La natación reduce la discapacidad causada por el dolor de espalda crónico
MADRID, 22 Jul. Diario Dia –
Una investigación de la Universidad Macquarie (Australia) ha demostrado por primera vez que un programa de natación puede ser clínicamente eficaz para reducir la discapacidad derivada del dolor lumbar crónico.
El ensayo clínico EduSwim, publicado en el ‘British Journal of Sports Medicine’, revela que un programa individualizado de natación y educación de ocho semanas, guiado por un fisioterapeuta, mejoró la función y redujo el dolor de forma significativamente mayor que la educación sola en personas con dolor de espalda.
«La natación se recomienda habitualmente como ejercicio para personas con dolor lumbar crónico, pero existía una total falta de evidencia sobre su eficacia», aporta la investigadora principal, Deborah Wareham, fisioterapeuta y candidata a doctorado en el Centro de Investigación del Dolor Espinal de la Universidad Macquarie de Sídney. «Emprendimos este estudio porque consideramos que era urgente investigar si la natación era eficaz o no para el dolor lumbar crónico», añade Wareham.
Los investigadores reclutaron a 76 adultos de entre 26 y 74 años (con una edad promedio de 41 años) que padecían algún tipo de discapacidad debido a dolor lumbar de al menos 12 semanas de duración y los asignaron aleatoriamente a uno de dos grupos. Un grupo recibió un programa individualizado de natación y educación de ocho semanas, complementado con cuatro sesiones de entrenamiento por telemedicina con un fisioterapeuta. «No eran nadadores habituales, pero eran capaces de nadar 25 metros y se sentían seguros en el agua», apunta Wareham.
El programa de natación se basó en la capacidad y la condición física de cada participante, con el objetivo de completar tres sesiones de 30 a 45 minutos al final de las ocho semanas. La formación abarcó conceptos y mensajes clave como: «El dolor no siempre significa daño»; 2La espalda está hecha para el movimiento»; «Es probable que se produzcan recaídas»; y «La mejor manera de controlarlo es mantenerse activo».
Los participantes del otro grupo (de control) tuvieron una o dos sesiones con un fisioterapeuta para aprender los mismos mensajes clave sobre el dolor de espalda que el grupo de intervención, pero por lo demás continuaron con su tratamiento y actividad habituales.
Tras ocho semanas, la discapacidad fue significativamente menor en el grupo de natación. «Mejoraron en aproximadamente un 50 por ciento con respecto a su nivel anterior al inicio del programa», comenta Wareham. «En comparación con el grupo de control, que solo recibió educación, los nadadores obtuvieron una puntuación promedio de 2,5 puntos, o un 30 por ciento menos, en una escala de discapacidad ampliamente utilizada».
Los beneficios de la natación se mantuvieron en el seguimiento a largo plazo (a las 26 y 52 semanas), aunque la diferencia entre los grupos disminuyó con el tiempo. Los resultados secundarios, como la intensidad del dolor, la limitación funcional, la autoeficacia en el manejo del dolor y el miedo al movimiento, mostraron un patrón similar: fueron menores en el grupo de natación al inicio del programa, pero la diferencia se redujo con el tiempo.
Las guías de buenas prácticas a nivel mundial recomiendan el ejercicio y la educación como tratamientos de primera línea para el dolor lumbar crónico, pero solo algunos tipos de ejercicio (como el Pilates) han sido evaluados clínicamente, señala la doctora Wareham. «De hecho, la mejoría que observamos en nuestro estudio se compara favorablemente con los efectos reportados para otros ejercicios, como el Pilates, en un metaanálisis reciente», asegura.
«El argumento a favor de la natación para el dolor de espalda es lógico, pero era importante ponerlo a prueba», apunta el profesor Mark Hancock, codirector del Centro de Investigación del Dolor de Columna y autor principal del estudio. «La natación puede mejorar la amplitud de movimiento, la fuerza y la capacidad aeróbica general, y la flotabilidad del agua puede ayudar a las personas a realizar movimientos que de otro modo serían dolorosos o limitados».
«Es importante destacar que los participantes nos comentaron que la natación les dio la confianza necesaria para empezar a hacer ejercicio y participar en otras actividades físicas significativas. Algunos continuaron nadando después del programa, mientras que otros optaron por otras formas de ejercicio», expone el profesor Hancock. «Ahora contamos con la evidencia que respalda la recomendación: la natación es un ejercicio adecuado para personas con dolor de espalda y resulta beneficiosa».
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