1 abril 2026
El cierre de Ormuz agrava crisis del comercio, los precios y las finanzas
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GINEBRA – Lo que comenzó como una interrupción en un corredor energético clave, el estrecho de Ormuz, ahora está repercutiendo en toda la economía mundial, advirtió ONU Comercio y Desarrollo (Unctad) en un nuevo reporte este miércoles 1.

La interrupción afecta una gran parte de los suministros mundiales de petróleo y gas, con consecuencias inmediatas para la producción, el comercio y el consumo a nivel global, y se propaga a los sistemas de transporte, incluidas las rutas marítimas, la carga aérea y la logística, advirtió la entidad de las Naciones Unidas.

El estrecho que separa Irán de la península Arábiga, y comunica al golfo Pérsico con el de Omán y el océano Índico, es escenario de la confrontación que se desató el 28 de febrero con los ataques de Israel y Estados Unidos sobre Irán.

El reporte, que divulgó la Unctad en esta ciudad suiza, señala que el estrecho de Ormuz, “arteria central para el comercio global de energía, ha visto caer la actividad casi a cero. El tránsito de buques disminuyó de alrededor de 130 por día en febrero a solo seis en marzo, un desplome de aproximadamente 95 %”.

Los choques energéticos se han convertido en el principal canal por el que el conflicto afecta al comercio y la economía global, pues por Ormuz transitaba hasta febrero la cuarta parte del petróleo y del gas que se comercializa internacionalmente.

Los precios de los combustibles han aumentado considerablemente y se mantienen elevados. En el mercado de Londres el barril (159 litros) del crudo Brent del mar del Norte se vendió este miércoles a 105,80 dólares (70 dólares antes de la guerra) y el del Intermedio de Texas a 99,33 dólares en Nueva York (65 dólares en febrero).

Estos aumentos, destacó la Unctad, se trasladan a las cadenas de suministro, incrementando el costo de producir y mover bienes en todo el mundo.

No todos los segmentos del transporte marítimo se ven afectados por igual. Los buques petroleros y de gas natural licuado, que dependen en gran medida de las rutas del Golfo, han sido los más golpeados, enfrentando una reducción de volúmenes y mayores costos por riesgo.

Otros segmentos, como el transporte de contenedores y carga seca a granel, están más aislados, pero igualmente afectados por el aumento de costos e interrupciones.

Si las interrupciones persisten o se intensifican, los daños a la infraestructura energética podrían mantener los precios elevados por más tiempo, lo que prolongaría las presiones inflacionarias.

Las regiones más dependientes de las importaciones energéticas de Oriente Medio, particularmente Asia Meridional y Europa, estarían más expuestas.

El comercio en general inició 2026 con bases sólidas, pero ahora se prevé que pierda dinamismo a medida que avance el año.

Se estima que el crecimiento del comercio mundial de mercancías se desacelerará, de alrededor de 4,7 % en 2025 a entre 1,5 % y 2,5 % en 2026, a medida que se debilita la demanda global y aumenta la incertidumbre.

Las interrupciones representan un choque de oferta, elevando los precios mientras afectan la demanda. Se espera que el crecimiento mundial se desacelere de 2,9% en 2025 a 2,6% en 2026, suponiendo que el conflicto no se intensifique aún más.

El conflicto está sumando nuevos riesgos geopolíticos a nivel global, amplificando sus efectos más allá de los mercados energéticos, subraya la Unctad.

Los costos de transporte marítimo y seguros suben a la par, intensificando la presión. Al mismo tiempo, la inflación repunta, amplificando la inestabilidad financiera. La escalada también está dejando al descubierto vulnerabilidades subyacentes, como el débil crecimiento, el aumento de la desigualdad y los mayores costos de vida.

La tensión también es visible en los mercados financieros.

A medida que aumenta la incertidumbre, los inversores se alejan de los activos de mayor riesgo y venden acciones, bonos y monedas en países en desarrollo. Estas ventas han sido más pronunciadas que en las economías avanzadas. Esto es típico en períodos de mayor riesgo.

Las monedas de los países en desarrollo se han debilitado, encareciendo importaciones como combustibles y alimentos. Al mismo tiempo, los países enfrentan mayores costos para endeudarse en los mercados internacionales, dificultando la obtención de capital, precisamente cuando más se necesita.

Los efectos son más graves en las economías en desarrollo.

El alza de los precios de la energía incrementa los costos de importación, y la debilidad de las monedas amplifica esas presiones. Asimismo, unas condiciones financieras más restrictivas reducen la capacidad de respuesta de los gobiernos.

El efecto se agrava por el aumento de los costos de importación de energía, alimentos y fertilizantes, junto con una menor demanda externa.

Incluso es poco probable que los países exportadores de energía obtengan beneficios claros, ya que los mayores costos de importación y el aumento de la volatilidad contrarrestan los ingresos adicionales.

En las economías más vulnerables, estas presiones también aumentan los riesgos para la seguridad alimentaria y complican la gestión de la política económica.

Los desafíos se suman a las vulnerabilidades de deuda existentes. Alrededor de 3400 millones de personas viven en países que ya gastan más en el servicio de la deuda que en salud o educación, lo que deja poco margen para absorber nuevos choques.

Si las interrupciones persisten, la situación podría evolucionar hacia una crisis en cascada con profundas consecuencias para el desarrollo, concluye la Unctad.

A-E/HM

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