30 agosto 2026

Los protagonistas de las Fallas de septiembre, cinco años después: «El mayor aprendizaje fue que todo pasa y todo llega»

Los protagonistas de las Fallas de septiembre, cinco años después: "El mayor aprendizaje fue que todo pasa y todo llega"
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VALÈNCIA, 30 Ago. (Agencias) –

«El mayor aprendizaje fue que todo pasa y todo llega», «celebrarlas fue como un renacer», «el reflejo de un colectivo unido y comprometido», «al final todos remamos a una», «unas de las mejores de nuestras vidas y eso hace que valieran la pena todos los esfuerzos» son algunas de las ideas que resumen aquellas ‘Fallas de septiembre’ de 2021 para sus tres principales protagonistas, cuando se cumplen ahora cinco años de su celebración.

Así lo recuerdan a Agencias la fallera mayor de València 2020-2021, Consuelo Llobell; el entonces presidente de la Junta Central Fallera (JCF) y concejal de Cultura Festiva, Carlos Galiana, y el que fuera presidente de la Interagrupación, Guillermo Serrano.

La primera asegura que la suspensión de 2020 fue «dura, complicada» y «difícil de gestionar emocionalmente». «No éramos conscientes de la realidad sanitaria», reconoce. Pero, aunque «fue un ‘shock’, lo realmente duro fue ver cómo se iban posponiendo».

Galiana afirma que no le dio tiempo a «procesarlo hasta mucho después» porque «había tanto trabajo que hacer» que apartó las emociones para centrarse en el trabajo: «No fue hasta septiembre de 2021 cuando me di cuenta de lo que había pasado».

Remarca que el proceso de recuperación fue «lento y doloroso»: «Dábamos un paso adelante y tres para atrás. La gente tenía muchas preguntas y nosotros pocas respuestas. Muchas veces no solo estábamos solos, es que había quien deseaba que nos la pegáramos. Algunos de los que están ahora al frente de JCF se dedicaron a revolucionar las redes cada vez que tenían ocasión… y ahí están».

Serrano afirma que aquella noche fue «la más dura» de su ‘vida fallera’, a escasos días de la semana grande, dado que supuso «paralizarlo todo y suspender toda la actividad»: «El colectivo fallero demostró que todos a una fuimos capaces de tener un primer plan para poder salir de la situación. Fuimos el primer colectivo en suspender, pero también en tener un objetivo claro para volver».

Los tres testimonios ponen en valor lo que el colectivo fallero demostró a la sociedad. Galiana remarca que por una vez se demostró «que juntos éramos capaces de muchas cosas»: «Nadie creía que podíamos cumplir las normas a rajatabla. Tenemos siempre el sambenito de irresponsables». Para Serrano, fue «compromiso social como nunca habíamos mostrado». Y para Llobell, «responsabilidad, empatía, solidaridad y resiliencia».

Sobre la incertidumbre de no saber si se podrían llegar a celebrar unas «Fallas» en 2021, Galiana asegura que siempre lo tuvo «claro»: «Ya habíamos suspendido tres veces. Había mucho trabajo realizado a muchos niveles. No hacerlas hubiera sido la ruina para muchos y eso era algo que nadie se podía permitir, aunque algunos se dedicaron a intentar boicotearlas desde dentro y se paseaban por los bares de Russafa anunciando a bombo y platillo que no habría Fallas en septiembre. Visionarios que tiene la fiesta».

Llobell asegura que eso fue «lo que peor» llevó y «lo más duro»: «No teníamos información y cada fecha que se anulaba era un golpe cada vez más fuerte. Pensábamos que en algún momento saldríamos, pero nos costó ver que realmente ese momento iba a llegar».

Mientras, Serrano reconoce que la propuesta de Sanidad de celebrar actos del 1 al 5 de septiembre era «una apuesta muy fuerte», aunque los indicadores «marcaban el camino de la recuperación». «Pero fuimos capaces de implementar los protocolos necesarios para hacer una celebración de tal calibre de forma segura y responsable», resalta.

«Era necesario poder echar hacia adelante y aquellas Fallas históricas fueron el reflejo de un colectivo unido y comprometido. Se generaron sinergias muy fuertes durante ese tiempo, pero creo que después de la vuelta a la normalidad dimos un paso atrás», lamenta.

Sobre las negociaciones para celebrar aquellos actos, Galiana admite que al principio fueron «muy duras»: «No empezamos hablando el mismo idioma y eso hacía que chocáramos contra algunos muros. Luego estaba la cuestión política. Todo el mundo quería apuntarse el tanto de los acuerdos. Al final se fueron acercando posturas y, entre todos, llegamos a buen puerto».

También cree que se debió «dejar a un lado el partidismo»: «Las Fallas dan muchos titulares y reconocimientos. Todos querían su trozo del pastel, aunque luego currábamos cuatro. En todo caso, entre Ayuntamiento y Generalitat lo conseguimos. Eso sí, el Estado ni estuvo ni está ni se le espera. Luego vienen a hacerse la foto».

Agradece el trabajo de la entonces secretaria autonómica Isaura Navarro: «Fue una de las piezas claves en la consecución de los objetivos, pero no hubiera querido estar en la piel de la consellera Ana Barceló. Si aquello sale mal, vamos todos por el aire».

Mientras, Serrano confirma que fueron «complicadas» porque los falleros querían «un protocolo de actuación para el momento en que la situación permitiera poderlas». «Se desarrolló y se trabajó junto con los técnicos. Fuimos capaces de prepararnos y explicar a todo el mundo cómo y cuándo podíamos poner la maquinaria en marcha», valora.

En todo caso, reconoce que podrían haber «evitado momentos de tensión que no beneficiaban a nadie». «Pero siempre hay que ser positivos y lo importante es que todos remamos a una. Muchos aún me recuerdan que las ‘Fallas de septiembre’ fueron no sólo históricas, sino una de las mejores de sus vidas», asevera.

Llobell, aunque no tiene «mucho recuerdo» de esas negociaciones, apunta que siempre se quejaron de que no se les «informaba» y de que se enteraban «de las cosas por los medios»: «Era duro estar al pie del cañón y que nadie nos diera información con cierta ventaja».

Sobre aquellas Fallas, Llobell resalta que, «después de lo que costó llegar, fueron muy disfrutadas por todos» porque había «ganas de celebrar» y significaba «la vuelta a la normalidad». Serrano cree que fueron «muy emotivas» y «como un renacer»: «Ver las piezas de las fallas en la calle y la Ofrenda sin público fue difícil de olvidar».

Galiana resume que fueron «mágicas, de verdad: germanor, colectividad, responsabilidad, amor por la fiesta. Eliminamos la parte verbenera y volvimos a la esencia».

Sobre iniciativas como las ‘mascletaes’ descentralizadas, el turno matinal de Ofrenda o el adelanto de la Cremà, Galiana cree que las primeras «debieron mantenerse, primero por los pirotécnicos y segundo por los ciudadanos de los barrios». «Pero otra vez la política. Algunos viven en la plaza del Ayuntamiento y no se dan cuenta que la fiesta está en toda la ciudad, no solo en la puerta de su despacho».

Serrano cree que se acertó «prácticamente en el 100%» de las medidas y por ello «algunos cambios siguen hoy vigentes»: «Nos permitían celebrar una fiesta de manera coordinada y responsable».

Finalmente, sobre los aprendizajes que dejaron aquellas ‘Fallas de septiembre’, Llobell considera que el mayor lo recoge el lema de la falla municipal de entonces, la de la Meditadora: ‘Açò també passarà’. «Todo pasa y todo llega», resume. También la necesidad de «disfrutar y exprimir cada momento al máximo».

Galiana cree que, «lamentablemente, ninguno»: «Nadie recuerda casi ni lo que se hizo ni lo que se sufrió ni quién lo hizo. A veces leo declaraciones de alguna protagonista instalada todavía en el qué hay de lo mío y tengo la impresión de que vivimos momentos históricos diferentes. Aquellas Fallas eran para la colectividad, no para la individualidad y el protagonismo mal entendido».

Serrano reivindica que en 2021 el mundo fallero dio «una imagen de ser un gran colectivo». «Por desgracia, no aprendimos de la situación. Tras volver a la normalidad, volvimos a más de lo mismo y seguimos prácticamente igual que antes», zanja.

CL11