8 abril 2026

Por qué la psoriasis siempre vuelve al mismo sitio: el descubrimiento sobre la ‘memoria’ de la piel

Por qué la psoriasis siempre vuelve al mismo sitio: el descubrimiento sobre la 'memoria' de la piel
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   MADRID, 8 Abr. (Agencias) –

Hay enfermedades de la piel que no solo aparecen… sino que regresan una y otra vez en los mismos lugares del cuerpo. La psoriasis es uno de los ejemplos más desconcertantes para la ciencia, precisamente por ese patrón repetitivo que parece no tener una explicación sencilla.

    Durante años se ha pensado que cada brote era independiente del anterior. Sin embargo, nuevas investigaciones empiezan a apuntar a una idea completamente distinta: que la piel podría conservar una especie de “huella” de la inflamación pasada, capaz de condicionar lo que ocurre después.

EL MISTERIO DE LOS BROTES QUE SE REPITEN EN EL MISMO LUGAR

    Uno de los aspectos más desconcertantes de las enfermedades inflamatorias crónicas comunes de la piel, como la psoriasis, es cómo se cronifican y ahora un equipo de la Universidad Rockefeller (Estados Unidos) ha tratado de dar respuesta a esta cuestión, tal y como se recoge en ‘Science’.

   Cabe contextualizar que, en 2017, Elaine Fuchs y su equipo de la Universidad Rockefeller abordaron una parte de este enigma investigando un fenómeno curioso: los brotes suelen reaparecer en las mismas zonas.

En el proceso, descubrieron que las células madre de la piel pueden conservar «recuerdos» de experiencias pasadas que, en condiciones normales, las preparan para curar lesiones más rápidamente en el futuro. Sin embargo, si estas respuestas se vuelven disfuncionales, los «malos recuerdos» pueden hacer que el tejido sea hipersensible a los desencadenantes ambientales y provocar inflamación crónica, como en la psoriasis.

    Ya sea para bien o para mal, seguía siendo un misterio cómo los recuerdos de inflamaciones pasadas podían persistir durante años. Pero ahora, el equipo de Fuchs ha encontrado pistas fascinantes. En este nuevo artículo publicado en ‘Science’, identifican nuevos factores epigenéticos clave para la persistencia de la memoria. Mediante una combinación de investigación de laboratorio y aprendizaje automático profundo, localizan secuencias genéticas específicas que impulsan un puñado de recuerdos cruciales a lo largo de los años, características de las enfermedades crónicas.

    «Los hallazgos podrían proporcionar valiosas vías para desarrollar nuevas estrategias terapéuticas para la inflamación crónica y posiblemente otras afecciones humanas como el cáncer, el dolor y la recuperación del peso, donde la capacidad de las células y los tejidos de nuestro cuerpo para mantener un registro de experiencias pasadas puede tener consecuencias perjudiciales», dice Fuchs.

   En 2017, el equipo descubrió la primera evidencia de que los tejidos albergan memoria inflamatoria, algo que durante mucho tiempo se creyó exclusivo de las células inmunitarias. En 2021, identificaron un mecanismo que establece esta memoria al abrir primero partes del genoma durante la inflamación y luego mantener estas regiones abiertas y listas para el siguiente encuentro, incluso después de que la inflamación disminuya.

    Demostraron que el factor de transcripción inflamatorio STAT3 y el factor de estrés general FOS-JUN trabajan juntos para coordinar la activación de la respuesta inicial, mientras que los factores de transcripción de la célula huésped se adhieren al ADN expuesto y lo mantienen en un estado de preparación. En este nuevo estado abierto, solo se necesitan FOS-JUN para reactivar la expresión génica, lo que explica por qué muchos tipos de estrés pueden desencadenar un brote inflamatorio posterior. Desde entonces, se ha reconocido que muchos componentes clave de este mecanismo son mediadores generalizables de la memoria inflamatoria en una amplia variedad de tipos celulares y especies.

QUÉ PODRÍA CAMBIAR EN EL TRATAMIENTO DE LA PSORIASIS

    En el estudio de 2021, los investigadores encontraron cerca de 1.000 regiones de cromatina («dominios de memoria») que se abrieron recientemente debido a un brote similar a la psoriasis en ratones y permanecieron abiertas un mes después de que el brote remitiera.»En nuestra comprensión inicial de cómo funcionaba la memoria inflamatoria, no podíamos distinguir cuáles de estas regiones, si es que alguna, podrían durar lo suficiente como para tener consecuencias en las enfermedades crónicas humanas», plantea Christopher Cowley, coautor principal y antiguo estudiante de posgrado en el laboratorio de Fuchs.

    «Teniendo en cuenta que las personas pueden experimentar brotes de enfermedades con muchos meses o incluso años de diferencia, queríamos averiguar cuánto tiempo podíamos reconocer los signos de inflamación aguda previa en ratones y qué determina la longevidad», añade el estudiante de posgrado Sairaj Sajjath, otro de los coautores principales.

    En busca de respuestas, los investigadores primero indujeron psoriasis en ratones jóvenes. Descubrieron que entre el 10% y el 15% de los recuerdos que persistieron un mes después se mantuvieron hasta el final de la vida del ratón (aproximadamente dos años). Para comprender por qué estos recuerdos a largo plazo perduraron mientras que sus contrapartes a corto plazo se desvanecieron en seis meses, analizaron las características de la secuencia de ADN dentro de cada uno de los recuerdos utilizando un modelo de aprendizaje profundo.

   De esta forma se identificó rápidamente una característica reveladora: los dominios de memoria de mayor duración presentaban una frecuencia inusualmente alta de dinucleótidos CpG (secuencias cortas de ADN de citosina seguidas de guanina, conocidas por desempeñar un papel clave en la regulación genética). De hecho, el modelo predijo que la densidad de CpG incorpora un mecanismo de temporización en cada dominio de memoria: a mayor cantidad de CpG, mayor es la duración de la memoria.

    Los resultados también resolvieron una paradoja de larga data en este campo, afirma Sajjath. «Se ha especulado que los recuerdos codificados epigenéticamente se diluyen con el tiempo a través de las divisiones celulares, y sin embargo sabemos que de alguna manera persisten entre brotes de psoriasis, por ejemplo. Nuestro estudio cierra la brecha entre la comprensión mecanicista de la persistencia de la memoria y las manifestaciones fisiológicas que observamos en entornos clínicos y en el laboratorio».

    Los investigadores planean ahora analizar más de cerca las diferencias entre los buenos recuerdos, como aquellos que permiten una cicatrización más rápida de las heridas, y los malos recuerdos, como aquellos que provocan inflamación crónica como la psoriasis.

    «Hemos dedicado más tiempo a estudiar los recuerdos beneficiosos, así que ahora queremos centrarnos en los desadaptativos, que probablemente aumenten la propensión a padecer enfermedades inflamatorias crónicas y cáncer», finaliza Fuchs. «Identificar las características únicas de los malos recuerdos podría ayudarnos a romper el ciclo de las enfermedades inflamatorias».

CL11