Los niños que usan pantallas más de 2 horas al día tienen más del doble de probabilidad de tener TDAH, según un estudio
MADRID 24 Sep. –
Los niños que pasan dos o más horas al día frente a pantallas presentan un riesgo relativo 2,16 veces mayor de cumplir los criterios de cribado de un posible trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH) que aquellos que pasan menos de una hora diaria.
Asimismo, un mayor consumo de productos ultraprocesados se asocia con peores puntuaciones en las dimensiones de hiperactividad, relación con iguales, conducta prosocial e inatención.
Estas son las principales conclusiones del informe ‘Dieta, pantallas y síntomas de TDAH en la infancia. Resultados del Proyecto SENDO’, elaborado por el grupo de investigación de la Universidad de Navarra, con el apoyo de Fundación Mapfre.
El estudio se desarrolla en el marco del Proyecto SENDO, una cohorte pediátrica prospectiva (un grupo de niños y niñas que se monitoriza durante un periodo de tiempo) que estudia cómo diferentes factores del estilo de vida se relacionan con la salud infantil.
En este análisis concreto, los investigadores se han centrado específicamente en la alimentación y el tiempo de exposición a pantallas y su relación con la salud psicoemocional y conductual, y los síntomas de TDAH, un trastorno que afecta ya entre el 5 y 7% de los niños en España.
El estudio ha analizado a 568 niños y niñas, con edades entre los 4 y 5 años al inicio del estudio. La información sobre alimentación, actividad física, sedentarismo, sueño y otros aspectos relacionados con la salud se recogió mediante cuestionarios cumplimentados por los padres.
Para valorar estos resultados, los investigadores utilizaron dos herramientas complementarias. Por un lado, el Strengths and Difficulties Questionnaire (SDQ), un cuestionario de 25 preguntas diseñado para valorar cinco dimensiones del comportamiento y el bienestar emocional y social de los niños: síntomas emocionales, problemas de conducta, hiperactividad, relaciones con los compañeros y conducta prosocial (comportamientos positivos en la relación con otras personas, como ayudar, cooperar o mostrar consideración hacia los demás).
Por otro lado, se utilizó la escala de TDAH de DuPaul, que consta de 18 ítems y se centra específicamente en dos grupos de síntomas relacionados con este trastorno: inatención e hiperactividad/impulsividad.
Ambas herramientas permiten cuantificar la presencia e intensidad de determinados síntomas y realizar un cribado, pero no sustituyen una valoración clínica ni permiten por sí mismas establecer un diagnóstico definitivo de TDAH.
Los resultados han puesto de manifiesto que un 10,9% de los participantes cumplieron los criterios de un «posible TDHA» según la escala Du Paul. «Esta clasificación no equivale a que esos niños tengan un diagnóstico de TDAH. Se trata de una herramienta de cribado que nos permite identificar a aquellos que presentan más síntomas y que, por tanto, podrían requerir una valoración clínica más completa», ha explicado la doctora de la Universidad de Navarra Nerea Martín Calvo.
En el grupo analizado, el 61% de los niños dedica menos de una hora diaria a las pantallas, mientras que el 39% pasa una hora o más al día frente a ellas.
En relación con los diferentes niveles de exposición, los investigadores observaron que pasar entre una y dos horas al día se asocia con un riesgo relativo del 1,22 de cumplir los criterios de posible TDAH, mientras que en los niños que están dos horas o más el riesgo relativo alcanza un 2,16. Es decir, los niños que pasan dos horas o más diarias frente a pantallas duplican la probabilidad de cumplir los criterios para identificar un posible TDAH.
El estudio también analiza la proporción de productos ultraprocesados dentro de la alimentación de los participantes. De media, estos alimentos representaron el 37% de la ingesta energética de los niños incluidos en el análisis.
Al comparar a los niños con un consumo alto de productos ultraprocesados con aquellos con ingesta menor, los resultados mostraron puntuaciones significativamente peores en el primer grupo: se observa 1,50 puntos más en la puntuación total del SDQ y 2,14 puntos más en la puntuación total de la escala de DuPaul, una vez realizado el ajuste por otros posibles factores.
En concreto, se encontraron diferencias estadísticamente significativas en relación a la hiperactividad, las relaciones con los compañeros, la conducta prosocial y la inatención.
De hecho, el estudio apunta que las puntuaciones medias aumentan a medida que se incrementa el consumo de productos ultraprocesados. La puntuación total del SDQ pasa de 6,26 puntos en el grupo de menor consumo a 7,76 en el de mayor consumo, mientras que la puntuación total de DuPaul lo hace de 9,73 a 12,3 puntos.
«Estos resultados muestran la importancia de incorporar la alimentación y los hábitos digitales a una valoración integral del bienestar infantil, sin culpabilizar a las familias. A partir de aquí, el objetivo es replicar estos resultados, mejorar la medición objetiva de los hábitos y estudiar si modificar estas exposiciones produce cambios en los síntomas», concluye la doctora Martín Calvo.
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