Autoridades mexicanas olvidan certificar motos eléctricas

MÉXICO – La mexicana Angy Carsolio poseyó una motocicleta eléctrica durante casi un año hasta que se la robaron en enero último en el edificio donde vive en el norte de Ciudad de México.
“La compré por los costos, por su practicidad y la parte ecológica. La vía más fácil, rápida y económica era la moto. Me gustó mucho, fue funcional, una buena experiencia”, contó.
Carsolio, de 46 años y quien se encarga al cuidado del hogar y al comercio, la conducía principalmente para llevar a su única hija a la escuela, trayecto en el que tardaba mucho si tomaba el sistema de transporte público Metrobús o iba a pie.
Carsolio, quien reemplazó la moto robada con una bicicleta eléctrica, cargaba la batería en su casa. “Tardaba seis horas y recorría entre tres y cuatro kilómetros diarios y duraba toda la semana”, recuerda.
Pero su vehículo carecía de un sello de eficiencia energética que la Comisión Nacional para el Uso Eficiente de la Energía (Conuee) y la Secretaría (ministerio) de Energía (Sener) deberían extender para este tipo de transporte.
“Me dijeron que aguantaba 150 kilos, velocidad de 30 kilómetros. Tampoco me dijeron de la vida útil de la batería. Solo me dijeron que no dejara que la batería se descargara totalmente y que no la cargara diariamente”, señala Carsolio.
A lo largo de esta década, las motos eléctricas (ME), especialmente de marcas chinas, han ganado popularidad en México, un mercado en construcción, debido a su precio accesible y a la variedad de modelos. Pero han evadido el radar de las autoridades mexicanas para su regulación en asuntos como la eficiencia energética, como ocurre con los automóviles, lo que implica repercusiones para los usuarios.
Hasta ahora, la Conuee y Sener no han emitido regulaciones ni certificaciones específicas para ME, por lo que no hay etiquetado estandarizado para el usuario final.
Este vacío regulatorio implica que la comparación entre modelos no es homogénea. Además, muchas motos no están homologadas como motocicletas, sino como bicimotos, o scooters, y representan el segmento menos regulado y estandarizado. Así, el usuario no puede comparar la eficiencia real entre las marcas.
Impactos
Todo ello tiene un impacto sobre las normas energéticas, las placas de circulación y los seguros.
Para Odón de Buen, exdirector de la Conuee, las autoridades mexicanas están más preocupadas por la entrega de energía que por lo que sucede más allá de la red eléctrica, hasta las propias casas.
“El Estado reacciona muy lentamente a estas cosas, en este tipo de productos, en este caso chinos de bajo precio y fácilmente importables, y le resuelven un problema a mucha gente, como es la movilidad. La eficiencia (energética) no está ni para autos eléctricos y menos para motos en las líneas de la Conuee”, dice.
El experto alerta que el principal es la seguridad de la instalación (eléctrica), pues la carga de la batería es “una más, pero no es menor. Y dado que son equipos que se usan en barrios populares, no necesariamente son los mejor equipados. Por ahí podría aparecer la mala noticia de un incendio, la quema de una batería”.
La eficiencia abarca la autonomía del vehículo –en kilómetros–, su potencia –en vatios (W)– y la capacidad de batería –Ah/Wh–. En consecuencia, la evaluación de las ME debe exigir el consumo energético estandarizado (Wh/km) y los ciclos de prueba homologados.
Pero esa evaluación no existe y, por ello, no hay una etiqueta que determine el consumo kWh/100 km estandarizado.
El especialista De Buen explica que la existencia de una regulación requiere que pueda exigir la prueba de las características de la moto, que en los exámenes practicados incluyan el rendimiento y, entonces, haya una prueba de laboratorio para el equipo. Finalmente, un organismo certificador avala técnicamente esa evidencia.
De lo contrario, el usuario queda a expensas de la dependencia de los datos que aporta el fabricante.
En el país circulan más de 61 millones de vehículos registrados y más de nueve millones de motos, y de las cuales el estado de México, el occidental territorio de Jalisco y la capital azteca acumulan la mayor cantidad.
Las etiquetas de eficiencia energética son adheridas a los productos y sistemas que se comercializan, para identificar que estos cumplen con las regulaciones e indican el consumo máximo de energía.
México enlista unas 42 normas vigentes relacionadas con uso de energía, de las cuales 16 incluyen etiquetado de eficiencia. Además, existen tres proyectos de regulaciones, pero ninguno se refiere a las motos.
En mayo pasado, la Secretaría de Medio Ambiente puso a consulta pública una iniciativa de regulación sobre límites máximos permisibles de emisión de contaminantes para motocicletas nuevas con motor de combustión interna.
Carsolio supo de dos casos, en los que la batería de la moto se descargaba a los pocos kilómetros y obligaba a su propietario a recargarla casi a diario, lo que disminuye la durabilidad de los dispositivos. Resultado: vendió la moto y compró otra. En otro caso, la batería se arruinó, el dueño no la pudo reparar y perdió el dinero invertido.
La “regulación estaría muy bien, porque uno ya tiene idea de la eficiencia y la garantía de que el sistema funciona, va a beneficiar a todos”, asegura Carsolio.
El especialista de Buen prevé que la normativa demore un poco.
“Va a tardar para que la autoridad empiece a atenderlo, solo cuando sea muy evidente. Esto le pega directamente a la economía de las familias, porque la gente de bajos recursos invierte para solucionar un problema serio de movilidad, es un impacto importante. Hay productos chinos muy buenos y malos, y parece que son los que se están colando”, anticipa.
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