22 abril 2026
El calor extremo lleva al límite los sistemas agroalimentarios
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ROMA – El calor extremo está llevando al límite los sistemas alimentarios y agrícolas mundiales, amenazando el sustento de más de 1000 millones de personas, advirtió un informe de Agencias de las Naciones Unidas divulgado este miércoles 22.

Celeste Saulo, secretaria general de la Organización Meteorológica Mundial (OMM), dijo que el calor extremo “actúa como un factor de riesgo acumulativo que magnifica las debilidades existentes en todos los sistemas agrícolas”.

Ese calor extremo ya está provocando la pérdida de 500 000 millones de horas de trabajo al año, y se prevé que los impactos se intensifiquen a medida que aumenten las temperaturas, señala el informe conjunto de la OMM y la Organización de la Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO).

“Es un importante factor multiplicador de riesgos, que ejerce una presión cada vez mayor sobre los cultivos, el ganado, la pesca y los bosques, así como sobre las comunidades y las economías que dependen de ellos”, declaró el director general de la FAO, Qu Dongyu.

En todos los sistemas agrícolas, los impactos ya son visibles. En muchos cultivos importantes, los rendimientos comienzan a disminuir por encima de los 30 grados centígrados (°C) -menor para la papa o la cebada-, lo que provoca debilitamiento de las plantas y una menor productividad.

Para las especies de ganado más comunes, el estrés comienza por encima de los 25 grados Celsius, y un poco antes para las gallinas y los cerdos, que no pueden regular su temperatura mediante la transpiración.

Por encima de ese umbral, muchos animales comienzan a sufrir, buscando inicialmente sombra, bebiendo más agua, comiendo y moviéndose menos, mientras que, si la exposición persiste, comienzan a sufrir problemas digestivos, insuficiencia orgánica y shock cardiovascular.

Incluso cuando no es letal, el calor extremo reduce la producción de lácteos, así como el contenido de grasa y proteína, lo que, entre otras cosas, empeora la huella de carbono de los alimentos de origen animal.

En los océanos, el aumento de las temperaturas está reduciendo los niveles de oxígeno, lo que supone una gran presión para los peces.

Se prevé que 91 % de las aguas en los océanos del mundo experimenten al menos una ola de calor marina en un año. Los bosques también se ven afectados, ya que el calor extremo interrumpe la fotosíntesis y aumenta el riesgo de incendios forestales.

El calor extremo amplifica otros riesgos climáticos. Puede provocar sequías, agravar la escasez de agua, aumentar el riesgo de incendios forestales y acelerar la propagación de plagas y enfermedades, creando lo que el informe describe como “efectos compuestos” que se extienden por ecosistemas enteros.

En algunas regiones, estos impactos ya son graves. Por ejemplo, una ola de calor en Kirguistán en 2025 provocó que las temperaturas subieran unos 10 °C sobre lo normal, lo que contribuyó a una disminución de 25 % en las cosechas de cereales, además de desencadenar plagas de langostas y reducir la capacidad de riego.

Las prolongadas condiciones de calor y sequía en Brasil en 2023 y 2024 redujeron los rendimientos de la soja hasta en 20 %, mientras que una importante ola de calor en América del Norte en 2021 provocó pérdidas significativas en los cultivos frutales y un fuerte aumento de los incendios forestales.

El costo humano es igualmente devastador. En algunas zonas del sur de Asia, África subsahariana y América Latina, el número de días con temperaturas demasiado altas para trabajar podría aumentar a 250 por año, lo que pondría en riesgo a millones de trabajadores agrícolas y socavaría la producción de alimentos.

Para dar respuesta a esta situación, el informe aboga por medidas de adaptación urgentes, como cultivos resistentes al calor, calendarios de siembra ajustados y mejores prácticas de gestión agrícola.

Destaca también que los sistemas de alerta temprana y el acceso a ayudas financieras, como seguros y protección social, también son fundamentales para ayudar a los agricultores a hacer frente a los crecientes riesgos.

“Proteger el futuro de la agricultura y garantizar la seguridad alimentaria mundial requerirá no solo fortalecer la resiliencia en las explotaciones agrícolas, sino también una transición decisiva para alejarnos de un futuro con altas emisiones de gases de efecto invernadero”, concluye el documento.

A-E/HM

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