Colombia forzada a elegir entre la izquierda y la extrema derecha


BOGOTÁ – En un clima de incesante agresividad política, Colombia elegirá a su próximo presidente (2026-2030) en un balotaje el 21 de junio, entre el outsider de extrema derecha Abelardo de la Espriella, y el político de izquierda Iván Cepeda.
En la primera vuelta, el domingo 31 de mayo, De la Espriella sorprendió a los pronósticos de analistas y encuestadoras, llegando en primer lugar con 43,74 % (10 361 499 votos), seguido de Cepeda con 40,90 % (9 688 361 sufragios).
Candidatos de la derecha tradicional y el centro político ocuparon las casillas siguientes: Paloma Valencia -del partido Centro Democrático del ex presidente (2002-2010) Álvaro Uribe- 6,92 %; Sergio Fajardo 4,26 %; Claudia López 0,95 %; Raúl Botero 0,85 %, y otros dos aspirantes con porcentajes minúsculos.
Los votantes por estas otras candidaturas sumaron más de tres millones y, junto a los electores que se abstuvieron en la primera vuelta -aunque hubo una participación de 57,20 %, muy alta para los estándares de Colombia-, se convierten en los codiciados electores privilegiados para inclinar la balanza entre De la Espriella y Cepeda.
De nuevo se convocará a los 41 221 973 colombianos habilitados para votar, y ellos, al escoger a su nuevo presiente, optarán por una de las dos opciones no solo ubicadas en extremos políticos, sino que se confiesan irreconciliables.
Colombia, con una larga tradición bipartidista entre los ya muy reducidos partidos Liberal y Conservador, optó en lo que va de siglo por fórmulas nítidas de derecha, hasta que en 2022 ganó la presidencia el actual mandatario, Gustavo Petro, quien deberá entregar el mando a su sucesor el próximo 7 de agosto.
Mientras el mundillo político y mediático apostaba desde el año pasado por una fórmula de derecha o centro que enfrentase y desbancase del gobierno a la coalición Pacto Histórico, que respaldó a Petro y Cepeda, De la Espriella ascendió con fuerza en lo que va de 2026 desde fuera del sistema de partidos.
De la Espriella, quien tiene también nacionalidad estadounidense, es un abogado litigante y empresario de 47 años, que ha sido asesor y defensor miembros de grupos paramilitares y de figuras juzgadas por corrupción, como Alex Saab, estrecho colaborador del expresidente venezolano Nicolás Maduro (2013-2026).
Su oferta ha sido de mano dura para implantar la seguridad, liquidar a las guerrillas que aún persisten en el país, facilitar el porte de armas a los ciudadanos, fumigar las plantaciones de coca, apoyar ampliamente la economía de libre mercado y reducir el tamaño del Estado, incluida la eliminación de ministerios.
Es admirador de los presidentes Donald Trump (Estados Unidos), Nayib Bukele (El Salvador) y Javier Milei (Argentina).
Le han expresado apoyo otros presidentes, como Daniel Noboa de Ecuador, José Antonio Kast de Chile y Luis Abinader de República Dominicana, y opositores en sus países como Flavio Bolsonaro en Brasil y María Corina Machado en Venezuela.
Cepeda, licenciado en filosofía de 63 años, senador, hijo de un comunista asesinado en 1994, es un político austero con trayectoria en defensa de los derechos humanos y de las negociaciones de paz con la insurgencia, y tiene el apoyo del actual presidente, Gustavo Petro.
Su estilo es reposado, serio -suele leer discursos con argumentos y propuestas, en vez de improvisarlos a modo de arengas- y propone, junto con proseguir en la búsqueda de la paz con los grupos armados, acentuar políticas de reforma agraria, mejoras salariales, defensa del ambiente y transformación de la matriz energética.
Las encuestas y análisis políticos lo favorecieron durante meses no solo con la primera posición entre todos los aspirantes, sino incluso con alcanzar o arañar la mayoría de 50 % más uno de los votos en la primera vuelta.
Sobre los resultados conocidos, en el conteo rápido de resultados -avalado por la Procuraduría, menos de tres horas después de cerradas las urnas- el presidente Petro lanzó un manto de duda, al mostrar una aparente inclusión a última hora de más de 800 000 votantes en el cambiante censo electoral.
De la Espriella saltó de inmediato y en su primer discurso postelectoral llamó “a la fuerza pública, al ejército de la patria, para que activen el mecanismo constitucional en caso de que este delincuente, drogadicto y miserable (Petro), pretenda desconocer la voluntad del pueblo colombiano”.
Cepeda también dijo inicialmente que no reconocería los resultados mientras los jueves que deben examinar el escrutinio a lo largo de esta semana no diesen un veredicto. Pero luego dio marcha atrás y este lunes 1 afirmó que “no hay irregularidades de dimensiones suficientes para hablar de fraude”.
Los candidatos y las fuerzas políticas -Uribe y Valencia ya explícitamente anunciaron su apoyo a De la Espriella- comenzaron a trabajar por ganar la segunda vuelta, en lo que promete ser una carrera contra reloj marcada por el vértigo y la incandescencia de acusaciones sin cuartel.
En lo inmediato, los dos aspirantes empezaron tratativas y a exponer sus condiciones para un debate entre ellos y que rivalizará, seguramente con mucha desventaja en cuanto a audiencia, con el inicio de la Copa Mundial de Fútbol de la Fifa, el día 11 en América del Norte, y en la que compite la selección colombiana.
La mayoría de los analistas que se han pronunciado en Colombia y en la región sobre los resultados coinciden en dar una primera opción de triunfo en el balotaje a De la Espriella, por el impacto del primer lugar y por el apoyo obvio de las opciones y el electorado de derecha.
Sin embargo, líderes centristas se han dado algunos días para sopesar sus decisiones, en particular Fajardo y López, pero también Juan Daniel Oviedo, quien fue compañero de fórmula de Valencia, como candidato a la vicepresidencia.
El caso de Fajardo destaca porque ya declaró que quiere poner sobre la mesa haber obtenido un millón de votos, y el de Oviedo porque, siendo homosexual, fue blanco de expresiones homofóbicas de De la Espriella y podría desmarcarse de la opción derechista y avalar a Cepeda como figura de entendimiento.
Los analistas coinciden en que ambos candidatos deberán mostrar su capacidad de ceder y ganar al centro político, junto con animar a los abstencionistas y con la esperada agitación del fantasma de la victoria del rival que, según la óptica de cada uno, puede llevar a Colombia por un despeñadero.
En el mapa de América Latina, un triunfo de Cepeda mantendría un bastión claramente de izquierda, mientras que la victoria de De la Espriella consagraría el movimiento pendular hacia la derecha y extrema derecha que reproduce en la región el éxito de esas corrientes en Estados Unidos y parte de Europa.
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