14 octubre 2026
Latinoamericanos a la moda, basureros desbordados de ropa
Compartir esto:

MÉXICO – La actriz mexicana de publicidad Tania Palacios empezó con la compra de ropa usada en 2015 cuando vivía en Nueva York. “Era una persona que consumía sin cuestionar mucho”, reconoció.

“Al volver a México en 2017, me dio curiosidad e iba a tiendas (de segunda mano). Empecé a consumir más conscientemente”, relató a IPS en Ciudad de México.

Su colega y ahora socia Zayda Aullet ya adquiría prendas con pasado. “Me contó cuánto costaba una prenda de segunda mano y pensé ‘acá hay negocio’. En mi cabeza estaba la idea de crear un negocio de manera asequible. La convenzo de que empecemos un negocio, era como más un juego, hacer algo con el tiempo libre”, reconstruyó la empresaria.

Lo que comenzó en 2018 como curiosidad comercial e instinto alrededor de la ropa se convirtió en Ciclo Curaduría Textil, un floreciente negocio de renovación de ropa usada fundado por Palacios, Aullet y Manuela Casique, que promueve un reuso circular con el comercio de prendas de segunda mano, originales o tratadas.

“La producción de ropa masiva es un abuso a una sociedad con una necesidad importante de generar ingresos, como en los países donde se maquila y ganan una cantidad absurda al mes. Es una nueva forma de esclavizar a la gente. Lo que me impacta más es el planeta. La manera en que consumimos sin cuestionar es absurda. Nos estamos acabando el mundo”, lamentó Palacios.

La tienda, especializada en fibras naturales, obtiene la ropa en mercados, donaciones y clientes que venden sus vestimentas.

Ciclo, que inició en línea y ya tiene local físico, es uno de los crecientes emprendimientos de ropa usada en ciudades como la capital mexicana, en medio de la sobreabundancia de prendas nuevas y de reciclaje textil incipiente.

“La producción de ropa masiva es un abuso a una sociedad con una necesidad importante de generar ingresos, como en los países donde se maquila y ganan una cantidad absurda al mes. Es una nueva forma de esclavizar a la gente. Lo que me impacta más es el planeta. La manera en que consumimos sin cuestionar es absurda. Nos estamos acabando el mundo”: Tania Palacios.

Los consumidores aztecas compran entre 2500 millones y 3500 millones de piezas de ropa al año, según cifras de la industria. Mientras, datos de la Secretaría (ministerio) de Medio Ambiente y Recursos Naturales indican que el desecho totaliza unos 2089 millones de toneladas de textiles al año en este país latinoamericano.

A su vez, la capital mexicana, de más de ocho millones de habitantes que rebasan los 23 millones con el área conurbada, desechan unos 150 000 toneladas de residuos textiles anuales, entre ropa, calzado, bolsas, fundas y tapicería, y cuyo reprocesamiento solo alcanza 1 %.

Cada fin de semana, las tiendas de ropa de todo tipo atraen compradores de mercancías que en semanas o meses llenarán algún basurero, lo que conlleva secuelas ambientales, económicas y sociales. Asimismo, los sistemas de recolección conectan las vitrinas con los rellenos, lo que subraya la urgencia de controlar la producción y fomentar el reciclaje y reutilización de los tejidos.

En una dimensión paralela, coexisten tiendas de ropa usada o de segunda mano, de piezas importadas, popularmente conocidas como “pacas”; puestos en los mercados móviles, los “tianguis (mercados al aire libre)”, y sitios en línea. Pero no compensan el tsunami de textiles que sale de los establecimientos y pasa por los clósets mexicanos.

No es una realidad única de México. Naciones como Argentina, Brasil, Colombia y Perú, centros de la industria textil de la región latinoamericana, atraviesan por una situación similar.

Mientras el Norte global bosqueja y planifica la producción, el Sur global aporta bajo costo laboral, alto impacto ambiental y un mercado jugoso, regular o irregular.

La cadena abarca el origen, diseño, cultivos, como algodón o lino; elaboración de tejidos, manufactura, publicidad y venta minorista.

Impulsada por el comercio electrónico, desde la década pasada ha cobrado auge la moda rápida (“fast fashion”, en inglés), la producción y venta de piezas descartables, de bajo precio e igual calidad, preferida por la llamada “generación Z”, nacida en los años 90 o principios del decenio de 2010. La explotación laboral y el alto impacto ambiental marcan esa fabricación masiva.

Vista satelital del basurero de ropa usada en el desierto de Atacama, en el norte de Chile, en 2022. El país sudamericano es el mayor importador de prendas de la región y cuya mayoría termina en vertederos ilegales. Imagen: Skyfi

Por montones

En dos recorridos que ha realizado desde el año pasado, la mexicana Diana Hernández, fundadora de la plataforma online Fundamentally, ha hallado islas de cobijas, manteles y cortinas en barrancas del noroeste capitalino, revueltas con plásticos, papeles y otros desechos, y cuyo retiro es costoso.

“Tenemos una sobreproducción de ropa. Es un problema sistémico que se ha desbordado”, enfatizó a IPS.

En 2023, lanzó la Guía de Auditoría de Clóset, una evaluación y reorganización de los armarios para empujar la reflexión sobre los hábitos de compra.

“Tenemos una sobreproducción de ropa. Es un problema sistémico que se ha desbordado”: Diana Hernández.

Como en el resto de América Latina, el sector textil mexicano es mayoritariamente informal, tiene rostro de mujer y depende de pequeñas y medianas empresas (pymes). Y mientras Brasil y México carecen de esquemas textiles sostenibles, Colombia y Chile han avanzado lentamente.

Unas 20 000 unidades productivas generan alrededor de un millón de empleos directos e indirectos. Sin embargo, el contrabando y las importaciones legales e ilegales han socavado a un segmento que floreció con el Tratado de Libre Comercio de América del Norte de 1994, sustituido en 2020 por el Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá, y luego ha retrocedido.

El volumen de la fabricación de insumos textiles, telas y productos finales, excepto prendas de vestir, aumentó en julio pasado, en comparación con el mismo mes del año angerior, pero la producción de prendas y la cantidad de empleados y horas trabajadas cayeron, en una tendencia a la baja.

En México, la segunda economía latinoamericana y con 129 millones de habitantes, no existe una regulación específica para los procesos de fabricación, tipos de materiales, procesos de reciclaje o reúso de fibras para la industria textil y del vestido.

Por ello, el reciclaje puede fomentar mejores prácticas, al reducir residuos que tardan muchos años en degradarse, ahorrar agua, disminuir la contaminación por químicos y microplásticos, así como aminorar la dependencia del mercado internacional y fomentar la producción nacional.

El reaprovechamiento textil es el esfuerzo sistemático para desviar ropa, restos de telas y textiles domésticos, del flujo de desechos y transformarlos en materiales utilizables.

El proceso parte de la recolección, en la que particulares, empresas u organizaciones recogen los textiles desechados y los clasifican en función de su calidad, composición material y potencial de reciclado.

La Ley General de Economía Circular, de 2025, no establece esquemas para el sector textil, pero su reglamento en construcción podría incluirlos.

Desde ese mismo año, el Congreso legislativo de Ciudad de México tiene en su recinto una iniciativa sobre reciclaje. Además, la capitalina Secretaría de Medio Ambiente anunció la elaboración de una propuesta de normativa para el manejo integral de los residuos textiles, aún sin materializar.

Un puesto callejero que ofrece ropa de segunda mano en el centro-sur de Ciudad de México. La popularidad del comercio de prendas con historia crece en América Latina a través de tiendas, mercados ambulantes y sitios en línea. Imagen: Emilio Godoy / IPS

Vitrinas globales, basureros locales

Brasil, la primera economía latinoamericana y con 203 millones de habitantes, ocupa el quinto lugar entre las mayores industrias textiles mundiales y el cuarto entre los mayores productores de ropa.

Posee la única cadena de valor textil completa del mundo occidental, que abarca desde la producción de fibras, como el algodón, hasta las hilanderías, las tejedurías, los procesadores, los fabricantes de prendas de vestir y un sólido segmento minorista.

Su industria abarca unas 25 000 empresas, lo que la convierte en el segundo mayor empleador de la industria manufacturera, detrás de la industria alimentaria y de bebidas, con 1,33 millones de trabajadores directos.

En 2024, produjo 2,2 millones de toneladas de textiles y generó más de 152 000 toneladas de residuos, de los que recicla 60 000.

Frente a ese panorama, Brasil cuenta con una Ley de Incentivos para el Reciclaje de 2021 y puso en marcha su Estrategia Nacional de Economía Circular en 2024, basada en la eliminación de residuos y contaminación; circulación de materiales y productos y regeneración de la naturaleza.

Colombia, la cuarta economía regional y con 54 millones de habitantes, vive un contexto similar. Unas 10 000 empresas, que emplean a más de 500 000 personas, hilaron en 2024 unas 174 000 toneladas, mientras que los desechos suman aproximadamente 200 000 toneladas, cuyo reciclaje es bajo.

Pero la aguja de la eficiencia cose con lentitud. Si bien el país cuenta con una Estrategia Nacional de Economía Circular, la correspondiente al sector textil y de confección sigue en preparación. Además, en 2024 el Congreso legislativo archivó, por la renovación de esa instancia, una iniciativa de 2022 que creaba un sistema integral de gestión de residuos para las grandes corporaciones.


También le pueden interesar:

Proyecto de reciclaje inflama ánimos en centro de México

Bonos de plástico, otros como los del carbono

México tiene un problema orgánico con sus residuos


Debido a su situación peculiar, Chile, la quinta economía latinoamericana y con 19 millones de habitantes, lidera iniciativas de economía circular en la región. Sin industria nacional, es el mayor importador de ropa usada en América Latina y figura entre los mayores diez del mundo.

Ya tiene una Hoja de Ruta de Economía Circular para 2040, dentro de la cual aparece el plan para textiles.

Su objetivo busca la reducción del consumo excesivo de productos textiles, la promoción de modelos de negocio circulares y el empleo formal; la mejora significativa de la recuperación y reutilización de los residuos y la eliminación de los vertederos ilegales.

A ello se suma la Ley de Responsabilidad Extendida del Productor, de 2025, que incluye a las telas dentro de los siete productos prioritarios. El marco legal responsabiliza financieramente a los productores e importadores desde su producción hasta la gestión al final de su vida útil.

En 2022, el país andino recibió aproximadamente 124 000 toneladas de telas usadas, de las cuales cerca de 75% se consideró no reutilizable y por lo que acabó en vertederos, como en el desierto de Atacama, en el norte chileno. Apenas 1% de los residuos se recupera.

La importación encierra un proceso complejo. Los acopiadores revenden a un operador comercial, quien procesa, empaqueta y exporta. El importador comercializa los fardos, que terminan en los tianguis mexicanos o, en la mayoría de los casos, entre la arena chilena.

Todos estos enfoques enfrentan un futuro nublado por el arribo de gobiernos de extrema derecha en Argentina, Colombia, Chile y Perú, que significan un retroceso ambiental, más la probabilidad de que el candidato ultraderechista Flávio Bolsonaro triunfe en la segunda vuelta electoral brasileña del 25 de octubre.

Bajo el emblema de “reduce, reúsa, recicla”, empresas de reciclaje han colocado puntos de recolección de tejidos para su reutilización en varias líneas, como el de la imagen en el oeste de Ciudad de México. Imagen: Emilio Godoy / IPS

Enfoque integral

Las fuentes consultadas coincidieron en la necesidad de regulaciones e incentivos, especialmente alrededor de la responsabilidad extendida del productor.

“Las marcas deberían producir pensando en qué va a suceder cuando esté deteriorada o la gente ya no la quiera. No es solo es diseñar una prenda pensando en la venta, sino en su destino. Como consumidores, tenemos todo el poder y está en cada uno de nosotros qué consumir”, planteó Palacios.

Mientras, Hernández propuso la revisión impositiva y de subvenciones a la producción de ropa, así como combate al contrabando y promoción del reciclaje.

Sin fomento a la reutilización, la ropa seguirá atrapada en el mito de Penélope. De día, la industria trenza lo que las recicladoras deshilan de noche. Como afirmó Hernández: «la moda es caníbal».

ED: EG

CL14