Marre reflexiona sobre los totalitarismos y advierte: «Los nacionalistas son más respaldados por multimillonarios»
VALLADOLID, 29 Oct. –
El cineasta francés Emmanuel Marre ha advertido de la «deriva» hacia los «totalitarismos y fascismos» en su primer largometraje en solitario, ‘Un hombre de nuestro tiempo’, que narra la historia real de su bisabuelo en la Francia de Vichy, a donde el ingeniero oportunista se traslada para escalar posiciones en el régimen colaboracionista con los nazis.
«Lo que está en juego en esta película es la deriva hacia el fascismo y los crímenes fascistas y es realmente importante decir que esto es válido en otros tiempos y lugares», ha explicado el realizador, al tiempo que ha advertido de que «los nacionalistas son más respaldados por los multimillonarios».
Lo ha hecho durante la presentación del largometraje en el marco de la 71 edición de la Semana Internacional de Cine de Valladolid (Seminci), donde compite por la Espiga de Oro y ha tenido su estreno en España.
Con la intención de invitar a la reflexión, el cineasta francés propone un drama histórico compuesto por una narrativa muy detallada en la que da a conocer la vida de su bisabuelo Henri Marre a partir de la correspondencia que se intercambiaba este con su mujer en su estancia en Vichy.
El filme arranca en septiembre de 1940 cuando se instaura el régimen de Pétain y Henri Marre, interpretado por el actor Swann Arlaud conocido internacionalmente por su papel como el abogado en la galardonada película ‘Anatomía de una caída’, está entusiasmado con el mariscal, tanto que deja a su esposa e hijos en un París ya ocupado por los nazis, y pone rumbo a Vichy únicamente con decenas de ejemplares de su libro autopublicado ‘Notre salut’.
‘Notre salut’ o ‘Nuestra salvación’, que además es el título original que ha recibido la película, es un manuscrito en el que el bisabuelo del cineasta propone una guía para «salvar» a la Francia hundida en una profunda crisis provocada por la Segunda Guerra Mundial, un retroceso económico y social que hundió sus inversiones y de las que pretende salir al colaborar con el fascismo.
Con esta propuesta, el director ha explicado que su intención era que los espectadores se pregunten sobre qué hace que personas que no son completamente nacionalistas estén dispuestas a arrojarse a los brazos de un nacionalista antidemocrático en lugar de ir hacia el otro lado, hacia la democracia o los partidos más a la izquierda».
En este sentido, ha detallado que como ciudadano piensa que el nacionalismo es «una técnica de manipulación de masas para que las poblaciones tiendan al autoritarismo que es más beneficiosa a las fuerzas económicas». «Lo vemos hoy en día, los nacionalistas son más respaldados por los multimillonarios», ha aseverado.
Precisamente, el oportunista Henri Marre apuesta por su tratado político como carta de presentación para conseguir prosperar financieramente, sin apenas demostrar su temor y la pobreza que atraviesa, así como hacerse con un puesto entre los burócratas del sur del país, ya que está convencido de la «eficacia» de su visión matemática como ingeniero para salvar a Francia.
«El nacionalismo es una ideología que se encuentra en torno a un principio simple: que los hombres no son iguales en naturaleza, en derecho, en dignidad. No hay igualdad en la humanidad y por lo tanto hay seres humanos que valen más y que valen menos», ha manifestado Marre sobre su «visión como director» con la que ha explicado «lo que pasa cuando se aplica la ruptura con la humanidad».
Durante sus 158 minutos, la cinta se centra en cómo Marre consigue colarse en las noches de Vichy y, a pesar de su desprecio indiscreto a los nazis y el culto a Pétain, consigue trabajo en las oficinas de empleo.
Allí logra un puesto relacionado con tareas que requieren densas conversaciones en las que el protagonista y los burócratas discuten decisiones que pintan como intrascendentes, pero donde en realidad se proponen redadas a los judíos, o como se refiere a ellas Henri Marre, «reubicaciones colectivas».
Al mismo tiempo, el filme explora cómo el verdadero motor de este viaje es la huida de su propia debacle, que esconde ante su nuevo entorno detrás de un rostro misterioso y una actitud compleja para cumplir sus sueños de grandeza y esplendor.
Esta idea la rescató de hace unos 14 años cuando una de sus tías le enseñó una caja en la que estaba la correspondencia de guerra de su bisabuelo durante cuatro años y, tras indagar en ellas, averiguó que «eran una inmersión en el día a día de una familia de colaboracionistas», pero en ellas su bisabuelo hablaba mucho de su trabajo aunque nunca mencionaba lo que hacía concretamente.
Ante ello, el director indagó en los archivos nacionales y regionales, donde se llevó un «verdadero impacto» a raíz de descubrir que «en la escuela de Francia no enseñan lo que realmente era la administración de Vichy y era donde la economía estaba siempre por encima del ser humano». Entre otros hallazgos, ha destacado que el régimen de la ciudad, «sin ninguna presión de los alemanes», creó un sistema de campos de trabajo forzado para extranjeros.
Así, conocer cómo su bisabuelo, un hombre «tan ordinario», colaboró con el régimen nacionalista fue lo que finalmente le empujó a tratar «estos crímenes contra la humanidad», y ha reivindicado que es «la misma realidad que hay hoy en día en Francia».
‘Un hombre de nuestro tiempo’ forma parte de las corrientes más creativas y renovadoras del cine histórico que se combina con un acercamiento personal a las vivencias de su «serio» antepasado, y tiene como intención para el cineasta francés «recrear un presente en la pantalla» para «lograr que los humanos que están en la pantalla y los humanos que están sentados en las butacas de la sala compartan un tiempo en común y tratar de borrar la reconstrucción histórica».
Para conseguir el «acercamiento» a los años 40, los actores, entre los que se encuentran Mathieu Perotto, Bruno Borsu, Harpo Guit y Mathilde Abd-El-Kader, no «fingen» un lenguaje que recuerde a lo clásico, sino que su forma de expresarse «apela más a la sensación, a la precisión sensorial y emocional, que a la exactitud histórica», con unos diálogos que en ocasiones resultan cómicos y que se combinan con música actual.
Además, ha reconocido su «problema» con el «naturalismo» y, para explicarlo, se ha comparado con los museos de ciencia ya que en ellos se encuentran vitrinas con animales disecados con fondos pintados, características del cine histórico tradicional del que se aleja «radicalmente».
Por otra parte, en el largometraje sale a la luz el estropicio en el que se encuentra su matrimonio con Paulette Marre, encarnada por la belga Sandrine Blancke, quien a pesar de conocer la inteligencia y ambición de Henri Marre añora una vida estable, con presencia de su marido en el hogar y en la que este cometiese menos trampas.
Según pasan los minutos, cada vez es más llamativo el papel que encarna Swann Arlaud del que Marre ha expresado que «odia» escribir un guion para el casting y, por ello, tras probar «días enteros» con otros actores, escogió al que finalmente interpretó a Henri Marre.
«Me dijo ‘no estoy seguro de que pueda hacer ese papel. Me gusta enormemente el guion pero no estoy seguro de ser un actor lo suficientemente bueno porque no doy la talla'», ha recordado el cineasta sobre las palabras de Swann sobre el personaje, y ha añadido que cuando aceptó la interpretación le puso el reto de que «no iba a decirle quién era este personaje al principio del rodaje».
En definitiva, ‘Un hombre de nuestro tiempo’ se erige en esta edición del festival como candidato a la Espiga de Oro, en un película que invita a reflexionar a los límites de la ambición y el nacionalismo.
CL2
