Fragmentación de la información es otro desafío democrático para América Latina
CARACAS – La dispersión y el consumo de noticias rápidas y divididas entre redes sociales, que se impone día tras día sobre los medios tradicionales, tiene, entre sus efectos, desconfianza en la información y distanciamiento creciente hacia quienes la transmiten, tal como muestran fuentes concordantes.
Esa fragmentación, un fenómeno global, avanza en América Latina, donde coincide en el tiempo con el avance de corrientes populistas y de derecha radical o extrema que han alcanzado el poder en Argentina, Bolivia, Chile, Colombia, Costa Rica, Ecuador, El Salvador, Honduras, Paraguay y Perú.
La desaparición o jibarización de medios, su retroceso ante el empleo de redes sociales y el auge de esas nuevas formas de información fragmentada -cuando no de desinformación abierta-, favorecen la polarización política, la confrontación social y merman la presencia y eficacia de los valores democráticos.
Carlos Lauría, director ejecutivo de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), dijo a IPS que “existe una relación preocupante. Allí donde hay menos información verificada y menos periodismo independiente, aumenta el espacio para la desinformación, la polarización y los discursos autoritarios”.
“Un ecosistema informativo sólido sigue siendo una de las mejores defensas de la democracia”, recordó Lauría.
“El desafío es construir un periodismo que combine innovación tecnológica, sostenibilidad y un fuerte compromiso con el interés público, especialmente a nivel local, donde el periodismo sigue siendo indispensable para fortalecer la vida democrática”: Carlos Lauría.
En América Latina, con 670 millones de habitantes, las redes sociales alcanzan a 86 % de la población, con un consumo promedio de 44 horas mensuales por usuario, según la publicación especializada DPL News.
Y las plataformas líderes en visitantes son Facebook (232 millones), WhatsApp (217 millones), Instagram (168 millones) y TikTok (153 millones), indica la firma de consultoría iLifebelt, basada en Ciudad de Guatemala. YouTube, del gigante estadounidense Google, se precia de su uso por más de 70 % de los latinoamericanos.
En lo que a la información atañe, esa presencia dominante sigue al achicamiento o abandono de los medios impresos, el estancamiento o merma de los audiovisuales, y a la agónica lucha por el oxígeno, que proporcionan el público y sus pagos, entre las versiones digitales de los medios tradicionales y los “nativos” en el ámbito digital.
Entre éstos, los numerosos comunicadores individuales, comentaristas y personas influentes (influencers), que inundan las redes. Dependiendo que como los valoren, según su cantidad de seguidores, empresas y portales especializados señalan que en la región hay al menos 20 millones de influencers.

Los impresos, visible muestra
La región cuenta con unas 37 000 estaciones de radio, según cifras de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) y cada día unos 300 millones de personas escuchan algo de radio para entretenerse e informarse.
Existen unas 1500 estaciones de televisión de señal abierta, que conviven con muchas más creadas sobre plataformas de internet, y el servicio de unas y otras está presente en más de 90 % de los hogares de la región.
Esa fortaleza de la infraestructura audiovisual convencional -mientras decrece su uso como medio para informarse- contrasta con el declive del periodismo de plataforma más física, el impreso.
Las causas apuntan a los cambios en los contextos económicos globales y nacionales, a la evolución tecnológica y de los modelos de negocios, a la competencia de los nuevos medios y a las cambiantes preferencias e intereses de los públicos.
Pero también a las presiones desde el poder frente al cual la prensa tiene el mandato ontológico de ser vigilante y crítica, como han sido los casos de los periódicos independientes que cerraron o se redujeron a modestas versiones digitales en Venezuela, Nicaragua, Guatemala o El Salvador.
En Brasil el diario Folha de Sao Paulo llegó a imprimir 1,6 millones de ejemplares el 12 de marzo d 1995; hoy día su tiraje apenas supera los 50 000.
A finales del siglo pasado imprimían centenares de miles copias cada día Clarín y La Nación de Argentina, O Globo de Brasil, El Tiempo de Colombia, El Universal y Gráfico de México, o las ediciones dominicales de El Mercurio de Chile, El Comercio de Perú o El Nacional y Últimas Noticias de Venezuela.
Actualmente esos periódicos referenciales apenas imprimen unos miles o a lo sumo decenas de miles de ejemplares para demostrar y defender su marca histórica -algunos como El Nacional, ya solo digital-, y reivindican en cambio las suscripciones a su cambiante versión digital y su posición en las redes de internet.
En los cambios “no hay una tendencia uniforme. En Venezuela el público migró a los medios digitales debido a la censura, no fue una evolución sino una migración forzada”, observó a IPS la periodista Luz Mely Reyes, formada en impresos y fundadora del medio digital venezolano Efecto Cocuyo, referente en el sector.
Para el argentino Lauría “los medios impresos seguirán reduciendo su alcance masivo, pero no necesariamente desaparecerán. Muchos encontrarán un lugar sostenible si fortalecen su identidad, su credibilidad y su vínculo con comunidades específicas, integrándose a un ecosistema digital más amplio”.

Desconfianza en las noticias
El descenso de los medios convencionales y el ascenso de los digitales y las redes, inundados todos esos espacios con la información fragmentada de innúmeras fuentes, más el frecuente uso deliberado para desinformar, han tenido entre sus resultados una creciente desconfianza y búsqueda de mayor certeza en las noticias.
“La confianza en las noticias se encuentra en mínimos históricos en todo el mundo, y los países latinoamericanos experimentaron algunos de los descensos más pronunciados”, indicó el más reciente (julio de 2026) Digital News Report, del Instituto Reuters, adherido a la británica Universidad de Oxford.
Cuatro países latinoamericanos figuran entre los que han experimentado las caídas más drásticas: Perú, Colombia, Brasil y Argentina figuran entre los 10 países del mundo con menor confianza de su población en las noticias que reciben, con descensos de entre seis y ocho puntos porcentuales respecto de 2025.
A nivel mundial, en 48 mercados nacionales, el instituto encontró que en 2026 la confianza bajó este año a 37 %, después de tres años en 40 %. Colombia es el país de la región con menor porcentaje de confianza, 25 %; Argentina 26 %; Perú perdió se ubicó en 32 % de confianza, y Brasil descendió hasta 36 %.
La inestabilidad política y las elecciones polarizantes son características de los países donde la confianza en las noticias disminuye significativamente, y “resulta difícil separar con precisión esa disminución del escepticismo más general hacia las instituciones políticas y sociales”, señala el análisis del instituto.
En una nota optimista, el informe agrega que, “aun cuando el público expresa insatisfacción con ciertos aspectos de su experiencia informativa, los valores esenciales del periodismo mantienen su relevancia. Los puntos de vista pueden fragmentarse, pero persiste el apoyo a principios como la imparcialidad”.
“A la gente todavía le importa lo que las noticias y el periodismo aspiran a ser, tanto en formas nuevas como en ciertas formas tradicionales”, concede el reporte.
Un informe de la firma estadounidense Comscore, de análisis de medios, también sostiene que el avance de la inteligencia artificial, el peso creciente de las redes sociales y la multiplicación de dispositivos, están alterando la forma en que los usuarios acceden a la información en América Latina.
Se configura “un escenario en el que los medios informativos dejan de ser la puerta principal de entrada y pasan a depender, en gran medida, de intermediarios tecnológicos que condicionan qué contenidos se ven, cómo se consumen y quién obtiene visibilidad”, dice el reporte de Comscore.

Democracia en la mira
La democracia “requiere condiciones mínimas para que las personas formen su juicio, contrasten información, escuchen posiciones distintas y acepten decisiones colectivas, aun si no coinciden con sus preferencias”, dice Camila Olate, especialista en políticas del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (Pnud).
“Cuando esas condiciones se debilitan, también se debilita la capacidad de deliberar y construir confianza. Se trata de un fenómeno global”, señala Olate.
Pero agrega que “en América Latina y el Caribe el rápido avance de la inteligencia artificial y la desinformación tiene el potencial de acelerar vulnerabilidades que la región ya arrastra desde hace décadas: baja confianza institucional, alta polarización, profundas desigualdades y un ecosistema informativo debilitado”.
Lauría expone que “cuando desaparecen medios locales o se crean desiertos informativos, la ciudadanía pierde acceso a información confiable sobre los asuntos que afectan su vida cotidiana”.
“La buena noticia es que estamos viendo nuevas iniciativas periodísticas que buscan llenar esos vacíos con modelos más innovadores y cercanos a las comunidades”, agregó Lauría.
Para Reyes –medalla de oro del premio María Moors Cabot 2026 por su excelencia periodística– “incluso, con toda la temática de la inteligencia artificial, hay la oportunidad de recordar que, como seres humanos, la gente también requiere un recipiente tangible, que pueda tocar”, como sería el caso del periódico impreso.
Por ejemplo, en sucesos como los terremotos -que recientemente afectaron a Venezuela, Colombia y Perú-, expone Reyes que “con un periódico, de unas 32 páginas, tenías toda la información estructurada, y se podía guardar”.
La fragmentación de la información “puede acentuar la necesidad de una plataforma o formato, como el papel, para que la información se sostenga, porque lo digital es demasiado volátil, se pierde, y eso impacta en los valores democráticos, en la memoria y en la búsqueda de la justicia”, abundó Reyes.
Lauría afirma que “la fragmentación llegó para quedarse, pero eso no significa que sea un problema sin solución”.
“El desafío es construir un periodismo que combine innovación tecnológica, sostenibilidad y un fuerte compromiso con el interés público, especialmente a nivel local, donde el periodismo sigue siendo indispensable para fortalecer la vida democrática”, resume el responsable de la SIP.
ED: EG
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