He tenido cinco bodas este año y estos son los ‘looks’ de invitada que recomiendo para acertar

MADRID, 23 Ago. –
Seis bodas en un mismo año dan para mucho más que seis vestidos. También obligan a pensar qué ponerse en cada ocasión, cómo jugar con los accesorios para no repetir fórmula, cómo adaptar tu estilo a los distintos tipos de eventos (ya que cada boda es un mundo) y, sobre todo, cómo sentirte cómoda y acertar en cada momento.
Mi temporada de bodas empezó el primer fin de semana de mayo y la última que tendré en 2026 será el primero de septiembre. Cada celebración es muy distinta y cada pareja adapta su estilo a este día tan especial, pero, por supuesto, el deber de los invitados también es estar en sintonía con el ambiente y el deseo de los novios. No es lo mismo ir a una fiesta más alternativa que a una ceremonia más tradicional. Por ello, y en base a la temporada, lugar y, por supuesto, personalidad de cada una, conseguí los distintos looks de invitada.
Por eso, en lugar de hacer una selección de tendencias, esta es mi propia experiencia: cinco bodas distintas, cinco estilismos y cinco maneras diferentes de entender cómo vestirse para ser la invitada que quieres ser en cada una de ellas.
PARA UNA BODA ALTERNATIVA
La primera boda del año fue a primeros de mayo. Más allá del puente y del comienzo de la primavera, el clima no estaba del todo claro… Podría llover o ser el día más soleado del mes. A esto, había que sumarle que los novios, amantes del rock, ya avisaron de que su boda civil se alejaría de los enlaces más tradicionales, con el fin de crear una celebración mucho más personal, con un ambiente, una música y una estética que reflejaban su personalidad.
Eso también se trasladó a la hora de vestirse. Para esta boda quería mantener ese punto diferente que pedía la celebración y, al mismo tiempo, encontrar un look que siguiera resultando elegante.
La elección fue un vestido de encaje en marrón chocolate, un tejido que lleva varias temporadas reivindicando su lugar entre las tendencias y que, en este caso, encajaba especialmente bien con la estética más rompedora de la boda. El diseño, de manga larga acampanada de encaje, con forro en el cuerpo, corte recto y ligeramente ceñido en la cintura y con escote gota es cómodo, favorecedor y perfecto para no pasar ni frío ni calor. Asimismo, el color siempre aporta calidez, mientras que el encaje consigue darle ese punto más especial y menos convencional.
Para completar el estilismo, elegí unas sandalias en el mismo tono, dejando que el vestido fuera el protagonista. El verdadero giro llegó con el bolso: un diseño en amarillo mantequilla que rompía con la gama cromática del conjunto y creaba una combinación de colores inesperada pero muy equilibrada. Concretamente me decanté por Le Chiquito de Jacquemus, confeccionado en piel y con esa característica asa que lo convierte en un diseño tan original como único. A modo de zapatos, me decanté por la comodidad de unas sandalias de tiras con plataforma y tacón cuadrado de Mim.
PARA UNA BODA TRADICIONAL (Y LLUVIOSA)
«Novia mojada, novia afortunada», se dice. ¿Y las invitadas? ¡También! Aunque tengo que confesar que la lluvia me cambió por completo mis planes estilísticos, en mi maleta (puesto que la boda era fuera de mi ciudad), introduje dos opciones.
Habían pasado solo siete días desde la primera boda y, concretamente esta era todo lo contrario, pues era una celebración más tradicional en una iglesia preciosa en Mérida. Sin embargo, la previsión del tiempo no era buena y, efectivamente, los chubascos hicieron acto de presencia. Pero, ¿cómo se consigue un look con el que enfrentarte al agua o al suelo empapado? Pues bueno, como todo en la vida, con actitud.
En esta ocasión, la clave fue pensar en un estilismo elegante pero práctico y, sobre todo, que solucionara el clásico ‘bad hair day’ que te provoca la lluvia. Ya sea el agua, la humedad, el viento… Cuando llueve, es difícil lucir pelazo.
Me decanté por un vestido midi de corte tobillero en color rojo oscuro (que, por cierto, siempre sienta bien). Esta elección fue pensada desde la practicidad para evitar que el bajo arrastrase o terminara completamente mojado. Y, como no hacía demasiado frío (aunque tampoco era un día soleado), opté por un diseño asimétrico de una sola manga de Miphai, firma que por cierto también llevan la princesa Leonor y la infanta Sofía en ocasiones tan importantes como los Premios Princesa de Girona o los Premios Princesa de Asturias.
Al tener una sola manga, el vestido ya tenía un punto diferente y me permitía no añadir demasiadas capas. Pero el verdadero aliado frente a la lluvia fue el accesorio estrella: un casquete de red en tono dorado que mi madre tiene desde su juventud, y que además de completar el look y darle un aire distinto y ‘trendy’, me ayudó a controlar el encrespamiento y lucir un pelo bonito. Por último, añadí un brazalete dorado sencillo con sandalias de tacón fino a juego de Mango.
PARA UNA BODA RURAL
La tercera boda del año también se alejó de los códigos más tradicionales. El campo fue el escenario elegido por los novios, que también se decantaron por una ceremonia civil, pero muy especial en la que incorporaron diferentes rituales, creando una atmósfera íntima y muy personal. Todo invitaba a buscar un estilismo que tuviera también algo de personalidad y que dialogara con ese aire diferente.
Para este día recuperé un vestido negro de Zara que tengo desde hace varias temporadas. Lo especial de este diseño es que, a pesar de ser de manga corta y cuello redondo alto, cuenta con una espectacular abertura lateral total y una silueta de inspiración japonesa. Precisamente para potenciar ese aire oriental, llevé el pelo recogido con palos, creando así un tocado algo distinto, mientras que los accesorios aportaron el contraste de color: sandalias rojas de tiras y tacón fino con detalle dorado de la colección de Marta Lozano para Mustang, pendientes dorados de Parfois y labios rojos.
PARA UNA BODA SENCILLA
En la sencillez está la autenticidad y es que, de siempre, menos es más. Esta cuarta boda fue, precisamente, de esas que demuestran que no hacen falta grandes excentricidades para conseguir una celebración especial. Los novios querían, sobre todo, disfrutar, rodearse de la gente que querían y crear una boda que se sintiera auténtica y fiel a ellos. La ceremonia fue conducida por amigos de la pareja y, en todo momento, hubo un ambiente de confianza. Y quizá por eso, a la hora de elegir el ‘outfit’, también buscaba algo elegante pero sin artificios.
En esta ocasión opté por un vestido satinado en color terracota, con una lazada cruzada sobre el hombro, al que quise dar todo el protagonismo a través de los accesorios. Una coleta rizada con volumen aportó un punto diferente al conjunto, mientras que unos pendientes dorados muy especiales de Dosprimeras y mis sandalias doradas de confianza de Mango completaron el estilismo. Para el bolso, elegí un bolso de mano de Dior en tonos azul marino, para contrastar con la calidez del terracota.
PARA UNA BODA CLÁSICA
La última boda del año llegará a principios de septiembre y, esta vez, el escenario pide volver a los códigos más clásicos de la invitada. Con una ceremonia religiosa en una importante basílica del centro de Madrid y tratándose de una celebración diurna, mi apuesta será un diseño sofisticado con complementos que también tendrán protagonismo.
Una firma en la que encontrar auténticas preciosidades para este tipo de ocasiones es Mattui. Y, si hay un accesorio que tengo claro que puede transformar por completo un estilismo de boda, es un sombrero o pamela. Zahati, para este tipo de accesorios, es una firma muy especial, con más de 100 años de historia, y especializada en estas piezas que además fabrican en España. Uno de sus diseños será probablemente el encargada de poner el broche final a este último look.
CL11
