El ‘turismo de pantalla’ dispara hasta un 50% la ocupación hotelera, según un estudio de la VIU
VALÈNCIA, 24 Ago. (Agencias) –
El turismo tradicional, impulsado por ferias, folletos y el clásico «sol y playa» está siendo superado por la velocidad de la cultura del streaming y el fenómeno viral. El llamado ‘Screen Tourism’ o ‘turismo de pantalla’ ha demostrado su capacidad para descentralizar los flujos de viajeros hacia regiones inesperadas y para incrementar la ocupación hotelera de un municipio entre un 20 y un 50 por ciento durante el primer año. Además, este impacto inyecta entre un 5% y un 15% de actividad económica adicional, un porcentaje que se dispara cuanto más pequeño es el tejido productivo del destino.
Así lo refleja un estudio del experto en Economía digital y profesor del Máster Universitario en Gestión Integral de la Calidad de la VIU, Alejandro San Nicolás, quien explica que casos como Osuna, con ‘Juego de Tronos’, o la España vaciada con ‘As Bestas’, «demuestran la fuerza de este nuevo motor».
Para el especialista, el algoritmo «ha invertido la dirección del deseo turístico: el ‘Screen Tourism’ es un parque temático invisible que se despliega sobre un pueblo real con solo pulsar ‘Play'». «Antes el viajero buscaba el destino en guías, ahora la demanda no se genera en la agencia de viajes, se siembra en la pantalla desde el sofá», ha resaltado.
Se trata, en sus palabras, del «folleto turístico más caro jamás producido, y el pueblo ni lo ha pagado ni lo ha planificado: el parque abre de un día para otro, sin taquilla y sin aforo». Este fenómeno «no se limita a la ficción, ya que influencers, políticos y famosos también redirigen flujos, la diferencia radica en la velocidad y la escala».
«La Marbella de los 90 se construyó sobre la crónica social y el papel cuché mucho antes de que existiera Netflix; lo que entonces tardaba años de portadas, hoy lo consigue un vídeo viral en cuestión de horas», ha matizado San Nicolás.
El éxito repentino, ha asegurado, «obliga a las administraciones a operar bajo la lógica del «depende», enfrentándose a la dualidad de tratar el fenómeno como una oportunidad (reforzando servicios y fijando límites) o como una amenaza (mediante prohibiciones y bandos municipales)».
MEDIR LA SATURACIÓN
«El equilibrio exige medir la saturación antes de decidir, y recordar que el cliente no es solo el turista, también el residente, y un modelo que satisface a uno mientras expulsa al otro es un modelo fallido», ha subrayado el experto de la VIU.
A su juicio, fiar el crecimiento exclusivamente a una serie de televisión genera «una burbuja económica de alto riesgo». Asimismo, ha incidido en que «si el destino trata la serie como el producto final, la audiencia migrará a la siguiente ficción y el pico se desinflará».
Sin embargo, si se utiliza como «escaparate para construir una propuesta patrimonial y sostenible, el efecto mejora con el tiempo gracias a la recomendación, el algoritmo abre la puerta, pero solo la calidad sostenible mantiene al destino dentro», ha aseverado San Nicolás.
Para no «morir de éxito», España cuenta con la ventaja de infraestructuras como la Q de Calidad Turística y el Instituto para la Calidad Turística Española y la Sostenibilidad (ICTES), referentes en normalización. El siguiente salto, ha indicado, debe ser «certificar el destino completo –midiendo la huella de carbono y el impacto en la vivienda– mediante cuadros de mando en tiempo real y planes de contingencia activados antes del estreno, no después del colapso».
FIANZAS PREVIAS
El profesor de la VIU ha evocado a una triple responsabilidad cuando la presión amenaza cascos históricos o entornos vulnerables: «transparencia con datos reales, rendición de cuentas de los gestores y el cobro por adelantado». San Nicolás propone aplicar el principio de «quien impacta, paga por delante», y exigir a productoras y operadores un fee o fianza previa para la conservación del entorno, «igual que en minería se exige garantía de restauración».
«No se puede monetizar un acantilado y dejar la factura al municipio; prevenir se presupuesta antes, restaurar ya suele ser tarde y carísimo» ha advertido. «En la actual economía de la experiencia y de la foto el turista ya no compra un destino –ha añadido–, sino un momento fotografiable».
Para el profesor, los futuros expertos «deben aprender a gestionar el turismo en tiempo real y convertir el pico viral en un producto estable». Como titular definitivo de esta transformación, ha concluido que «el turismo ya no se vende en folletos ni se elige en agencias: lo dicta el algoritmo y lo mueve la búsqueda de la foto y del ‘yo estuve allí'».
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