La contaminación del aire podría estar relacionada con un mayor riesgo de suicidio
MADRID, 16 Sep. Diario Dia –
La exposición a contaminantes atmosféricos, especialmente a partículas finas (PM2.5 y PM10) y al dióxido de nitrógeno (NO2), puede aumentar el riesgo de muerte por suicidio y de pensamientos suicidas, según sugiere un análisis de datos agrupados de la evidencia disponible, realizado por expertos de la Universidad Queen’s de Belfast (Irlanda).
El trabajo, que se publica en el ‘Journal of Epidemiology & Community Health’, subraya la necesidad de considerar las exposiciones ambientales como factores de riesgo potencialmente modificables en las estrategias de prevención del suicidio, destacan los investigadores. Según explican, a nivel mundial, más de 720.000 personas mueren por suicidio cada año, lo que ha llevado a la Organización Mundial de la Salud a desarrollar un Plan de Acción de Salud Mental para reducir esta cifra global en al menos un tercio entre 2013 y 2030.
LA CONTAMINACIÓN DEL AIRE Y EL RIESGO DE SUICIDIO
La interacción de factores individuales, biológicos y contextuales significa que la prevención del suicidio es realmente un problema de salud pública, sugieren. Si bien el efecto de la exposición a factores ambientales en los resultados de salud mental, como la depresión o la ansiedad, ha sido ampliamente estudiado, el papel potencial de los factores ambientales en el riesgo de suicidio es menos conocido.
Para reforzar la base de evidencia, los investigadores quisieron averiguar si la contaminación del aire, el ruido, la luz y el agua, así como factores sociodemográficos como el sexo y los ingresos, podrían influir en el riesgo de muerte por suicidio y en las conductas suicidas.
Se revisaron exhaustivamente las bases de datos de investigación en busca de estudios relevantes publicados en inglés entre enero de 2010 y abril de 2024. De una muestra inicial de 287 estudios, seleccionados para su revisión completa, 45 cumplieron los criterios de elegibilidad: 33 investigaron la muerte por suicidio; 7 los pensamientos suicidas; y 5 los intentos de suicidio.
La mayoría de los estudios analizaron los efectos de la exposición a la contaminación del aire (38), 3 analizaron la contaminación del agua, 3 la contaminación acústica y 1 la contaminación lumínica. Los resultados de 29 estudios se incluyeron en un análisis de datos agrupados; 16 se incluyeron en una revisión narrativa, que resume la evidencia existente mediante texto.
PM2.5, PM10 Y NO2, LOS CONTAMINANTES MÁS RELACIONADOS
El análisis de datos combinados mostró que la exposición a corto plazo a PM2.5 (13 estudios) y PM10 (7 estudios) y la exposición a largo plazo a PM2.5 (6 estudios) y NO2 (7 estudios) se asociaron de manera estadísticamente significativa con el riesgo de muerte por suicidio, intento de suicidio y pensamientos suicidas.
La síntesis de la evidencia obtenida en la revisión narrativa mostró posibles asociaciones positivas con otros contaminantes del aire, como el dióxido de azufre (SO2) y el ozono (O3), así como con la contaminación acústica.
No fue posible realizar un análisis de datos agrupados para los efectos de la contaminación del agua y la luz, debido al número limitado de estudios y a las diferentes medidas de resultado; los hallazgos de la revisión narrativa para estas exposiciones fueron inconsistentes. Tampoco se encontraron asociaciones claras entre los factores sociodemográficos y el riesgo de muerte por suicidio o conductas suicidas.
Para explicar estos hallazgos, los investigadores señalan que los contaminantes atmosféricos, incluidos PM2.5, PM10, NO2, SO2 y O3, y el agua contaminada con arsénico, plomo, litio o nitrato, se han relacionado con efectos neurológicos, como inflamación crónica y daño nervioso, que pueden afectar la función cerebral e influir en el estado de ánimo y la capacidad de resistencia al estrés. Además, se ha sugerido que el tráfico y otros tipos de contaminación acústica y lumínica aumentan los niveles de estrés al alterar el reloj biológico, añaden.
Los investigadores reconocen diversas limitaciones en sus hallazgos, entre ellas el reducido número de estudios disponibles sobre cada resultado. Los estudios incluidos también mostraron una considerable variabilidad en metodología y diseño.
Sin embargo, estos hallazgos ponen de manifiesto la importancia crucial de reconocer las exposiciones ambientales como factores de riesgo modificables en los esfuerzos de prevención del suicidio. «La integración de la salud ambiental en las políticas de salud mental, mediante la colaboración intersectorial, las estrategias de reducción de la contaminación y las intervenciones de salud pública específicas, podría desempeñar un papel vital en la reducción del riesgo de suicidio y en la mejora del bienestar mental general de la población», concluyen.
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