La ola de calor no acaba cuando baja el termómetro: estos son los efectos en la salud que pueden aparecer días después
MADRID, 5 Jul. –
Las altas temperaturas no sólo pasan factura mientras el termómetro marca máximos. El impacto de una ola de calor puede mantenerse en el organismo durante días, e incluso semanas después, cuando aparentemente ha vuelto la normalidad.
La deshidratación acumulada, la sobrecarga del riñón, el aumento del riesgo de trombos, o la descompensación de enfermedades previas pueden desencadenar problemas graves como un ictus, un fallo renal, o una insuficiencia cardíaca cuando la persona ya no siente el peligro del calor.
La doctora María Villalonga Comas, coordinadora del Observatorio de Cambio Climático de la Sociedad Española de Medicina Interna (SEMI), alerta de que el final de una ola de calor no significa el final del riesgo, especialmente en personas mayores, pacientes con enfermedades crónicas, y quienes toman medicamentos que pueden aumentar la vulnerabilidad frente a las altas temperaturas. “No hay que suspender tratamientos por cuenta propia, pero sí revisar con el equipo médico cómo protegerse durante episodios de calor extremo”, recuerda esta experta del Hospital Universitario Son Espases, en Palma de Mallorca.
Sostiene así que el calor extremo no mata únicamente el día de máxima temperatura, y advierte de que el daño fisiológico antes comentado se acumula durante la ola y puede manifestarse clínicamente días o semanas después de que el calor ha cedido. “Un ictus, un fracaso renal, una descompensación cardíaca pueden ocurrir cuando la persona ya cree que el peligro ha pasado. Cuando termina el calor, la vigilancia sobre los más vulnerables no puede terminar”, insiste esta doctora.
UN DAÑO QUE NADIE CUENTA
Pero, además, un aspecto que debe llevar a insistir en esta vigilancia, tal y como afirma esta portavoz de la SEMI, es el hecho de que millones de personas en España tomen a diario fármacos que interfieren con la capacidad del cuerpo para regular la temperatura o que amplifican la pérdida de líquidos: diuréticos, betabloqueantes, inhibidores del sistema renina-angiotensina, antidiabéticos del grupo SGLT2, antidepresivos, y antipsicóticos.
“Muchos pacientes no saben que esa medicación los hace más vulnerables en verano, y muy pocos tienen esa conversación con su médico antes de que llegue el calor. No se trata de suspender los tratamientos —en absoluto— sino de ajustarlos si es necesario y de extremar la vigilancia en los días de calor extremo. Pero repito de nuevo porque creo que este mensaje debe quedar muy claro: no se deben suspender los tratamientos, sino que debemos hablarlo con nuestro equipo médico tratante”, resalta.
LO QUE LOS DATOS HOSPITALARIOS NO MUESTRAN
Por otro lado, la doctora Villalonga Comas pone sobre la mesa otro aspecto que hay que tener en cuenta con las olas de calor y es el “límite importante” que tienen los registros de ingresos hospitalarios, “herramientas útiles”, en su opinión, pero que no cuentan lo que no llega al hospital.
Es decir, aclara que los estudios epidemiológicos muestran que durante las olas de calor existe lo que se llama ‘un efecto cosecha’ por el que los pacientes más frágiles pueden fallecer fuera del sistema sanitario antes de poder ingresar, de modo que no quedan reflejados en las estadísticas hospitalarias. “Es probable que los datos de morbilidad hospitalaria infraestimen el impacto real del calor en los grupos más vulnerables”, avisa esta experta y coordinadora del Observatorio de Cambio Climático de la SEMI.
Eso tiene una implicación directa para la prevención, tal y como asegura porque, de esta manera no se puede esperar a que las personas en riesgo lleguen al hospital: “Hay que identificarlas en sus domicilios, llamarles, visitarles. Es la razón por la que el Plan Nacional del Ministerio de Sanidad incluye un programa de atención a personas vulnerables a través de los servicios de teleasistencia y trabajo social, que refuerzan sus llamadas durante los picos de temperatura. Esa infraestructura de cuidado es tan importante como cualquier avance clínico”.
Pero es que además, esta médico internista del Hospital Son Espases cuenta que en su centro hospitalario se analizaron los ingresos urgentes durante 17 años y se encontró un patrón que inicialmente sorprendió: el incremento estadísticamente significativo de ingresos apareció en el grupo de 15 a 65 años.
“Hay varias explicaciones posibles que no son mutuamente excluyentes, y que responden a este ‘efecto cosecha’: los ancianos más frágiles pueden fallecer fuera del hospital antes de poder ingresar, y por tanto no quedan reflejados en los registros de admisiones, de forma que los datos hospitalarios pueden infraestimar el daño real en los más vulnerables”, reitera la doctora y portavoz de la SEMI.
LA HOSTELERÍA Y LA RESTAURACIÓN, TAMBIÉN AFECTADOS
Pero, en su opinión, además, hay otra variable que en Mallorca cobra especial relevancia y es que los trabajadores de hostelería y de restauración son el colectivo que trabaja en condiciones de alta exposición térmica —cocinas, terrazas, servicio en espacios no climatizados— precisamente cuando el resto de la población está de vacaciones. “Las condiciones han mejorado en los últimos años gracias a convenios colectivos y a una mayor vigilancia, pero la inspección de trabajo no llega a todos los puestos de trabajo, y sigue siendo un colectivo que merece atención específica en el diseño de los planes de prevención”, sostiene la doctora Villalonga.
Con todo ello, destaca que una recomendación que rara vez aparece en las guías es la de no bajar la guardia cuando termina la ola de calor. “Los primeros días de recuperación son también un periodo de vigilancia activa: es cuando el daño acumulado durante el calor puede manifestarse clínicamente”, finaliza esta experta.
CL11
