25 agosto 2026

La razón por la que la leche puede sentarte peor por la noche que durante el día

La razón por la que la leche puede sentarte peor por la noche que durante el día
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   MADRID, 25 Ago. –

   Muchas personas aseguran que un vaso de leche antes de acostarse les provoca hinchazón, gases, sensación de pesadez, o incluso reflujo. Pero, ¿es realmente la leche la responsable? Los especialistas señalan que, en muchos casos, el problema no está tanto en este alimento como en el momento en que se consume: después de una cena abundante, poco antes de dormir, y justo cuando la digestión se vuelve más lenta.

   Además, factores como la intolerancia a la lactosa, el síndrome de intestino irritable, o la posición horizontal al acostarse pueden explicar por qué algunas personas toleran perfectamente la leche durante el día, pero no así por la noche.

   Durante una entrevista con Agencias salud Infosalus Patricia Yárnoz Esquiroz, dietista-nutricionista del Departamento de Endocrinología y Nutrición y Doctora en Medicina aplicada y Biomedicina por la Universidad de Navarra, esta experta explica que puede haber una explicación fisiológica ya que, en muchas personas, el problema no es la leche en sí, sino el hecho de que se ingiere después de cenar, con el estómago más lleno, poco antes de acostarse y hasta en ocasiones, en posición horizontal, como comentábamos.

   «Todo ello puede favorecer una sensación de pesadez, de reflujo, o de malestar, más si se realiza en horas nocturnas; un momento en el que la producción de enzimas digestivas está más disminuida por los ritmos circadianos», asevera.

   Por ejemplo, cita que la posición horizontal al acostarnos puede favorecer síntomas como el reflujo, la sensación de pesadez, o la mala digestión después de tomar leche, dado que se pierde el efecto de la gravedad, que ayuda a mantener el contenido gástrico en el estómago, y que puede permitir el retroceso del alimento del estómago al esófago al favorecer la apertura del cardias.

   «Si la persona se tumba poco después de cenar o de tomar leche, especialmente si el estómago está lleno, aumenta la probabilidad de reflujo, de regurgitación, o la sensación de pesadez. El reflujo suele empeorar por la noche o al estar tumbado, y puede manifestarse como ardor, sabor ácido, tos, carraspera, o como molestias en la parte alta del abdomen», añade.

   Por eso, dice que en las personas con síntomas nocturnos, se recomienda separar la última ingesta de la hora de acostarse y, si hay reflujo, elevar la cabecera de la cama o, en caso de tumbarse, hacerlo apoyado en el lado izquierdo del cuerpo.

   Aquí recuerda que las guías del American College of Gastroenterology recomiendan evitar comidas en las 2-3 horas previas a acostarse y elevar la cabecera en personas con síntomas nocturnos de reflujo.

EL CASO DE LA INTOLERANCIA A LA LACTOSA

   Si esta indigestión es debida a una intolerancia a la lactosa, esta especialista de la Clínica Universidad de Navarra mantiene que se producen síntomas como la hinchazón, los gases, el dolor abdominal, las náuseas, la diarrea, o los ruidos intestinales después de consumir leche o derivados. Es más, precisa que la intolerancia a la lactosa puede ser leve o parcial y modificarse con el paso de los años.

   «También puede darse que las personas con diagnóstico de intolerancia a la lactosa sí toleren pequeñas cantidades sin aparecer los síntomas digestivos. Influye igualmente la cantidad ingerida, dado que no es lo mismo un café con un poco de leche, que un vaso grande antes de dormir, el consumo de un yogur que además lleve nata, o la ingesta de kéfir. La intolerancia aparece cuando hay una baja actividad de la enzima lactasa, lo que repercute en que parte de la lactosa no se digiera bien fermente a nivel intestinal, produciendo gas y síntomas abdominales», advierte Yárnoz.

   En este sentido, afirma que las molestias pueden percibirse más tras la cena si la ingesta de lactosa está asociada a una comida más abundante, al enlentecimiento digestivo nocturno, y a una mala postura que entorpezca la digestión: «Para confirmar el diagnóstico se recomienda realizar una prueba de aire espirado, que mide la presencia de gases producidos por la fermentación de lactosa no absorbida».

SEÑALES DE QUE HAY QUE CONSULTAR

   Con todo ello, preguntamos a esta dietista-nutricionista del Departamento de Endocrinología y Nutrición y doctora en Medicina aplicada y Biomedicina por la Universidad de Navarra cuáles son las señales que deberían hacernos sospechar de que no se trata de una molestia ocasional, sino de un problema que requiere de una valoración médica.

   «Conviene consultar con un médico especialista si los síntomas se producen de forma frecuente, son progresivos, o interfieren con el sueño, o con la calidad de vida del afectado. También, se consideran signos de alarma la pérdida de peso involuntaria, la presencia de vómitos, la sangre en heces, las heces negras, la dificultad o el dolor al tragar, el dolor torácico, la anemia, la diarrea persistente, la fiebre, la deshidratación, o el dolor abdominal intenso. Se debe acudir igualmente al médico si se sospecha de la presencia de alergia, de urticaria, si hay dificultad respiratoria, o edemas en boca y/ ojos», apunta esta experta.

   En última instancia, y para quienes noten que la leche les sienta mal por la noche, Patricia Yárnoz Esquiroz aconseja en primer lugar que, si queremos identificar correctamente si esas molestias están efectivamente asociadas al consumo de lácteos, dice que se debería variar la cantidad y el tipo de leche, así como la hora de consumo, la cena acompañante, los síntomas, la hora de aparición, y si hay detrás también diarrea, gases, o ardor.

   «Como medidas prácticas, suele ayudar reducir la cantidad, evitar tomar leche justo antes de acostarse, separarla al menos 2-3 horas del sueño si hay reflujo, elegir lácteos fermentados como yogur si se toleran mejor, y evitar cenas copiosas y ricas en grasas, aparte de no tumbarse inmediatamente después de cenar», aconseja esta experta de CUN.

CL11