ENTREVISTA | Travis Birds y su ‘viaje’ hacia la verdad propia: «Me he ido convirtiendo en la persona que quería ser»
MADRID, 5 Oct. –
Hay veces que hay que reinventarse para seguir adelante, y hay otras que, simplemente, hay que dejar de esconderse. Travis Birds ha elegido esta segunda opción. Fue en 2016 cuando empezó a dar sus primeros pasos en el mundo de la música y, ahora, diez años después y con tres discos a sus espaldas, la cantante se prepara para publicar su cuarto álbum ‘N211’, que según confiesa, es el más personal que ha hecho hasta la fecha. Para ella, supone un recorrido introspectivo por las distintas fases de alguien que ha dejado de pelearse consigo misma para empezar a reconocerse.
‘Zombieland’ es la canción que llega como primer adelanto de este nuevo trabajo, que verá la luz junto a su videoclip, en el que CHANCE ha tenido la suerte de ‘colarse’, a finales de octubre.
Esta canción marca el inicio de una etapa que la artista define como un viaje hacia la verdad propia. Y antes de que eso ocurra, hemos hablado con ella sobre el proceso de creación del disco, que además ha sido grabado en directo durante una semana de encierro junto a una banda de siete músicos, sobre su evolución como artista desde ‘Año X’, su primer disco, hasta hoy, y sobre las colaboraciones que han ido marcando su carrera, desde ‘Grillos’ junto a Leiva, hasta ‘Todo o Nada’ junto a Bunbury… Sin olvidarnos de su interpretación de ’19 y 500 noches después’ en el álbum tributo a Joaquín Sabina, ‘Ni tan joven, ni tan viejo’. También se ha sincerado sobre feminismo, sobre la industria musical y sobre la crisis de la vivienda, uno de los temas que más le preocupan en este momento.
Travis Birds vuelve, y lo hace sin personaje detrás del que esconderse.
CHANCE: Estás a punto de presentar ‘N211’, tu cuarto álbum, que supone un recorrido introspectivo. ¿Por qué es esto así?
Travis Birds: Es más un camino personal, y creo que es el disco más personal que he hecho hasta ahora, en cuanto a lo que he expuesto. Es en el que menos he necesitado esconderme detrás de un personaje: he notado cómo me he ido convirtiendo en la persona que quería ser. Ha sido un camino de sudor y sangre.
Es el disco que más me representa hasta ahora, y eso no significa que los anteriores no lo hicieran, porque en todos ellos he sido yo. Pero quizás sí que siempre he sido una persona que ha usado mucho la metáfora y cierta distancia con lo más íntimo de mí.
CH: ‘Zombieland’ será el primer single, que lanzas a finales de octubre. ¿Por qué elegiste esta canción para abrir esta etapa y qué historia hay detrás?
Pues porque para mí esta canción abre este periodo, recoge perfectamente dónde empieza el viaje. Todo el concepto del disco está basado en un viaje hacia la verdad propia: dejar atrás lo que no funcionaba para mí, dejar de pelearme por cambiarlo y, simplemente, mirar quién eres, asumirlo y empezar a actuar en coherencia con eso.
‘Zombieland’ representa esto perfectamente, porque además es bastante literal en cómo cuenta esa decisión de necesitar irme de un lugar, soltarlo todo, echar a correr y apostar. Recoge todo el concepto del disco: «lo que no funciona, cámbialo tú». Es como soltarlo todo para confiar de verdad en las posibilidades que tienes, en lo que puedes llegar a encontrar, y apostarlo todo por hacer las cosas a tu manera.
CH: Es la primera vez que grabas un disco entero en directo y de forma simultánea, encerrada una semana en una casa, en Tarragona, con una banda de siete músicos. ¿Cómo fue esa semana y qué cambia en una canción cuando se graba así, todos a la vez?
Ya no quiero volver a hacerlo de otra manera. Fue un experimento total, que podría haber salido mal. A algunos músicos ya los conocía, pero a otros los admiraba sin haber llegado a tocar con ellos, como es el caso de Anabel Pérez, que estuvo a los teclados. Tenía muchísimas ganas de hacerlo así, tanto por la experiencia como por enfocar la producción de una forma en la que la canción se creara con todo a la vez. Partiendo de una maqueta y unas referencias en las que basarnos. La idea era construir esto desde una energía común.
Fue una de las semanas más bonitas de mi vida, sin duda. Hubo una energía brutal, también por las personas que tuvimos la suerte de que vinieran, tanto por su talento musical como por la energía tan bonita que trajeron, la ilusión… La verdad es que fue mágico. Además, llegábamos de un proceso de composición del disco que fue muy duro, una época en la que tuve que rehacer equipos, y no fue nada sencillo al principio.
CH: Tuvo que ser complicado…
Sí, fue difícil. Había perdido bastante la confianza en mi parte compositiva, estaba con mucha presión, intentando hacerlo muy bien, y empecé a perder un poco el norte.
El hecho de, de repente, meternos ahí esa semana y ver cómo las canciones pasan de papel a sonido… No puedo explicar lo emocionante que fue. Pude hacerlo con amigos y con personas a las que admiro, y era algo que necesitaba.
CH: En esa semana contaste con Tato Latorre en la producción y con músicos como Gloria Maurel (batería de Rigoberta Bandini) o Anabel Pérez al piano. ¿Cómo elegiste al equipo y qué aportó cada uno al sonido del disco?
Tato es amigo y ha sido quien ha estado al mando de la producción. Ha sido un proceso muy curativo y lleno de autenticidad.
Para elegir al equipo, pusimos en común los nombres junto con Tato. Queríamos perfiles muy concretos, y al final fue un poco una apuesta, porque realmente no nos conocíamos. A Anabel sí había tenido oportunidad de conocerla, y llevaba mucho tiempo queriendo hacer algo con ella. A Gloria la conocía a través de Tato, pero me encantó su estilo y vimos que podía ser la candidata perfecta. Luego está Javier Pedreira, del que soy la mayor fan del mundo, me parece el mejor guitarrista que hay, la persona que mejor toca la guitarra, para mí. Y, por último, Chapo, al bajo, al que ya conocía. Fue una apuesta en la que tuve mucha suerte. Todo un regalo.
CH: Además, trajiste a España por primera vez al artista mexicano Arath Herce, nominado a cuatro Grammy. ¿Cómo llegasteis a trabajar juntos y qué te descubrió a nivel creativo?
Tato y yo ya hemos hecho bastantes trabajos juntos, y los dos queríamos un enfoque de fuera, a alguien que nos sacara de nuestra zona de confort y que no viniera de ninguno de los dos mundos que ya teníamos nosotros.
Fue una locura, porque le propusimos traerlo de México para la semana de grabación y que nos diera su visión. Queríamos el aporte artístico que él tiene, esa sensibilidad «preciosista», delicada y con mucha profundidad. Nos pareció, de repente, el enfoque perfecto para sumar a lo que ya teníamos.
También fue muy arriesgado, porque no lo conocíamos, pero salió espectacular. Nos ha dado un toque precioso al disco y el punto exacto que tanto buscábamos y que nos faltaba desde fuera.
CH: Has colaborado con grandes artistas como Leiva o Bunbury, entre tantos otros. ¿Habrá colaboraciones en tu nuevo disco?
En principio es un disco muy basado en un viaje personal, y la verdad es que no soy de las que meten colaboraciones porque sea lo que hay que hacer. Si surgen de forma orgánica, genial, pero a veces los tiempos no lo permiten. Este es un disco conmigo a solas.

CH: Tu carrera empezó con ‘Año X’ (2016), un disco financiado con crowdfunding, y hoy presentas tu cuarto álbum. Si miras atrás, ¿qué queda de aquella Travis y en qué momento sentiste que cambiabas de piel como artista?
Creo que no he dejado de cambiar de piel desde el momento en que arranqué, la verdad. En general creo que la evolución humana, si estás en movimiento, te exige cambiar de piel constantemente e ir recomponiéndote de las cosas. Dentro de una carrera musical no tengo la referencia de haber hecho otra cosa distinta, pero creo que es un mundo complicado, un mundo en el que te vas a recomponer y levantar bastantes veces. Yo me siento una privilegiada. Voy a pasitos lentos, pero siempre fuertes.
Lo que queda de esa Travis es el pulso… El pulso y la confianza de que hay algo más elevado a lo que yo necesito aspirar, que para mí es la música, y que está por encima de todo lo demás. Digamos que la Travis que está en tierra es un poco más guerrera, más de pelear, y la Travis que está allá arriba creyendo en algo sigue siendo la que lo inició todo y la que sostiene todo en el día a día, afortunadamente.
CH: ‘Coyotes’ fue la cabecera de la serie ‘El Embarcadero’ y participaste en el tributo a Sabina, «Ni tan joven ni tan viejo», con tu versión de ’19 días y 500 noches después’, en la que interpretabas a María, una mujer empoderada que daba la vuelta a la historia de la icónica canción. ¿Qué supusieron esos dos hitos para ti y cómo los recuerdas?
Los recuerdo como puntos de inflexión, sobre todo ‘Coyotes’, que me situó en el mapa porque yo hasta entonces lo había hecho un poco todo sola: no tenía equipo ni todas las cosas que necesitaba para que la música empezase a expandirse. Publiqué mi primer disco y lo subí directamente a Spotify. Había sido un camino muy solitario, y ‘Coyotes’ hizo que me situara en la industria. Llegó mucho público, pero sobre todo me dio un huequito dentro del panorama musical español.
Por otro lado, interpretar a María en la versión de ’19 días y 500 noches después’ reforzó ese hueco en la industria. Yo no me lo esperaba, lo hice con una ilusión increíble porque me parecía un privilegio tremendo tener esa canción y estar en un disco con un elenco de artistas tan espectacular, en el que yo era la más desconocida de largo. Después me costó mucho creer que eso realmente podía darse, y cuando se publicó fui consciente por primera vez. Ahí llegó una oleada enorme de gente de todo el país.
CH: Fue muy rompedor ver cómo una mujer daba la vuelta y contaba su versión de la famosa canción de Joaquín Sabina, que escribió Benjamín Prado.
Poder defender un texto tan bien hecho, dentro de una canción tan bonita y tan espectacular, es un privilegio. Recuerdo la primera vez que la escuché, cuando era «chiquitaja». Y es increíble que, años después, de repente me llegase algo así.
CH: ‘Grillos’, tu colaboración con Leiva, es una de tus canciones más queridas. La tenías guardada desde hacía años. ¿Por qué esperaste para compartirla y qué te dio trabajar con él?
Porque siempre la noté especial, y a la vez era una canción muy pequeña… No tiene una estructura al uso, es casi un monólogo. Se me hacía una canción muy vulnerable y, a la vez, yo le veía mucha magia. Así que la quise guardar hasta encontrar un momento especial, y cuando se la propuse a Leiva sabía que, si él la cogía, iba a saber hacerla grande sin cambiarla. Digamos que soy muy intuitiva, siempre escucho mi intuición y sé cuándo tengo que sacar algo y cuándo no. La tuve guardada un tiempo, hasta que supe que iba a tener una oportunidad de crecimiento muy grande. Y así fue.
CH: Una de tus últimas colaboraciones es ‘Todo o Nada’ con Bunbury, que salió a finales de junio. ¿Cómo surge esta colaboración?
Esto surgió porque me enteré de que conocía mi proyecto, porque compartió mi anterior álbum, ‘Perro Deseo’, como uno de los mejores discos del año. Yo soy fan de Bunbury desde pequeña, así que pensé en aprovechar que le hubiera gustado mi trabajo y que me conociera para proponerle hacer algo juntos. Estuve un tiempo trabajando en una canción para proponérsela, y se la hice llegar.
Él vive en Los Ángeles y contactamos por email. Ahí fuimos construyendo la canción entre los dos, nos la íbamos rebotando, como un partido de tenis. Toda su parte la escribió él, yo escribí la primera, y entre los dos la fuimos creando. Nos reuníamos para ver qué nos apetecía, qué se nos ocurría, valorar quién podía producirla… Y fue idea suya proponer a Eduardo Cabra, que es productor de Calle 13 y un genio. Estuvimos trabajando un poco a tres bandas, entre Puerto Rico, Los Ángeles y Madrid, y conseguimos sacarla adelante.
CH: ¿Y cuánto tiempo llevó este proceso?
Fue un proceso de un año en total, y luego tardó bastante más en salir. Estuvo grabada y reservada durante un tiempo, porque yo estaba pasando por un cambio y una reconstrucción extremos, y tuvo que esperar. Pero todo llega. Hay que creer en una misma y en su propio pulso, aunque te equivoques. Mejor equivocarte tú que dejar que se equivoquen otros porque no has sabido confiar en ti.
CH: ¿Dirías que esa es tu fórmula o tu secreto para llegar a donde has llegado? El escucharte a ti misma y dejarte llevar por tu intuición…
Diría que eso forma parte de mi personalidad, yo no sé hacerlo de otra manera, tengo ese genio. Soy Escorpio y creo que es algo arrollador en mí. No sé hacerlo de otra manera, y necesito hacerlo a mi manera, porque si no tendría que dedicarme a otra cosa. El amor que pongo en las canciones y en la música también necesito controlarlo, y muchas veces me he encontrado con situaciones que no eran lo que yo esperaba, y que tenía que dar un portazo e irme a un sitio donde estuviese más alineado con mi forma de hacer las cosas y mi forma de estar en esto. Quizás hay demasiadas emociones puestas para hacer como si no pasara nada.

CH: Ya has comentado en otras ocasiones que siendo mujer y artista hay hacer ruido aunque parezca exagerado, ¿sigues pensando igual?
Creo que hay que exagerar, que es el momento de exagerar, y me ha costado llegar a este planteamiento. He tenido que escuchar mucho a mujeres que sabían mucho más de feminismo que yo, porque no tenía esa perspectiva o esa visión tan amplia, quizás, aunque seguramente me queda muchísimo por saber. Pero sí he llegado a una conclusión: que para igualar las cosas, primero tenemos que intentar exagerar. Muchas veces va a parecer exagerado, pero si no, nos vamos a quedar cortas, y es muy fácil retroceder.
Es pesado muchas veces seguir hablando de esto, pero por desgracia es necesario. Estamos en esa pelea, y creo que queda muchísimo por hacer, no solamente en el mundo de la música, en el mundo en general. Y, de todas formas, «exagerar» es una palabra que hay que coger con pinzas, porque lo que me parece más exagerado es que, en el momento en el que estamos, sigan tan camufladas tantas conductas, tantas visiones que tenemos nosotras incluso inculcadas. Eso es lo que hay que romper. La balanza sigue estando desequilibrada. Creo que cada vez somos más conscientes, como sociedad, de que no es simplemente un daño: es que está realmente muy descompensada.
CH: ¿Qué te ha costado más de decir en voz alta, en tus canciones o fuera de ellas?
Esto es algo que no he admitido nunca. Digamos que, de alguna forma, me he intoxicado de querer mejorarlo todo tanto, incluso a mí misma, que he perdido la perspectiva de lo que sí existe o está presente.
He tenido que pasar por todo un proceso mental de aceptación, de decirme «a lo mejor no eres más que esto» o «no vas a llegar a ser más de lo que ya eres». Entonces, con lo que eres, utilízalo para ser feliz, no para tener que alcanzar una fama mundial o llegar al ‘mainstream’, porque en realidad muchas veces vamos como pollo sin cabeza intentando ir hacia ahí cuando, en realidad… a lo mejor no hace falta. Y probablemente yo no lo soportaría.
Si hay algo que me ha enseñado todo el camino que llevo es a reconocerme como soy, ¡y está perfecto así! Siempre he sido una persona que quiere mejorar en todo, y en eso sigo, pero desde una esencia que ya reconozco cuál es.
CH: Qué bonito que lo cuentes con esa naturalidad…
Para mí ha sido muy liberador. Me he visto intentando llegar a ciertos sitios y dándome cuenta de que, cuando llegaba, la portería se había movido otra vez. Esa búsqueda empieza a no tener sentido, a convertirse en una relación tóxica con el éxito, con lo que significa tener éxito. He visto que no era para mí, que no era lo que me iba a hacer feliz. Lo digo así porque me resulta liberador decir «esto es lo que hay».
CH: Hablemos de igualdad en la la industria musical. ¿Qué ha cambiado de verdad desde que empezaste y qué sigue pendiente, en los escenarios, en los carteles o en la manera de tratar a las artistas?
Mi sensación en general, aunque es algo subjetivo, es que los proyectos femeninos, los liderados por perfiles femeninos, tienen que demostrar muchísimo más para tener una oportunidad de ser escuchados.
Me lo noto incluso a mí misma como público. Hablo de esto desde un ejercicio de honestidad máxima sobre cómo recibimos las cosas, cómo percibimos el mundo en el que vivimos. Muchas veces no nos damos cuenta, pero, como sociedad, en general percibimos que los proyectos femeninos tienen que demostrar mucho más, y además se comparan más entre sí. Parece que ya empiezan en desigualdad de condiciones. Y eso es algo que se traduce en todos los ámbitos.
CH: Los jóvenes, y también muchos artistas, lo tienen cada vez más difícil para acceder a una vivienda, y vivir de la música con los precios del alquiler es complicado. ¿Cómo lo has vivido tú?
Yo he tenido la suerte de que mis padres, en su momento, me pudieron echar un cable, y no estoy teniendo que pasar por el sufrimiento que pasan en general los madrileños y madrileñas, así como la gente de fuera, que tienen que vivir de alquiler.
Me parece un drama horrible, porque al final la vivienda es un derecho, una base tan necesaria para construir todo lo demás. Es una cuestión de supervivencia de la que no se puede salir sin que alguien regule un poco esa base, para que haya por lo menos igualdad en el acceso a las oportunidades. Es un problema que se está extendiendo a todas partes, pero en Madrid es alucinante. Sinceramente, me encanta Madrid, pero me parece que en los últimos años el espíritu ha cambiado tanto que ya no me apetece tanto estar aquí. Ojalá se pongan las pilas con esto y empiecen a tomárselo en serio de verdad, porque nos vamos a tener que ir todos. Nos están echando…
CH: Cambias mucho de una etapa a otra, y eso se nota también en la imagen que proyectas: la portada, el vestuario, el directo. ¿Cómo trabajas el estilo y la estética de ‘N211’?
Sigue teniendo un enfoque muy cinematográfico, pero combinado con otros elementos y otras especias. Me apetece divertirme y disfrutar de verdad. Estos últimos dos años han sido un crecimiento alucinante, pero a la vez me he vuelto un poco loca, porque tenía que resolver a nivel psicológico ciertas cosas para poder afrontar todo de otra manera.
El enfoque de este disco ha partido de querer quitar importancia a todo eso, a todas las expectativas, a toda la presión impuesta, y poner el foco en la importancia que para mí tenían que tener las canciones. Y una vez conseguido eso, que no ha sido nada fácil, decidí que me iba a divertir y que iba a construir un personaje desde la verdad personal.
No siento que tenga que representar un papel, sino que estoy creando un personaje un poco distinto del que ha ido apareciendo, pero que tiene mucho más que ver con cómo me siento ahora mismo y con mi forma de estar en el mundo como persona, ya no tanto como artista.
CH: ¿Y en cuanto a tu estilo en esta nueva etapa?
Sin ‘spoilers’, me apetece mucho más potenciar lo que yo soy. Yo soy una chica que se crió en Leganés con todo lo que se supone y voy a coger todo eso voy a potenciarlo desde mi forma de verlo. No quiero aparentar otras cosas sino potenciar lo que yo.
CH: Se aproxima la gira de presentación. ¿Cómo imaginas estos nuevos directos y qué quieres que sienta el público cuando salga de un concierto tuyo?
Conexión. Eso, por encima de todo. Me gustaría que fuera un momento de presencia, algo que siempre he dicho, porque me parece muy importante. Vivimos en un mundo donde muy pocas veces llegamos a estar conectados de verdad con el presente que estamos viviendo. Creo que cada vez estamos más acostumbrados a vivir con una pantalla, y cada vez menos en contacto con lo que está pasando. Y también quiero seguir desarrollando mi crecimiento como intérprete para que eso sea realmente fulminante.
A mí me gusta que en los directos la gente salga inspirada para atreverse a ser quienes son y a vivir lo que quieren vivir, algo que cada día compruebo más que es una elección personal de cada uno. No te conformes, ve de verdad a por quién eres, encuéntralo y cree en ello, porque hasta que tú no crees, es como dormir: hasta que no finges que estás dormido, no te duermes. Actúa como quien quieres ser, y serás.
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