Pilar Lobato y la historia de una pasión que cambió su vida: «Encontré en las joyas algo que me hacía sentir viva»

MADRID, 31 Oct. –
Hay pasiones que sin darte cuenta terminan convirtiéndose en tu vida. Es el caso de Pilar Lobato, fundadora de Joyas Antiguas Sardinero, quien pronto descubrió que la fascinación que sentía por la belleza de las joyas era solo la punta del iceberg. CHANCE ha hablado en exclusiva con ella con motivo del 25º aniversario de la marca este mes de octubre y nos ha adentrado en profundidad en su maravilloso mundo.
«Lo que me atraía realmente era todo lo que había detrás de las joyas: sus historias, las manos que las habían creado y las emociones que habían acompañado cada pieza», recuerda Pilar al hablar de sus comienzos. Con el deseo de convertir su pasión en una forma de vida, decidió emprender su propio camino y, a base de esfuerzo, honestidad y respeto, fue dando forma a ‘Joyas Antiguas Sardinero’, un proyecto que este mes de octubre celebra 25 años dedicados a preservar la belleza y la historia de las joyas antiguas.
Dejó a un lado la carrera de derecho porque encontró en las joyas «algo que me hacía sentir viva, que despertaba mi sensibilidad y que me permitía construir un proyecto propio». Un camino «menos previsible, pero mucho más mío» que, después de 25 años reconoce como una de las decisiones más importantes de su vida. «No sé qué habría sido de aquella Pilar que hubiera seguido el camino más convencional, pero sí que sé la que apostó por su pasión ha construido algo de lo que se siente profundamente orgullosa», asegura.
Su trabajo no consiste en vender joyas, sino en «encontrar piezas que emocionen, que tengan sentido para quien las lleva y que puedan seguir contando historias durante muchos años». Y ahí encuentra la grandeza de su profesión: «Una pieza tiene un valor sentimental que supera con creces su valor material porque guarda recuerdos que no se pueden comprar ni sustituir». Encontrarlas es un tesoro, pero la verdadera experiencia comienza cuando llega a sus manos.
«Intento mirar más allá de los diamantes, del oro o de su diseño», nos explica. A Pilar le interesa comprender «qué la hace especial, qué historia puede contar y por qué merece seguir formando parte de la vida de alguien». Y cuando encuentra a la persona adecuada para ella siente que está «contribuyendo a que esa historia continúe». Ahí es cuando se completa la experiencia, ya que no trabajas solamente con joyas, sino con recuerdos, sentimientos y vínculos familiares.
Todas las piezas que han pasado por sus manos son especiales, pero Lobato recuerda con cariño el reloj-broche de Van Cleef de los años 40, que se subastó en Mónaco y que actualmente está expuesto en París. «Encontrar una pieza tan destacada y saber que ha pasado a formar parte de una colección como la de Van Cleef es, sin duda, un motivo de orgullo», explica.
El joyero personal de Pilar Lobato está cargado de joyas con simbolismo. No tanto por «las más caras o las más grandes» sino por aquellas que «me han emocionado, me han transmitido algo especial o en las que encuentro una combinación extraordinaria de orfebrería y calidad de las gemas». Y si le preguntamos por alguna que no se canse de lucir, nos confiesa que «una sortija que siempre saco en verano», caracterizada por un gran zafiro en formato cabujón, turquesas naturales de origen persa y diamantes, distribuidos en forma de roseta.
Lobato siente que estamos ante un momento «precioso» en el mundo de la joyería porque «están recuperando protagonismo muchas tendencias que para mí nunca han dejado de tener valor». El oro amarillo, los broches antiguos, las piezas Art Déco y las joyas de lo años 50, 60 y 80, vuelven con más fuerza que nunca, al igual que las piezas con carácter, diseños más contundentes y las piedras de color.
Pilar se declara fan del regreso del broche, una joya que durante un tiempo parecía estar reservada a generaciones anteriores y que ahora vuelve a lucirse «de una forme mucho más actual, tanto en bodas como en el día a día». Es un ejemplo de piezas que no deberían pasar de moda nunca, como los pendientes de diamantes, una rivière, unas perlas bonitas, un anillo con carácter o una joya antigua bien elegida porque «la elegancia, la calidad y la autenticidad» no entienden de tiempos.
Ideales que se defienden desde Joyas Antiguas Sardinero: «Una joya no tiene que ser nueva para sentirse actual, a veces, las piezas más especiales son aquellas que hay han vivido una historia y están preparadas para formar parte de otra» porque «las tendencias cambian, pero una joya con belleza, calidad y significado permanece», confiesa la fundadora.
Una joya antigua puede ser la pieza que transforme un estilismo contemporáneo y le de un carácter único, por eso el principal consejo que nos da Pilar es «no tener miedo a mezclar». Por ejemplo, podemos optar po un broche antiguo sobre una americana masculina, una chaqueta minimalista o incluso un bolso; como también unos pendientes de diamantes de los años 80 con un vestido negro muy sencillo.
Jugar con los contrastes es otro de los tips que podemos seguir: «Una joya con mucho carácter puede quedar maravillosa con unos vaqueros, una camisa blanca o un conjunto muy depurado». Tampoco es necesario que «todas las joyas combinen entre sí de forma perfecta, podemos mezclar épocas, texturas e incluso oro amarillo con oro blanco, siempre que exista una armonía y el resultado tenga sentido», explica.
Eso sí, el mayor consejo que nos da Lobato es «hacer la joya propia» como «llevar un broche en un lugar inesperado, recuperar unos pendientes familiares o combinar un anillo antiguo con ropa muy moderna». Pequeños gestos que pueden cambiar por completo el resultado porque para ella la elegancia no consiste en seguir todas las reglas, sino «en saber elegir».
Y… ahora bien, ¿qué deberíamos tener en cuenta antes de comprar una joya antigua? En primer lugar, Pilar aconseja ponerse en buenas manos, acudir a un profesional con experiencia «que conozca las piezas que vende y pueda explicar sus características, materiales, su estado de conservación y, cuando se conozca, su procedencia». A partir de ahí, es imprescindible que la compra esté «documentada con una factura en la que se describa correctamente la joya y, cuando corresponda, con su certificado gemológico o informe de autenticidad».
Además, también hay que «valorar la calidad de los materiales, el estado de conservación, la autenticidad de las piedras y que el precio sea coherente con sus características» y, un detalle a tener en cuenta: «Desconfiar de las promesas de revalorización garantizada, ya que una joya puede conservar o aumentar su valor, pero nunca debemos darlo por hecho», asegura.
Eso sí, Pilar pone en valor la relación entre el joyero y el cliente. «Comprar una joya es algo muy personal, muchas veces ligado a una emoción, a un recuerdo o a una decisión importante y el cliente tiene que sentirse escuchado, bien asesorado y seguro de su elección», añade. En Joyas Antiguas Sardinero esa confianza no se consigue con una venta, sino «con honestidad, conocimiento y discreción a lo largo del tiempo». Porque una joya puede pasar de unas manos a otras durante generaciones, pero la confianza que depositas en quien te la vende es algo que también debe perdurar.
CL11
