La pesca salvadoreña navega entre la contaminación y el abandono

SUCHIOTO, El Salvador – “La pesca ya no es como antes, cuesta que caigan los pescados, se van para otro lado, quizás por toda la contaminación que baja al lago”, narró el pescador salvadoreño Alejandro Canales, mientras reparaba su pequeña lancha para horas después adentrarse, junto a su esposa, Jasmín Amaya, en las aguas del lago Suchitlán, en el centro de El Salvador.
Enfundado en una camisa roja, un pantalón corto azul y las típicas botas de hule, Canales, de 55 años, sostuvo que la pesca se vuelve cada vez más difícil, y lamentó que el sector reciba poco acompañamiento de las autoridades para enfrentar los problemas que afectan su actividad.
Según dijo, la asistencia técnica es escasa, pese a que muchos dependen de la pesca para sostener a sus familias.
“Nos ayudan una vez al año, con una bolsita de víveres que los traían del Cendepesca”, explicó Canales a IPS, en referencia al ya desaparecido Centro de Desarrollo de la Pesca y la Acuicultura. “Pero nunca trajeron una capacitación, aquí cada quien reza por su santo, como dice el dicho”, agregó.
En febrero de 2026, la Asamblea Legislativa aprobó la creación de la Autoridad Salvadoreña de Economía Azul (Asea), que sustituyó a Cendepesca como ente rector de la pesca y la acuicultura en este país de 6,4 millones de personas y el único del istmo centroamericano con costas solamente al océano Pacífico.
“El problema es que uno ahora agarra pescado y mañana no agarra nada. No sirve la pesca, a veces el agua se arruina quizás de tanto veneno que le riegan a las orillas y entonces eso afecta”: Alejandro Canales.
Canales y Amaya viven en el cantón San Juan, una comunidad de pescadores en las orillas del lago Suchitlán, localizado en las cercanías de Suchitoto, un pueblo turístico con aires coloniales, en el departamento de Cuscatlán, en el centro salvadoreño.
La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) señaló en un reporte de noviembre de 2023 que la pesca tiene una importancia limitada dentro de la economía salvadoreña y de los indicadores de empleo. Sin embargo, el sector tiene alto impacto para las comunidades y puertos donde se desarrolla
El organismo estimó que el sector generaba alrededor de 48 000 puestos de trabajo en 2021, incluidos unos 2530 vinculados a la acuicultura.
Insuficiente capacitación
La percepción de Canales, sobre la poca asistencia técnica recibida, coincide con los resultados del I Censo Nacional de Pesca y Acuicultura 2025 que revelaron que apenas 15,1 % de los productores recibió ese apoyo.
Los resultados del censo, publicados a comienzos de 2026, reflejan además una actividad dominada por productores individuales. El 99,7 % son personas naturales y apenas 0,3 % corresponde a personas jurídicas, un perfil que evidencia el predominio de la pesca de pequeña escala en el sector.
Los hombres representan 87,9 % de los productores censados, mientras que las mujeres, el 12,1 %.
“Aquí andamos siempre, junto con mi esposo, ganándonos el sustento. Salimos a pescar a las tres de la mañana y regresamos cinco horas después, como a las ocho”, afirmó a IPS Amaya, la consorte de Canales.
La FAO ya advertía en su informe que los pescadores de pequeña escala en El Salvador enfrentan limitaciones relacionadas con la capacitación, la asistencia técnica y el acceso a equipamiento productivo.
Esos factores son considerados clave para fortalecer la actividad y mejorar sus medios de vida, destacó la FAO.
Sin embargo, ese respaldo técnico gubernamental está llegando muy poco a las comunidades pesqueras, como lo muestra el censo y la experiencia propia de Canales.

Desmantelamiento institucional
Para Alberto González, director del Instituto de Ciencias del Mar y Limnología, de la estatal Universidad de El Salvador, el bajo acceso a la asistencia técnica está relacionado con el debilitamiento de las capacidades institucionales que acompañó la transición de Cendepesca hacia la nueva Autoridad Salvadoreña de Economía Azul.
Según el especialista, en los últimos años se han producido despidos de personal técnico especializado que brindaba asesoría a pescadores y acuicultores en distintos cuerpos de agua del país. A su juicio, esta reducción de personal ha limitado la capacidad de acompañamiento y capacitación del sector.
González sostuvo que la situación no solo implica la salida de trabajadores, sino también la pérdida de conocimientos acumulados durante décadas por técnicos y biólogos especializados en pesca y acuicultura.
Ese capital humano, explicó, era clave para apoyar procesos de formación, buenas prácticas productivas, comercialización y organización de los productores.
“Entonces todo este tipo de asesoría técnica es muy baja. No hay una continuidad de estos procesos de formación ni apoyo técnico a los productores”, afirmó.
Como resultado, agregó, muchos pescadores continúan trabajando con conocimientos empíricos o, en algunos casos, recurriendo a asesorías privadas cuando tienen capacidad para costearlas. Un buen porcentaje le está apostando al cultivo de tilapias a través de “jaulas” flotantes, montadas en los lagos o lagunas, dijo el experto.
No obstante, González señaló que los productores de tilapia, ya dominan en buena medida las técnicas básicas de cultivo.
A su juicio, los principales problemas ya no están en la producción misma, sino en factores como la contaminación del agua, el monitoreo de su calidad y el manejo de enfermedades, ámbitos donde considera que persisten importantes deficiencias de acompañamiento técnico.

La degradación ambiental empeora el problema
Los datos del censo muestran que más de la mitad de los productores pesqueros del país (55,0 %) desarrolla sus actividades en ecosistemas continentales como ríos, lagos, embalses y lagunas, mientras que la zona costero-marina representa 20,2 %.
Sin embargo, varios de esos ecosistemas enfrentan problemas históricos de contaminación.
Por ejemplo, en el lago Suchitlán se produjo en 2025 una proliferación masiva de ninfa acuática que cubrió extensas áreas de la superficie, afectando la pesca, el turismo y otras actividades económicas vinculadas al cuerpo de agua.
Especialistas consultados entonces por IPS atribuyeron el fenómeno a residuos de fertilizantes agrícolas transportados hacia el lago por las escorrentías y los ríos durante la época lluviosa. Esos nutrientes favorecen la proliferación descontrolada de la ninfa acuática.
Además de residuos agrícolas, el cuerpo de agua recibe desde hace décadas descargas domésticas e industriales transportadas por afluentes como el río Acelhuate, que atraviesa el área metropolitana de San Salvador.
El lago Suchitlán es un embalse artificial formado entre 1973 y 1976 tras la construcción de la presa hidroeléctrica Cerrón Grande sobre el río Lempa, el más importante de El Salvador.
La obra permitió la generación de energía eléctrica, pero también provocó el desplazamiento de cientos de familias campesinas cuyas viviendas y tierras quedaron bajo el agua.
Con el paso de las décadas, el embalse y las áreas circundantes dieron origen al humedal Cerrón Grande, un ecosistema de unas 60 000 hectáreas reconocido como sitio Ramsar -humedal de importancia internacional y protegido por la Convención sobre los Humedales- desde 2005 por su importancia para la conservación de la biodiversidad, incluidas numerosas especies de aves migratorias.
Esa diversidad está siendo golpeada cada vez más por la contaminación ambiental, y eso a los pescadores les está afectando en la pesca, debido a la mala calidad del agua.
“El problema es que uno ahora agarra pescado y mañana no agarra nada. No sirve la pesca, a veces el agua se arruina quizás de tanto veneno que le riegan a las orillas y entonces eso afecta”, explicó el pescador Canales, refiriéndose a los agroquímicos usados por la agricultura en los contornos del lago.
Y agregó: “Todo eso hace que el pescado se vaya por otros lados, se vaya más a lo hondo”.

Sin créditos para pescadores
Otra de las deficiencias que Canales lamentó es la falta de apoyo crediticio al sector.
Solo 5,2 % de los pescadores que solicitaron un crédito lo obtuvieron del sistema financiero, según los datos del censo. Probablemente sucedió debido al rechazo histórico que reciben de la banca, sobre todo quienes se dedican a la pesca de subsistencia, de forma individual, y sin un historial crediticio que los respalde.
“Creo que antes prestaban más, pero hoy ya no, y piden un montón de requisitos que a uno le cuesta cumplir, por ejemplo la exigencia de un fiador”, subrayó Canales, mientras continuaba reparando el piso de su lancha, con una mezcla de fibra de vidrio.
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Días atrás la embarcación golpeó una rama flotante, en plena faena, y el impacto rompió el piso. Canales y su esposa Amaya tuvieron que achicar el agua, para evitar hundirse.
“No nos prestan, a veces nos han pedido hasta escrituras de propiedades”, terció Amaya, de 41 años.
Los esposos ya han intentado obtener un crédito, para comprar redes para pescar. Pero les han rechazado todas solicitudes, contaron.
“No nos queda más que seguir echándole ganas al oficio”, sentenció Amaya.
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