8 octubre 2026

La advertencia de un experto sobre las «inyecciones para adelgazar»: «Es una herramienta, no el tratamiento completo»

La advertencia de un experto sobre las "inyecciones para adelgazar": "Es una herramienta, no el tratamiento completo"
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   MADRID, 8 Oct. –

Que perder peso esté asociado a comer menos y hacer más ejercicio es un pensamiento que habita en pocas personas ya. Hoy en día, sabemos que el sobrepeso y la obesidad son condiciones en las que intervienen múltiples factores, desde la genética y el metabolismo hasta el entorno, los hábitos o la actividad física. Nuestra relación con la comida se aleja también de una cuestión puramente estética para entenderse como un problema médico que requiere un abordaje profundo.

En paralelo, la llegada de una nueva generación de medicamentos para tratar la obesidad, como los conocidos fármacos que actúan sobre el GLP-1, ha puesto el foco en los tratamientos médicos para perder peso y ha abierto un debate lleno de preguntas: ¿Para quién están realmente indicados?, ¿qué papel deben jugar los hábitos y el ejercicio durante el tratamiento?, ¿cómo se protege la masa muscular?, ¿es posible mantener los resultados una vez que se reduce o se abandona la medicación? y, sobre todo, ¿por qué algunas personas recuperan una y otra vez el peso perdido? Preguntas a las que ahora tenemos respuestas gracias al Dr. Alberto Aliaga Verdugo, endocrino experto en obseidad y director médico de BALANCE.

CHANCE: Durante años hemos asociado la pérdida de peso con comer menos y hacer más ejercicio. ¿Qué hemos entendido mal durante todo este tiempo sobre el sobrepeso y la obesidad?

Dr. Alberto Aliaga Verdugo: Hemos entendido mal que la obesidad no es algo tan simple y que la idea de «come menos y muévete más» tiene sentido desde la física o las matemáticas, pero el cuerpo humano no responde del mismo modo. El peso no depende solo de la fuerza de voluntad de la persona para equilibrar ese balance energético, si no que está regulado por un sistema biológico muy sofisticado en el que intervienen el cerebro, el tejido adiposo, el intestino y un conjunto de hormonas que controlan el hambre, la saciedad y el gasto de energía.

Cuando una persona reduce drásticamente su peso, el cuerpo no lo interpreta como un propósito saludable, sino como una amenaza: aumenta el apetito, disminuye la sensación de saciedad y gasta menos energía. Esto se conoce respuesta adaptativa y dificulta que las dietas restrictivas funcionen a corto plazo, pero fracasen a medio y largo plazo en la mayoría de los casos.

El gran error ha sido responsabilizar al paciente de algo que, en buena medida, es biología, y tratar con consejos genéricos una enfermedad crónica que necesita un abordaje médico.

CH: ¿En qué momento hemos empezado a dejar de hablar de obesidad como una cuestión estética para entenderla como lo que es: una enfermedad en la que hay múltiples factores implicados?

Alberto Aliaga Verdugo: Es un cambio progresivo. Desde hace décadas la Organización Mundial de la Salud y otras muchas sociedades científicas, como EASO a nivel europeo y SEEDO en España, ya reconocieron formalmente la obesidad como enfermedad crónica, compleja y recidivante.

Pero el verdadero punto de inflexión social ha llegado en los últimos años, cuando fármacos eficaces han demostrado que actuando sobre la biología del apetito el peso cambia. Eso ha hecho visible algo que los especialistas sabíamos desde hace tiempo: no hablamos de estética ni de falta de disciplina, sino de una enfermedad que se asocia a diabetes tipo 2, enfermedad cardiovascular, hígado graso, apnea del sueño, artrosis, varios tipos de cáncer, y que reduce la esperanza de vida. A pesar todo, el estigma sigue estando muy presente, incluso en el ámbito sanitario, por lo que aún queda mucho por hacer.

CH: La genética, el metabolismo, el entorno, los hábitos y la relación con la comida pueden influir en el peso. ¿Hasta qué punto estos factores explican que algunas personas tengan muchas más dificultades para perder peso o mantenerlo que otras?

Alberto Aliaga Verdugo: Lo explican en gran medida. No se trata de un «gen de la obesidad», sino de cientos de variantes que influyen sobre todo en el cerebro, determinando cuánta hambre tenemos, cuándo nos sentimos saciados o cuánto nos atrae la comida muy palatable o los dulces.

Sobre esa predisposición actúa el entorno: comida ultraprocesada barata y omnipresente, sedentarismo, falta de sueño, estrés, determinados fármacos o cambios hormonales como la menopausia. Y, además, la relación emocional con la comida, que en muchas personas funciona como regulador del estado de ánimo.

El resultado es que dos personas con los mismos hábitos pueden tener pesos muy distintos, y que a unas les cueste más perder peso y, sobre todo, mantenerlo. Entenderlo nos ayuda a cambiar el enfoque clínico, evitando juzgar y permitiendo evaluar a cada persona de forma individual para ajustar el tratamiento a su perfil.

CH: La llegada de los fármacos que actúan sobre el GLP-1, como Ozempic o Wegovy, ha cambiado por completo la conversación sobre la obesidad. ¿Estamos ante un cambio de paradigma en su tratamiento o existe todavía una visión demasiado simplista de estos medicamentos?

Alberto Aliaga Verdugo: Sí, es un cambio de paradigma, y los datos lo avalan. Con semaglutida 2,4 mg (Wegovy®️) los ensayos clínicos muestran pérdidas medias de alrededor del 15 % del peso corporal, y con Tirzepatida (Mounjaro®️), que actúa sobre GLP-1 y GIP, se superan el 20 % en las dosis altas. Además, el estudio SELECT demostró que semaglutida reduce en torno a un 20 % los eventos cardiovasculares graves en personas con obesidad y enfermedad cardiovascular. Por primera vez tenemos fármacos que tratan la obesidad y protegen frente a sus complicaciones.

Esto no quita que se haya generado una visión demasiado simplista. Se habla de ellos como las “inyecciones para adelgazar” cuando son tratamientos para una enfermedad crónica, que requieren indicación médica, ajuste de dosis, manejo de efectos secundarios y un abordaje integral del estilo de vida desde el punto de vista nutricional, de ejercicio físico y de apoyo emocional. El paradigma ha cambiado, pero el fármaco es una herramienta, no el tratamiento completo.

CH: ¿Qué papel deberían tener los fármacos para la obesidad dentro de un tratamiento integral? ¿Qué riesgos existen cuando se utilizan como una solución aislada y no se acompañan de cambios en alimentación, ejercicio y hábitos?

Alberto Aliaga Verdugo: Deberían ocupar el lugar que ocupan en cualquier otra enfermedad crónica: una herramienta muy potente dentro de un plan integral, indicada y supervisada por un médico. Su papel es corregir parte de la biología que empuja a comer más y, con ello, hacer posible que los cambios de hábitos en alimentación y actividad física sean sostenibles.

Cuando se usan de forma aislada aumenta el riesgo de aparición de diversos efectos adversos. El primero, la pérdida de masa muscular si no hay una ingesta adecuada de proteína y ejercicio de fuerza. El segundo, déficits nutricionales en personas que pasan a comer muy poco y mal. El tercero, efectos secundarios digestivos mal manejados que llevan a abandonar el tratamiento, y complicaciones menos frecuentes, como problemas de vesícula, que requieren vigilancia. Y el cuarto, recuperar el peso al dejar el fármaco sin haber consolidado nuevos hábitos.

A esto se suma un riesgo de salud pública como es la compra sin receta o por canales no autorizados, donde circulan productos falsificados. Son medicamentos, no están exentos de riesgos para la salud si no hay una adecuada indicación y supervisión.

CH: Una de las grandes preocupaciones cuando se habla de pérdida de peso es la recuperación de los kilos ¿Por qué nuestro organismo tiende a recuperar el peso perdido y qué nos dice esto sobre la dificultad de mantener los resultados a largo plazo?

Alberto Aliaga Verdugo: Porque el organismo defiende el peso de partida o también llamamos “set point”. Tras una pérdida de peso se ponen en marcha mecanismos de compensación, como el descenso de hormonas saciantes como la leptina o aumento de la grelina, que estimula el hambre; así como la reducción del gasto energético más de lo que correspondería. Este fenómeno es conocido como adaptación metabólica, y varios estudios han mostrado que estos cambios pueden persistir al menos un año después de adelgazar.

Los ensayos con fármacos lo confirman: cuando se suspende el tratamiento, una parte importante del peso perdido se recupera en el año siguiente. No es un fracaso del paciente, es la prueba de que la obesidad es una enfermedad crónica y recidivante, como la hipertensión o la diabetes.

La conclusión es clara: perder peso es solo la primera fase. La fase de mantenimiento necesita la misma planificación y el mismo seguimiento que la de pérdida de peso.

CH: En este contexto, ¿qué importancia tienen el ejercicio y la preservación de la masa muscular durante un proceso de pérdida de peso, especialmente cuando existe tratamiento farmacológico?

Alberto Aliaga Verdugo: Es una prioridad clínica, no debemos considerarlo un complemento. Cuando se pierde peso, parte de lo perdido es masa muscular, independientemente la estrategia empleada para perder peso (dieta, fármacos, cirugía bariátrica). Concretamente, en algunos estudios con fármacos esa proporción ha llegado a ser aproximadamente un tercio del total.

El músculo es un órgano clave que mejora la sensibilidad a la insulina, contribuye al gasto energético, protege las articulaciones y es determinante para la autonomía y la calidad de vida.

Por eso, cuando hay tratamiento farmacológico y el apetito disminuye mucho, hay que ser especialmente cuidadosos. Las dos medidas con más evidencia para preservar la masa muscular son, el entrenamiento de fuerza y asegurar una ingesta suficiente de proteína de calidad repartida a lo largo del día.

El objetivo no es solo bajar el número de la báscula, sino perder grasa y conservar, o incluso ganar, salud muscular.

CH: BALANCE apuesta por combinar medicina, nutrición, ejercicio y apoyo emocional con un seguimiento continuado. ¿Qué cambia realmente cuando trabajamos de forma coordinada con estos factores frente a un abordaje basado únicamente en la dieta o la consulta médica puntual?

Alberto Aliaga Verdugo: Cambia prácticamente todo. La obesidad tiene varias causas a la vez, así que tratarla desde una sola vía deja fuera parte del problema. Una dieta aislada no actúa sobre la biología del apetito; un fármaco sin nutrición ni ejercicio puede hacer perder músculo; y sin trabajar la relación con la comida o el estrés, las recaídas son muy frecuentes.

Cuando médico, nutricionista, especialista en ejercicio y psicología trabajan con un mismo objetivo y comparten la información del paciente, cada intervención potencia a las demás. El médico ajusta el tratamiento según la respuesta real de cada paciente; la nutrición se adapta a la tolerancia y a las circunstancias de la persona; el ejercicio protege la masa muscular; y el apoyo emocional ayuda a sostener los cambios.

Además, el seguimiento continuado sustituye al modelo de consulta puntual cada varios meses, que es insuficiente para una enfermedad crónica. Detectar a tiempo una meseta, un efecto adverso o una bajada de motivación permite corregir el rumbo antes de que se produzca el abandono, que es uno de los grandes problemas de estos tratamientos en la vida real.

CH: La tecnología es una de las herramientas principales de BALANCE. ¿Cómo puede ayudar el seguimiento digital a personalizar un tratamiento y, sobre todo, a detectar qué está ocurriendo entre una consulta y la siguiente?

Alberto Aliaga Verdugo: En la consulta tradicional vemos una foto fija cada cierto tiempo; con el seguimiento digital vemos la película completa. Entre una visita y la siguiente ocurren las cosas que determinan el resultado: cómo evoluciona el peso, si aparecen náuseas o estreñimiento con el fármaco, si la persona está comiendo suficiente proteína, cuánto se mueve, cómo duerme o si atraviesa un momento de estrés.

Recoger esa información de forma sencilla y continua nos permite personalizar el tratamiento con datos reales y no solo con lo que el paciente recuerda el día de la consulta. Podemos ajustar una dosis, modificar el plan nutricional o intensificar el apoyo en el momento en que se necesita, y no semanas después.

La tecnología, además, facilita la adherencia: el paciente se siente acompañado, sabe a quién preguntar y recibe orientación cuando le surge una duda. Eso sí, la tecnología no sustituye al profesional: su valor está en darle al equipo clínico mejor información para tomar mejores decisiones.

CH: Si tuvieras que resumir en una idea el cambio que BALANCE quiere impulsar en la manera de abordar el sobrepeso y la obesidad, ¿cuál sería y qué tendría que cambiar todavía en nuestra sociedad para dejar atrás la cultura de las dietas y apostar por una visión realmente médica y saludable?

Alberto Aliaga Verdugo: La idea es tratar la obesidad como lo que es: una enfermedad crónica que merece un tratamiento médico, personalizado y continuado, sin culpa y sin atajos. En BALANCE queremos que la pregunta deje de ser «cuántos kilos puedo perder» y pase a ser «cómo mejoro mi salud y la mantengo en el tiempo».

Para dejar atrás la cultura de las dietas todavía tienen que cambiar varias cosas. Tenemos que desterrar el estigma, que sigue culpabilizando a las personas que viven con obesidad y retrasa que pidan ayuda. Necesitamos que el sistema sanitario reconozca la obesidad como enfermedad en la práctica, con más formación de los profesionales y un acceso más equitativo a los tratamientos eficaces. Hay que medir el éxito por la salud metabólica, la masa muscular y la calidad de vida, no solo por la báscula. Y debemos trasladar a la sociedad un mensaje honesto: la obesidad no se resuelve en ocho semanas, se trata y se acompaña a largo plazo, como cualquier otra enfermedad crónica.<!–</

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