Diego Luna alerta del «orgullo» de los discursos de odio contra los migrantes: «El miedo es muy rentable»
MADRID, 6 Oct. –
El actor y director mexicano Diego Luna ha alertado del auge de los discursos de odio y rechazo hacia las personas migrantes, un fenómeno -el de la migración- que aborda su película ‘Ceniza en la boca’, basada en la novela homónima de Brenda Navarro.
«Hay como un orgullo en esos discursos de odio, en ese discurso ignorante, de rechazo. Hay mucha estridencia que acompaña estos discursos y es muy fácil capitalizarlo en términos políticos y en términos económicos. El miedo es muy rentable», ha señalado Diego Luna en una entrevista con Agencias.
La película, que transcurre en España y aborda la migración latinoamericana, parte de la historia de una joven que llega al país para encontrarse con su madre, quien lleva ocho años trabajando ilegalmente para mantener a sus hijos. El cineasta cree que la cinta puede funcionar como «un espejo» de las sociedades en distintos países al narrar las dificultades a las que se enfrentan las personas migrantes.
«Yo lo veo en mi país y probablemente cuando esta película pase en otros países servirá como espejo para reflejar esos gestos de la sociedad que hablan de la peor parte de nosotros, esas pequeñas violencias veladas en lo cotidiano que las comunidades migrantes encuentran», ha explicado el cineasta, que considera que el cine puede ser una herramienta para favorecer el entendimiento.
En este sentido, Luna ha defendido que la película busca que el espectador sea capaz de ponerse «en los zapatos del otro». «Ojalá que la película consiga que el espectador se ponga en los zapatos del otro. En el momento en el alguien reflexione por qué alguien deja todo detrás», ha señalado, antes de confiar en que ese ejercicio permita que los discursos de odio se transformen «en otra cosa, en respeto, en entendimiento y en generosidad».
El actor y director llegó al proyecto después de quedar profundamente marcado por la novela de Brenda Navarro. «Fue una lectura que me atravesó, me resonó por todos lados», ha explicado Luna, quien ya había leído una obra anterior de la escritora mexicana. En ‘Ceniza en la boca’ encontró una historia que le llevó a reflexionar sobre «la ausencia materna y las fracturas familiares que la migración trae».
«Cuando encontré eso ahí, ya no pude dejar de pensar en la historia, en este personaje, y a fantasear en cómo esta ausencia materna termina marcando y definiendo a este personaje femenino que interpreta Anna Díaz», ha relatado.
Además, Luna ha destacado la «generosidad» de Navarro al permitirles realizar una película inspirada en su novela con libertad para hacer su propia adaptación. «Nos dio muchísima libertad y eso se lo voy a agradecer siempre», ha asegurado.
Para Anna Díaz, la película también tiene una dimensión personal. La actriz, que interpreta a Lucila, conoció la novela después de obtener el papel, ya que durante el proceso de casting el proyecto tenía otro nombre. Tras recibir el sí de Luna, leyó el libro y asegura que se lo terminó «casi en un día» porque no podía dejar de leerlo.
La actriz ha explicado que su propia experiencia familiar le permitió acercarse al personaje desde un lugar especialmente cercano, ya que su madre también tuvo que emigrar. «Se me quedó grabado una frase del libro que decía que las madres intentan abrazar a sus hijas lastimadas y las hijas lastimadas no se dejan abrazar. Y creo que eso es parte de lo que sucede entre ellas, porque no se dan ese momento para platicar de mujer a mujer», ha afirmado.
Para Díaz, esa relación entre madres e hijas atraviesa la película porque ambas «no se dan ese momento para platicar de mujer a mujer». El trabajo en la película, ha señalado, también le permitió acercarse de otra manera a su propia madre.
La vivienda y la precariedad también aparecen en la historia de Lucila, una joven que tiene dificultades para encontrar un espacio propio en su llegada a España. El cineasta ha reflexionado acerca de cómo la crisis de la vivienda puede afectar a las personas migrantes.
«Sin duda, este personaje le resulta muy difícil encontrar su espacio», ha explicado. Sin embargo, ese espacio termina apareciendo de una manera inesperada: en un piso en el que viven seis mujeres con sus hijos, un lugar diseñado para una familia pequeña pero en el que todas terminan encontrando acomodo.
«Esa aparente incomodidad que para ella es todo lo contrario, es el abrazo que buscaba», ha señalado Luna, quien considera que esa situación permite mostrar también cómo se articula y se acompaña una comunidad migrante.
Para el cineasta, esa dimensión colectiva conecta con la propia experiencia de acudir al cine: «El cine nos invita y nosotros acudimos primero a un encuentro con extraños con los que vamos a compartir la experiencia de asomarnos a través de la pantalla a la vida de otros que no conocemos y con la esperanza además de encontrar una conexión». «Lo que hacemos en el cine después estemos dispuestos a hacerlo afuera del cine», ha concluido Luna.
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