4 septiembre 2026

Los tejidos del cuerpo aumentan sus equipos de limpieza según la cantidad de residuos que generan

Los tejidos del cuerpo aumentan sus equipos de limpieza según la cantidad de residuos que generan
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   MADRID, 4 Sep. (Agencias) –

   Los tejidos del cuerpo humano adaptan su capacidad de limpieza de residuos a eliminar según la actividad metabólica y, por tanto, la cantidad de ellos que generan, según ha concluido un estudio liderado por investigadores españoles de, entre otras instituciones, el Centro Nacional de Investigaciones Cardiovasculares (CNIC) y la Universidad Pompeu Fabra (UPF) de Barcelona.

   Así, este trabajo -también coordinado por científicos de las universidades estadounidenses de California en San Francisco (UCSF) y de Yale- ha constatado que los tejidos con mayores demandas energéticas albergan grandes equipos de limpieza formados por células del sistema inmunitario llamadas macrófagos. Además, ha mostrado que el tamaño de estos equipos aumenta en función de la actividad metabólica de cada tejido y de la cantidad de residuos que produce.

   Publicada en la revista especializada ‘Science Immunology’, esta investigación cuenta, como uno se sus coautores principales, con el miembro del CNIC, Andrés Hidalgo, quien ha explicado que gran parte de los citados residuos está formada por mitocondrias dañadas, los orgánulos que actúan como las ‘centrales energéticas’ de las células, transformando los nutrientes en formas de energía que las estas últimas pueden aprovechar.

   «A medida que las mitocondrias se deterioran mientras mantienen a las células en funcionamiento, son desechadas», ha continuado, para añadir que «cuanto mayor es la demanda energética de un tejido, más mitocondrias acaban en la basura«. De este modo, los expertos han seguido el destino de las mitocondrias en los músculos cardíaco y esquelético, y en la grasa parda de ratones, con lo que han observado que las desgastadas acababan en el interior de los macrófagos.

   En este punto, procedieron a impedir que los macrófagos eliminaran estos residuos, por lo que el sistema dejó de funcionar correctamente, ya que el corazón perdió capacidad de bombeo, el músculo esquelético se debilitó y la grasa parda perdió capacidad para generar calor. De ello se deduce que «los tejidos necesitan mantenerse limpios para funcionar a pleno rendimiento», ha resumido la también coautora principal de es estudio y catedrática del Departamento de Medicina y Ciencias de la Vida de la UPF, Pura Muñoz-Cánoves.

   Para llegar a estas conclusiones, los investigadores han rastreado el inicio de este proceso de limpieza hasta unas células estructurales llamadas fibroblastos, cuyo número aumenta en paralelo con la actividad mitocondrial del tejido. Estos producen, entonces, una señal que hace que los macrófagos también se multipliquen, por lo que los tejidos pueden ajustar el tamaño de sus equipos de limpieza a la cantidad de residuos que generan.

   Tras exponer que se han analizado datos de músculos humanos que han evidenciado que el número de macrófagos aumenta en paralelo con la actividad mitocondrial del músculo, utilizada como un indicador de su nivel de actividad, el integrante del Instituto de Investigación Cardiovascular de la UCSF y autor senior de este trabajo, José Ángel Nicolás-Ávila, ha subrayado que «este equilibrio entre las altas demandas energéticas de los tejidos y el número de macrófagos parece ser fundamental» para la salud.

   «El metabolismo de los tejidos, la acumulación de residuos y el número de macrófagos cambian con el envejecimiento«, ha afirmado, por su parte, la primera autora y miembro de la UCSF, Laura Pena-Couso, que ha declarado que estos hallazgos «revelan las señales que conectan estos procesos». Además, «abren la posibilidad de que actuar sobre este sistema pueda ayudar a preservar la función de nuestros tejidos a medida que envejecemos», ha finalizado.

CL11