Factores sociodemográficos y de estilo de vida pueden influir en la alimentación durante el embarazo, según un estudio
ALICANTE 29 Oct. Diario Dia –
Un estudio de la Unidad de Epidemiología de la Nutrición (Epinut) de la Universidad Miguel Hernández de Elche (UMH) ha analizado qué factores sociodemográficos y de estilo de vida se relacionan o pueden influir con la adherencia a distintos patrones de alimentación durante el embarazo.
La investigación, realizada con 2.404 participantes del proyecto Infancia y Medio Ambiente (INMA), muestra que la edad, el nivel educativo, la clase social, el tabaquismo y la actividad física se asocian de distinta forma con la calidad de la dieta durante la gestación.
El estudio, publicado en la revista científica ‘European Journal of Nutrition’, ha analizado cuatro patrones alimentarios: uno provegetariano general, uno provegetariano saludable, uno provegetariano no saludable y la dieta mediterránea, según ha indicado la UMH en un comunicado.
El primer autor del estudio, el investigador Alejandro Oncina Cánovas, ha señalado que un patrón provegetariano «no implica seguir una dieta vegetariana, sino priorizar los alimentos de origen vegetal frente a los de origen animal».
Asimismo, el patrón saludable concede «más peso» a alimentos como frutas, verduras, legumbres, frutos secos, cereales integrales y aceites saludables.
En el caso del patrón provegetariano no saludable, incluye una «mayor presencia» de alimentos vegetales de «menor calidad nutricional», como cereales refinados, patatas fritas, bebidas azucaradas, zumos, dulces y postres.
Para realizar el estudio, se ha evaluado la alimentación de las 2.404 mujeres participantes mediante cuestionarios de frecuencia de consumo validados, realizados durante el primer y el tercer trimestre del embarazo, de acuerdo con la institución académica.
Los investigadores analizaron posteriormente su relación con factores como la edad, el nivel educativo, la clase social, el índice de masa corporal previo al embarazo, el origen, el tabaquismo al inicio de la gestación y la actividad física durante el primer trimestre.
Así, los resultados han mostrado que «tener 30 años o más se asocia con una mayor adherencia al patrón provegetariano saludable y a la dieta mediterránea».
Además, «no fumar al inicio del embarazo» se relaciona con una mayor adherencia a estos dos patrones, mientras que «realizar más actividad física durante el primer trimestre» se asocia con una mayor adhesión al provegetariano general y saludable y a la dieta mediterránea.
En cambio, la adherencia al patrón provegetariano no saludable ha resultado mayor entre las mujeres «más jóvenes, con menor nivel educativo, fumadoras al inicio del embarazo y que realizaban menos actividad física durante el primer trimestre de embarazo».
De otro lado, las mujeres de origen latinoamericano han mostrado una mayor relación con el patrón provegetariano general y el no saludable. Según el equipo investigador, esta «aparente contradicción» podría reflejar dos procesos diferentes.
Por una parte, «la conservación de hábitos alimentarios tradicionales con una importante presencia de alimentos vegetales» y, por otra, «condiciones sociales y económicas asociadas a la migración que pueden favorecer el consumo de productos vegetales baratos y ultraprocesados».
El estudio también ha encontrado diferencias relacionadas con la posición socioeconómica: una clase social «más alta» se ha asociado con una mayor adherencia al patrón provegetariano general y a la dieta mediterránea.
Sin embargo, el nivel educativo ha mostrado una relación diferente: las mujeres con estudios universitarios presentaron una menor adherencia tanto al patrón provegetariano general como al no saludable.
En este sentido, los autores han señalado que educación y clase social reflejan «dimensiones distintas de la posición socioeconómica» y pueden influir en la alimentación a través de mecanismos diferentes, como «los conocimientos sobre nutrición, la capacidad de planificación o el acceso económico a determinados alimentos».
Asimismo, «los resultados no permiten establecer que estos factores sean la causa de unas determinadas elecciones alimentarias», ya que el estudio analiza asociaciones entre las características de las participantes y los patrones dietéticos y los autores apuntan que «factores sociales, económicos y de estilo de vida suelen estar relacionados entre sí».
En este contexto, la investigadora Sandra González Palacios ha destacado que «identificar estas diferencias puede ayudar a detectar grupos que podrían beneficiarse especialmente de apoyo nutricional antes y durante el embarazo».
La experta también ha subrayado que «las intervenciones dirigidas a mejorar la alimentación durante esta etapa deberían tener en cuenta tanto las decisiones individuales como las desigualdades sociales y las circunstancias que condicionan esas decisiones». «En última instancia, el objetivo es mejorar la calidad de la dieta en un periodo clave para la salud de la madre y del bebé», ha concluido.
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