7 marzo 2026
Para las niñas del Cinturón Tribal de Pakistán, el deporte tiene un costo
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KARACHI, Pakistán – “Me alegró mucho ver cómo Aina Wazir jugaba al críquet”, dice Noorena Shams, de 28 años y jugadora profesional de squash, al ver el video de la niña de siete años. El video, que se viralizó rápidamente en redes sociales, generó elogios generalizados por el extraordinario talento de la pequeña.

Pero lo que sucedió fue como revivir su pasado.

“Fue como verme a mí misma de joven”, dijo Shams, quien pertenece a Dir, en Jaiber Pastunjuá, la provincia paquistaní fronteriza con Afganistán, cerca de donde vive Aina en Waziristán del Norte. Ambas forman parte de la región tribal de Pakistán.

“Aina, como yo, no tiene un padre que luche por ella”, dijo en voz baja.

El video también llamó la atención de Javed Afridi, director ejecutivo de Peshawar Zalmi, quien expresó su interés en incorporar a Aina a la próxima Liga Femenina Zalmi. En una publicación en X, le solicitó sus datos de contacto y le prometió equipo de críquet e instalaciones de entrenamiento.

“Nunca imaginamos que el video generaría tanta atención”, dijo su prima, quien pidió el anonimato, en declaraciones telefónicas a IPS desde Shiga Zalwel Khel, una aldea en la frontera entre Pakistán y Afganistán, en Waziristán del Norte. “Estábamos muy contentos; significaba nuevas oportunidades y un futuro mejor para ella”, añadió.

Pero la alegría duró poco.

Atrapados entre la militancia y el ejército

El video llamó también la atención de las milicias locales.

Indignados por la exhibición pública de una niña practicando deporte, los militantes secuestraron a Zafran Wazir, un profesor local que había filmado y subido el video con el consentimiento de la familia, y lo obligaron a disculparse públicamente por violar los valores islámicos y las tradiciones pastunes. Se ha informado de que fue torturado.

Los militantes advirtieron a la familia que Aina no puede salir del pueblo y que la niña no debe aceptar ofertas de nadie. «Dijeron que puede jugar al críquet», dijo su primo, «pero que no debería haber videos».

“La gente común de la región se encuentra entre la espada y la pared, atrapada entre los grupos militantes y las continuas operaciones armadas del ejército pakistaní”, declaró Razia Mehsood, de 36 años, periodista de Waziristán del Sur.

“Los talibanes no toleran la disidencia, y nuestra región, antes pacífica, ahora está marcada por minas terrestres y cuadricópteros y drones que sobrevuelan. La gente vive bajo una tensión psicológica constante”, añadió.

Desafiando obstáculos

“Espero que [Aina] pueda irse de aquí”, declaró Maria Toorpakai, de 35 años, la primera mujer tribal pakistaní que participó en torneos internacionales de squash, convirtiéndose en profesional en 2007.

“Siempre que hay una chica con talento, hay que hacer todo lo posible para sacarla de ese ambiente tóxico, incluso si eso supone un gran sacrificio para la familia”, dijo esta mujer, oriunda del vecino Waziristán del Sur, pero habló con IPS desde Toronto, donde reside actualmente.

Tanto Toorpakai como Shams tuvieron que abandonar sus hogares para escapar del escrutinio implacable. Al pertenecer a una región conservadora y patriarcal, tuvieron que disfrazarse de chicos para practicar deportes.

Toorpakai se cortó el pelo, se vistió como un chico y se rebautizó como «Genghis Khan» para participar en deportes competitivos.

A Shams, por su parte, se le permitió, con reticencias, jugar al bádminton porque se consideraba «más apropiado para mujeres jóvenes».

A pesar del apoyo de sus padres, vio a los chicos jugar en el único club de críquet de Dir, fundado por su padre.

Pero su camino no es el único lleno de obstáculos debido a una mentalidad patriarcal y un rígido contexto tribal donde la propia visibilidad de las mujeres se ve cuestionada.

«La mayor tragedia es que las voces de las mujeres son silenciadas y excluidas de la representación, mientras persisten tradiciones disfrazadas de religión, vinculando el honor y el deshonor a las mujeres», dijo Mehsood. Tanto Toorpakai como Shams lo saben muy bien. Sus familias se enfrentaron a constantes reprimendas sociales y acusaciones de deshonrar a sus pueblos y tribus, todo por practicar un deporte.

Pero ellas no están solas.

Atletas como Sadia Gul (ex número uno de Pakistán en squash), Tameen Khan (quien en 2022 fue la velocista más rápida de Pakistán) y Salma Faiz (jugadora de críquet) se mudaron de distritos como Bannu, D.I. Khan y Karak a Peshawar, la capital provincial, no solo en busca de mejores oportunidades, sino también para escapar del escrutinio constante.

«Si tienes la suerte de que tu abuelo, padre o hermano no frene tus sueños, serán tus tíos», dijo Salma Faiz, la única mujer entre seis hermanos.

«Y si no son ellos, los vecinos empezarán a contar los minutos que tardas en llegar a casa. Se preguntarán por qué entrenas con entrenadores hombres, quién ve tus partidos e incluso qué llevas debajo del chador. Y si aún así no son ellos, entonces los aldeanos murmurarán a tus espaldas o irán a tu puerta, convenciendo a tus padres de que las niñas no deberían practicar deportes», añadió.

Faiz soportó la oposición de su hermano mayor, pero nunca abandonó el críquet. Finalmente, fue seleccionada para la selección nacional femenina de críquet.

«Aina tiene la suerte de recibir un aplauso tan abrumador», dijo Faiz, quien ahora tiene 40 años y vive en Peshawar, donde trabaja como profesora de salud y educación física en la Universidad Femenina Shaheed Benazir Bhutto.

«Insto a sus padres a que no se dejen llevar por la presión social; deberían apoyarla y animarla. Tiene un talento extraordinario; he visto cómo juega», señaló Faiz.

Noorena Shams, jugadora profesional de squash, ha mostrado su apoyo a Aina Wazir. Imagen: Cortesía de: Noorena Shams

Espacios seguros para mujeres deportistas

Cada una de estas mujeres está creando maneras para que sus compañeras más jóvenes accedan a las oportunidades que ellas no tuvieron.

Faiz ha abierto su hogar a niñas de regiones tribales que buscan deporte. Cuando se acaban las plazas, les organiza alojamiento en un albergue para asegurar que tengan la oportunidad de aprovechar oportunidades que probablemente nunca llegarían a su aldea.

Toorpakai, a través de la Fundación Maria Toorpakai, ha construido a lo largo de los años una sólida red que ofrece espacios seguros a las jóvenes deportistas de su región.

Pero ahora quiere ir más allá de la ayuda temporal. Su visión de construir una escuela deportiva Toorpakai de última generación, una instalación residencial donde chicas como Aina Wazir puedan entrenar en serio, estudiar adecuadamente y vivir sin miedo, sigue siendo un sueño.

«Todo lo que quiero del Estado son seis acres de tierra cerca de Islamabad», afirma. «Lo suficientemente lejos de la hostilidad tribal, pero accesible para las niñas de todo Pakistán y los entrenadores internacionales que pretendo atraer. Yo me encargo del resto. Puedo recaudar fondos», dijo.

Durante más de dos años, su propuesta ha estado paralizada por la burocracia. «Eso lo dice todo», afirmó. «El Estado simplemente no está interesado», resumió.

Shams, al igual que Toorpakai, dirige la Fundación Noorena Shams, que actualmente apoya a cuatro atletas femeninas proporcionándoles una asignación mensual para su entrenamiento, transporte y alquiler. Pero si alguien más necesita equipamiento, matrícula o alquiler, su fundación puede satisfacer esas necesidades. Incluso ayudó a construir dos campos de críquet para la universidad de Faiz.

Como primera mujer deportista elegida para formar parte de los comités ejecutivos de la Asociación Provincial de Squash, el Comité de Gestión Deportiva, la Asociación Olímpica y la Federación Pakistaní de Ciclismo, ha defendido a los jóvenes deportistas, especialmente a las mujeres, asegurándose de que se escuchen sus preocupaciones.

«Sigo planteando cuestiones relacionadas con la salud mental y física de los deportistas, la necesidad de contar con entrenadores de nivel internacional, la seguridad y el acoso al que se enfrentan las mujeres, y la importancia de integrar los deportes de competición en los planes de estudios escolares», dijo.

Usar la religión para aplastar los sueños

Las redes sociales pueden haber proporcionado a Aina Wazir una plataforma para mostrar su talento, pero también la han expuesto a la hostilidad.

«No estamos en contra de que una niña juegue al críquet», dijo Mufti Ijaz Ahmed, de 27 años, un erudito religioso de Waziristán del Sur.

«Pero debe dejar de hacerlo cuando se convierta en mujer. Va en contra de nuestras tradiciones que las mujeres corran en pantalones y camisetas en público. Es vulgar. Si se permite a Aina hacer esto, todas las niñas querrán seguir su ejemplo, y eso es algo que no podemos aceptar», sentenció.

Y añadió: «El eslogan mera jism, meri marzi (mi cuerpo, mi elección) no funcionará aquí», en referencia a un lema popular que corean las mujeres desde el Día Internacional de la Mujer, el 8 de Marzo, de 2018 y que ha sido muy criticado por los líderes religiosos por ser una rebelión contra los valores culturales y el islam.

«¿Quién es él para declarar que Aina no puede jugar?», replicó indignada Maria Toorpakai, que también forma parte de la Comisión de Mujeres en el Deporte del Comité Olímpico Internacional (COI). «Cada vez que una niña coge un bate o una pelota, se dice que el islam está en peligro», añadió.

Toorpakai dijo que «los respetaría si se enfrentaran y condenaran los verdaderos males de mi región: el abuso de drogas, el matrimonio infantil, el bacha bazi (la explotación de adolescentes varones obligados a travestirse, bailar y sufrir abusos sexuales) y la propagación del VIH y el sida».

«En cambio, se obsesionan con ideas distorsionadas de honor y deshonra. No entienden ni el mundo en el que vivimos ni la verdadera esencia del islam. Además, no han hecho nada por nuestro pueblo», criticó.

Responsabilidad nacional

En última instancia, argumentó, la responsabilidad recae en el Estado. No puede permitirse mirar hacia otro lado mientras la intimidación silencia a las jóvenes con talento y ambición. No solo es una tragedia personal, sino también una pérdida nacional cuando el talento de las aldeas remotas se ve sofocado antes de que pueda salir a la luz.

E insistió en que «es deber del gobierno actuar con firmeza contra estos elementos» «Y si no puede proteger a sus hijas, entonces debe preguntarse por qué está en el poder», concluyó.

T: MLM / ED: EG

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