8 abril 2026
Es hora de que África financie su seguridad sanitaria
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TÁNGER, Marruecos – Depender de la ayuda exterior es perjudicial para la salud de África y debe acabar si el continente quiere gozar de seguridad sanitaria. Esta fue la opinión colectiva de los líderes gubernamentales y empresariales reunidos en la 58 Conferencia de Ministros Africanos de Finanzas, Planificación y Desarrollo Económico celebrada en la ciudad marroquí de Tánger.

Más de 40 % de la financiación sanitaria de África procede de la ayuda de donantes, según se señaló en la conferencia, lo que provocó llamamientos para que el continente elabore urgentemente nuevos modelos y fuentes de financiación para respaldar el sistema de prestación de servicios sanitarios en el continente.

En julio de 2025, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, desmanteló la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (Usaid), lo que puso en peligro la supervivencia de muchos programas sociales y sanitarios en África financiados por esa organización de asistencia.

«Las condiciones financieras mundiales se están endureciendo, el coste del capital está aumentando y el margen fiscal se está reduciendo. La ayuda al desarrollo —que en su día fue un pilar fiable de la financiación sanitaria— está disminuyendo y es cada vez más incierta, tanto en escala como en previsibilidad», afirmó Clever Gatete, secretario ejecutivo de la Comisión Económica para África (Cepa), organizadora de la conferencia continental.

La financiación nacional puede ser suficiente

En 2022, África gastó aproximadamente 145 000 millones de dólares en salud, con la mitad del dinero procedente de la financiación pública y la otra mitad de donantes, una situación que empuja a más de 150 millones de hogares africanos a la pobreza cada año, resumió Gatete durante el Foro de Alto Nivel sobre Financiación Sostenible de la Salud celebrado como una actividad colateral de la conferencia.

África se encuentra en una situación financiera difícil. Se enfrenta a una elevada deuda pública de alrededor de 63 % del producto interno bruto (PIB) de media, y en varios países los costes del servicio de la deuda superan su gasto en servicios de salud y bienestar.

«Esta es la realidad a la que nos enfrentamos: unas necesidades sanitarias crecientes en medio de un margen fiscal cada vez más reducido. Sin embargo, dentro de esta limitación se esconde una oportunidad decisiva, no solo para financiar la salud de otra manera, sino para transformar la forma en que nuestros sistemas están estructurados, dimensionados y sostenidos», afirmó Gatete.

Durante el Foro se presentó la Iniciativa de Financiación Sostenible de la Salud de la Cepa, destinada a  promover la inversión en salud en 25 países del continente a lo largo de cinco años.

Gatete destacó la necesidad de rediseñar la forma en que se financian los sistemas de salud en África mediante una mayor movilización de recursos nacionales, como la ampliación de la base impositiva, la mejora de

la eficiencia y la reducción de las fugas. Además, se disponía de instrumentos innovadores, como la financiación combinada y los canjes de deuda por salud, para financiar la atención sanitaria.

«No podemos financiar los sistemas de salud del siglo XXI con modelos del siglo XX. La era de la ayuda como fuente principal de financiación sanitaria ha quedado atrás», afirmó.

Los participantes en el Foro subrayaron que la seguridad sanitaria de África no puede hipotecarse a la financiación extranjera. La sanidad africana, ya plagada de una financiación crónicamente insuficiente, infraestructuras deficientes y personal sobrecargado y escaso, se encuentra en mal estado.

La situación se ha hecho crítica debido a la policrisis de los conflictos que plagan el continente, la pandemia de covid-19 y sus secuelas y los efectos del cambio climático.

Es hora de que África financie su sistema sanitario, y debe hacerlo cuanto antes. «La soberanía sanitaria es soberanía nacional», insistió Gatete.

Taponar las fugas para salvar la salud de África

Tewodros Bekele, director sénior de Programas Globales de la Fundación Susan Thompson Buffett (STBF, en inglés), señaló que el sector sanitario africano se estaba desangrando por el elevado despilfarro de recursos destinados a salvar vidas.

«La salud es un imperativo económico, pero mucho más que eso: nuestros sistemas sanitarios también están contribuyendo al empobrecimiento», señaló Bekele, destacando que los precios de adquisición de productos y servicios médicos en África estaban muy por encima de los valores de referencia mundiales.

Por ello, dijo, se destinan hasta 30 % más de recursos a la adquisición en comparación con los precios medios mundiales.

«¿Cómo estamos aprovechando cada dólar para lograr el mayor impacto posible en la salud?», preguntó. «Nuestro objetivo es redefinir realmente cómo medimos el éxito de la financiación sanitaria; no debería tratarse del presupuesto, sino del coste por vida salvada, del coste por tratamiento administrado y de las comunidades que protegemos del empobrecimiento», puntualizó.

Menos palabras, más acciones

África se ha enfrentado al reto de predicar con el ejemplo. La salud es riqueza, reiteraron los líderes africanos.

Mahmoud Ali Youssouf, presidente de la Comisión de la Unión Africana (UA), hizo hincapié en que la financiación sostenible de la salud era una prioridad económica. Instó a los países africanos a utilizar la salud como pilar de la estabilidad económica y la integración continental.

El responsable de la UA, que congrega a 54 países, se comprometió a garantizar que la financiación de la salud no se percibiera como una carga, sino como un activo de valor añadido que aportará estabilidad al continente africano.

En un discurso por vídeo dirigido a la conferencia, el director general de la Organización Mundial de la Salud (OMS), Tedros Adhanom Ghebreyesus, señaló que los recortes repentinos y severos de la ayuda han perturbado gravemente el acceso a servicios vitales para millones de personas, y pidió un nuevo modelo de financiación sanitaria.

«Los líderes africanos están reconociendo que el modelo actual de financiación ya no es sostenible. Muchos me han dicho que ven esta crisis como una oportunidad para dejar atrás la era de la dependencia de la ayuda y avanzar hacia la autosuficiencia mediante la organización de los recursos nacionales y el aumento de la inversión estratégica en salud», afirmó.

Ahunna Eziakonwa-Onochie, subsecretaria general de las Naciones Unidas, administradora adjunta y directora del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), señaló que la retirada de la ayuda de la Usaid tuvo «un efecto devastador» en varios países africanos que dependían en gran medida de la asistencia externa.

Pero añadió que ese drástico e inmediato recorte de financiación fue un «toque de atención» a los gobiernos de África para que nunca se subcontrate su seguridad sanitaria con terceros.

«La financiación es importante, pero no es la solución milagrosa si no se utiliza adecuadamente», dijo Eziakonwa-Onochie. Y añadió: «Tenemos que hacer frente a la corrupción y las fugas que existen incluso en este sector, incluso cuando disponemos de fondos que no se utilizan para agravar la desigualdad en términos de servicios y acceso».

Hizo también hincapié en que, hasta que los responsables africanos de la toma de decisiones empiecen a utilizar los servicios de salud pública locales, no habrá avances en materia de seguridad sanitaria en el continente.

Por su parte,  Jean Kaseya, director general de los Centros Africanos para el Control y la Prevención de Enfermedades (Africa CDC), destacó que disponer de dinero no lo es todo, sino que lo que importa es cómo se utiliza para prestar servicios sanitarios de manera eficaz en toda África.

Mencionó ineficiencias en el uso de los recursos sanitarios, trabajadores fantasma que figuraban en nómina pero no trabajaban, adquisiciones fraudulentas y procesos de planificación inadecuados. Abogó por la reforma de la arquitectura sanitaria.

El Africa CDC ha puesto a prueba soluciones de financiación innovadoras, instando a los países miembros a invertir más fondos nacionales en la atención sanitaria. Ha publicado una nueva guía de financiación para los Estados miembros.

La estrategia propone formas innovadoras de financiación, como gravámenes solidarios sobre los billetes de avión, el alcohol y los servicios de telefonía móvil, al tiempo que explora cómo los 95 000 millones de dólares que África recibe anualmente en remesas de su diáspora pueden apoyar las prioridades sanitarias nacionales.

En 2001, los países miembros de la Unión Africana, en virtud de la Declaración de Abuja sobre la Salud, se comprometieron a invertir al menos 15 % de los presupuestos nacionales en el sector sanitario, pero solo 5 % de ellos ha alcanzado este objetivo casi dos décadas después.

Ruanda, Botsuana y Cabo Verde han cumplido o superado este objetivo. Mientras que más de 30 Estados miembros de la UA siguen muy por debajo del umbral de 10 %, algunos destinan tan solo entre 5 % y el 7 % de sus presupuestos nacionales a la salud.

Según la Cepa, aunque África goza ahora de una salud mucho mejor que hace 20 años, tiene un déficit de financiación anual de hasta 66 000 millones de dólares.

«Incluso si todos los gobiernos africanos cumplieran con el gasto sanitario de Abuja, el continente seguiría enfrentándose a un déficit de financiación de 66 000 millones de dólares al año», afirmó Yemi Osinbajo, exvicepresidente de Nigeria, quien señaló que el desafío de financiación estructurado no puede abordarse únicamente con fondos públicos, sino que pidió la participación del capital privado.

Osinbajo aseguró que los ciudadanos se enfrentan al riesgo financiero más significativo en la atención sanitaria.

«La principal amenaza para el empleo es la mala salud. Cuando los ciudadanos confían en la sanidad pública, aumenta la confianza en el gobierno», resumió.

T: MF / ED: EG

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