolera Aramco (Arabia Saudí), la británica BP, la ahora británica y antes neerlandesa Shell y la estadounidense ExxonMobil.

Cuidados intensivos
Beatriz Mella, subdirectora del Centro Avanzado de Transporte, Logística y Competitividad Económica, adscrito a la privada Pontificia Universidad Católica de Chile, coincidió también en la moderación de la dependencia fósil.
Pero alertó a IPS: “Hay una contradicción. Hablamos de electrificar la movilidad, pero dependemos de un sistema vulnerable. La resiliencia es clave. Las ciudades no están preparadas”.
Su preocupación surge del apagón masivo que sufrió Chile en 2025, a causa de la desconexión no programada de una línea de transmisión en el norte del país, e interrumpió el transporte público, servicios sanitarios y de telecomunicaciones, lo que evidenció falta de soporte.
La crisis de Ormuz, la peor suscitada en la época moderna, amenaza a naciones latinoamericanas importadoras de gas y petróleo, como las centroamericanas, Chile y los países insulares caribeños.
Los gobiernos respondieron rápidamente al aplicar una variedad de instrumentos de política para reducir las presiones sobre los sistemas energéticos.
Muchos gobiernos intervinieron directamente sobre los hábitos de transporte para disminuir la demanda energética y mejorar la eficiencia del transporte. Las medidas financieras y fiscales fueron utilizadas ampliamente para atenuar los efectos socioeconómicos de la subida de precio de los combustibles
Donde la escasez se volvió aguda, los gobiernos introdujeron controles de acceso para gestionar la oferta limitada de combustible.
Un análisis del 6 de mayo de la Agencia Internacional de Energía (AIE), que asesora a grandes consumidores de hidrocarburos y con sede en París, enlista acciones que siete países latinoamericanos adoptaron.
Por ejemplo, el gobierno argentino avaló un mayor nivel de etanol de caña de azúcar y maíz en la mezcla de gasolina y retrasó un aumento de impuestos a los combustibles.
Brasil, por su parte, subsidia el combustible para productores e importadores y redujo el gravamen al diésel.
Por su lado, Chile estableció el congelamiento de tarifas de transporte durante 2026, congeló los precios del keroseno y da apoyos para la sustitución de taxis convencionales por unidades eléctricas.
Mientras el gobierno mexicano firmó un acuerdo con gasolineras para poner tope a los precios, República Dominicana impuso un tope a las cotizaciones del gas licuado de petróleo y acrecentó los subsidios a la gasolina.

El foro de ITF se produce poco después de la Declaración Ministerial por un Esfuerzo Global en Transporte, lanzada por 11 naciones -entre ellas Brasil, Chile, Colombia, Honduras y República Dominicana-, durante la 30 Conferencia de las Partes sobre cambio climático, celebrada en la ciudad brasileña de Belém do Pará, en noviembre.
Sus metas globales consisten en la reducción de 25 % de la demanda energética del transporte y el logro de la generación de 33 % de energías renovables y biocombustibles sostenibles en 2035.
De hecho, tal declaración surgió durante la presidencia chilena de ITF en 2024, pero no obtuvo el consenso para desembocar en una recomendación política.
Además, confluye también con la Década de Naciones Unidas sobre Transporte Sostenible 2026-2035, adoptada por la Asamblea General del organismo en 2023.
Esa Década abarca 11 áreas prioritarias, entre ellas garantizar el acceso a transporte sostenible para todos, promover sistemas ambientalmente adecuados de transporte de cero o bajas emisiones y resiliente, estructurar la movilidad urbana centrada en las personas y ciudades habitables y garantizar financiamiento adecuado y más eficaz.
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El transporte es el segundo emisor de gases de efecto invernadero en el mundo, solo detrás de la generación y consumo de electricidad, por lo que su transición hacia modos más limpios y descarbonizados es un asunto apremiante para que el mundo avance en la transición energética.
Sin embargo, en los debates de ITF se olvidaron de la conferencia celebrada a fines de abril en la ciudad colombiana de Santa Marta, enfocada en el abandono progresivo de los fósiles, que abarca forzosamente al transporte, y que planteó pasos hacia la reducción en el uso de carbón, gas y petróleo.
Con las crisis, especialmente la actual de Ormuz, “más y más gente entiende la importancia del transporte y empieza a pensar diferente”, especialmente su transición hacia modos menos contaminantes, dijo este viernes 8 el secretario general de ITF, el surcoreano Young Tae Kim, durante una sesión con medios participantes en el Foro, en el marco del cierre de la cumbre.
Subrayó que la crisis de Ormuz para el transporte marítimo mundial demuestra la importancia de fortalecer la resiliencia en los sistemas de transporte y que los países tienen que invertir en ella.
“La recuperación dependerá no solo de la reapertura del estrecho, sino también de factores como seguros, desminado, el reposicionamiento de barcos, la descongestión de puertos y el reinicio de instalaciones energéticas y logísticas dañadas. En consecuencia, la normalización comercial probablemente se rezague de cualquier cese al fuego formal”, anticipa el análisis de ITF al que accedió IPS.
ED: EG
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