Jugadores rehabilitados piden más prevención ante la ludopatía: «El juego me ha ganado»
MADRID, 10 Oct. Agencias –
Las vueltas de la bola sobre la ruleta, los dibujos de la tragaperras que se suceden uno detrás de otro, cofres con premio, apuestas deportivas, a pares o impares, a rojo o negro… «Pensaba que iba a ser rico», admite Juan Carlos Gallego. Tiene 62 años y es adicto al juego. Desde hace más de 10 años asiste a terapia en la Asociación para la Prevención y Ayuda al Ludópata (APAL), de la que ahora es presidente.
Asegura que «de joven perdió mucho dinero en partidas de póker clandestinas». Con 50 años llevaba «una vida normal y corriente», estable, hasta que cayó en las apuestas deportivas. «Empecé a jugar 1.000 o 2.000 euros cada día, entonces había días que ganaba y otros que no, otros que no, otros que no… Como siempre», reconoce. Tras un año así, decidió contárselo a su mujer, y entonces entraron en la Asociación.
APAL pertenece a la Federación Española de Jugadores de Azar Rehabilitados (FEJAR), funciona desde hace más de 25 años y, según cuenta Gallego, es la asociación de ludópatas «más grande de España». Allí, los exjugadores y sus familiares organizan terapias impartidas por psicólogos expertos en adicciones. Los jugadores cambian los amplios e iluminados salones del bingo, por una sala pequeña, fría, donde grupos de no más de 10 personas se sientan a contar su experiencia con la esperanza de no repetirla.
La ludopatía, denominada oficialmente Trastorno del Juego, es, según el DSM-5, el Manual Diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales, «un comportamiento de juego problemático persistente y recurrente que causa un deterioro o malestar clínico significativos». La primera vez que se reconoció como enfermedad fue en 1980.
Este sábado, 46 años después, se celebra el Día Mundial de la Salud Mental y, jugadores rehabilitados, como Javier, quien prefiere no revelar su apellido, reconocen que «falta prevención». Y es que, según la Encuesta Domiciliaria sobre Alcohol y otras Drogas (EDADES 2024), se estima que en la Comunidad de Madrid 62.087 personas de entre 15 y 64 años «realizan un juego problemático o padecen trastorno de juego». Además, «7.213 serían menores de 25 años», un 18% más que en 2022.
Justamente hace apenas un par de semanas, el pasado 30 septiembre, la Comunidad de Madrid convocó una serie de subvenciones que alcanzan los 500.000 euros para apoyar durante 2027 iniciativas de entidades locales que prevengan el juego, tal y como se recoge en el Boletín Oficial de la Comunidad.
En el caso de Gallego, desde pequeño le ha gustado competir en todo, «que es un perfil habitual en jugadores», señala. Aunque la vicepresidenta de la Asociación Madrileña para el Estudio y Tratamiento de Adicciones Conductuales (AMETAC), Bayta Díaz, defiende que no hay un prototipo de adicto al juego: «Vienen principalmente hombres, pero cada vez atendemos a más mujeres». Además, la ludopatía tampoco entiende de edades. Díaz cuenta que en su centro, donde no tratan menores, hay «gente de 18 y gente de 70» años.
En cuanto a los tipos de juego, la vicepresidenta de AMETAC analiza el crecimiento de cada uno e indica que se está produciendo un ligero repunte de jugadores de tragaperras en los últimos años, tal y como refleja la encuesta EDADES 2024, y que los que más han aumentado son los videojuegos, en un 13,2%. Díaz apunta al año 2011 como el «desborde total», que es «cuando se legalizó el juego online en España».
Javier, que tiene 29 años y en noviembre cumplirá tres en los que no se ha jugado «ni un café», es un caso de la adicción a los juegos a través de internet. Cuenta que empezó a ir «por diversión» a casas de apuestas con amigos cuando tenía 17 y acabó jugando «solo en el casino online tumbado en la cama». Estuvo dos años jugando compulsivamente y los últimos meses ya «era consciente de que tenía un problema», pero «continuaba pensando que podía solucionar las deudas jugando».
La situación se fue agravando hasta que se vio con «la cuenta en negativo y pidiendo créditos», señala Javier, que lamenta haber llegado al punto en el que tuvo que reconocer lo más difícil para un jugador y lo que le llevó a pedir ayuda: «El juego me ha ganado».
Finalmente, decidió contárselo a su familia y a su pareja. A día de hoy, ellos cuenta con las claves de todas sus cuentas bancarias. «Tengo acceso al banco, pero si compro algo la notificación les llega directamente», explica Javier mientras apunta a que este, junto a haber entrado en Jugadores Anónimos, ha sido uno de los aspectos que más le han ayudado.
Más allá de esa falta de prevención que critica, Javier apunta que hay una norma que es «la mejor ley que tenemos en el país». Se refiere a la autoprohibición al juego, un sistema que registra 4.096 personas dadas de alta en la Comunidad de Madrid en 2024 y que ha de renovarse cada seis meses, según recoge la Dirección General de Ordenación del Juego.
«Entonces yo lo que hago con mi pareja es que cada seis meses nos sentamos frente al ordenador, me doy de baja, y acto seguido me doy de alta, en cosa de cinco minutos», detalla. «Los que lo aprueben online tienen que alucinar, pero me da exactamente igual», se ríe Javier.
Ahora, tanto Juan Carlos como Javier están autoexcluidos y no pueden entrar en ningún salón de juego. El primero ya no ve deportes para no sentirse incitado, mientras que el segundo evita acercarse al bingo de las fiestas de su pueblo porque, como explica Juan Carlos, son «como un fumador o un bebedor»; son adictos para siempre.
Javier espera que «esto le dure toda la vida», porque, como él mismo dice: «Sé a la mierda a la que me ha llevado y no quiero estar ahí». Por su parte, Juan Carlos tiene claro qué es lo que quiere: «Tengo ganas de recuperar cada día, porque he vivido un infierno, pero por lo menos hay algo que no me quita el sueño y que no me quita el dinero, que es el juego».
CL11
