11 agosto 2026
Familias políticas concentran poder y riqueza en Brasil… y no solo en Brasil
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RÍO DE JANEIRO – Keiko Fujimori, presidenta de Perú desde el 28 de julio, y Rodrigo Paz, que gobierna Bolivia desde el 8 de noviembre de 2025, son los ejemplos más recientes del “familismo” como atajo al poder en América Latina y que en Brasil se extiende a todas las instituciones claves.

Fujimori es hija y heredera política del dictador Alberto Fujimori, que gobernó Perú de 1990 a 2000, y Paz es hijo del expresidente Jaime Paz Zamora (1989-1993) y sobrino-nieto de Víctor Paz Estenssoro, que presidió Bolivia por cuatro períodos.

En Ecuador gobierna Daniel Noboa, hijo de Álvaro Noboa, uno de los empresarios más ricos del país que por cuatro veces intentó ganar la presidencia.

La política como un negocio familiar queda evidente en el caso del expresidente brasileño Jair Bolsonaro y sus cuatro hijos varones, todos miembros del Poder Legislativo. El hijo mayor, Flavio Bolsonaro, disputará la presidencia de Brasil en las elecciones de octubre, como representante de la familia y de la extrema derecha.

“Las familias políticas ocupan más de 70 % de los escaños legislativos, también abundan en los tribunales superiores y en todo el sistema de justicia, que comprende el ministerio público”: Ricardo Costa de Oliveira.

La actual esposa del expresidente, Michelle Bolsonaro, es candidata al Senado por Brasilia y sus dos exesposas participaron en varias elecciones, aunque solo una logró ser elegida como concejal en Río de Janeiro dos veces en los años 90.

Flavio Bolsonaro, ultraderechista como su padre, es el único candidato con posibilidades, según las encuestas, de impedir la reelección del presidente Luiz Inácio Lula da Silva, del izquierdista Partido de los Trabajadores. Actual senador, sin ninguna contribución relevante, su fuerza electoral se basa en el apellido.

La herencia política familiar predomina principalmente en los gobiernos de los 26 estados brasileños, en los 5570 municipios y en el legislativo de todos los niveles, contribuyendo al familismo, un valor cultural latinoamericano, basado en la lealtad y el favorecimiento a la familia por encima del interés público, que en la política se traduce en el nepotismo.

Jair Bolsonaro y sus tres hijos mayores en una presentación por las redes sociales cuando el padre era presidente (2019-2022). Todos son políticos, uno senador, otro diputado y un tercero concejal. La familia ganó otro concejal en 2024, mientras la benjamina, Laura Bolsonaro, de 15 años, no tiene aún edad para postularse. Imagen: RRSS

Nepotismo generalizado

“Todas las instituciones políticas en Brasil son colmadas de estructuras de parentesco”, sostiene Ricardo Costa de Oliveira, profesor de sociología en la Universidad Federal de Paraná, donde coordina el Núcleo de Estudios Paranaenses, que publica una revista semestral.

“Las familias políticas ocupan más de 70 % de los escaños legislativos, también abundan en los tribunales superiores y en todo el sistema de justicia, que comprende el ministerio público”, ejemplificó a IPS desde Curitiba, la capital del sureño estado de Paraná. “Es generalizado en todas las regiones del país, del sur al norte”, acotó.

Además, la cúpula militar se compone principalmente de descendientes de familias tradicionalmente castrenses, así como los grandes medios de comunicación son propiedades familiares e incluso las notarías, destacó en base a los estudios de su grupo de investigación durante los últimos 30 años.

“No es solo la política, también el mundo empresarial, en todos los sectores, sean financiero, industrial o agrícola, siguen la misma lógica”, completó. Son conocidos los apellidos de banqueros, como Setúbal, Moreira Salles y Safra, así como también los Junqueira o Maggi en la agricultura.

La tendencia es que los poderosos y ricos se junten por el matrimonio de los hijos y “los nuevos actores que ascienden en el mundo político se casan con familias ya establecidas. El emergente tiende a casarse con la vieja clase dominante”, detalló Oliveira.

Un ejemplo es Tabata Amaral, joven y prometedora diputada nacional de São Paulo que se casó en febrero con João Campos, alcalde de Recife, capital del nororiental estado de Pernambuco, y heredero de una familia protagonista en la política del estado hace siete décadas. Ambos militan en el Partido Socialista Brasileño.

Sin exclusividad de la derecha

Eso confirma que el familismo o nepotismo en la política es una práctica principalmente de la derecha, pero también contamina la izquierda.

Oliveira y su grupo de investigación en la Universidad Federal de Paraná acumularon enorme cantidad de datos y conocimientos, incluso árboles genealógicos de muchos políticos, y formularon la “teoría del nepotismo”, para explicar la política como un negocio familiar en buena parte de la actividad.

Es un sistema que bloquea la renovación de los políticos, al favorecer la mantención del poder en manos de una minoría de familias, y que consolida o incluso agrava las desigualdades sociales y económicas que afectan la población.

El proceso viene desde la colonización del país por Portugal y comprende privilegios que se incorporaron desde la independencia nacional en 1822. Es el caso de una pensión para las hijas de militares que el gobierno intentó abolir en 2001, pero sigue de formas variadas consumiendo recursos públicos.

Todavía hoy son cerca de 200 000 hijas que drenan 10 000 millones de reales (unos 2000 millones de dólares) del presupuesto nacional, estima Oliveira. Los esfuerzos por reducir el déficit de la previsión social, desde la década pasada, no logró recortar esos y otros beneficios de los militares, aún poderosos.

La joven diputada Tabata Amaral, de familia pobre, se destacó en los estudios y ganó una beca para estudiar astrofísica y ciencia política en la Universidad de Harvard, en Estados Unidos. Se casó con un heredero de una destacada familia política del nororiental estado de Pernambuco. Imagen: Valter Campanato / Agência Brasil

Partidos favorecen las familias políticas

El sistema partidista también se organizó para beneficiar y perpetuar el poder de las familias políticas, con nuevos mecanismos en los últimos años.

El congreso legislativo aprobó generosos fondos para mantener las actividades permanentes de los partidos, a los que se sumaron recursos para financiar la campaña electoral de sus candidatos.

Los caciques de los partidos, en general de las familias acostumbradas al poder, manejan esos fondos en beneficio de sus allegados, en desmedro de nuevos postulantes. Eso dificulta, por ejemplo, un aumento de la representación femenina en el legislativo Congreso Nacional, aún limitada a 18 %, una de las más bajas en América Latina.

Desde los años 90 se intenta elevar esa participación, con medidas como obligar los partidos a conceder a las mujeres por lo menos 30 % de las candidaturas a diputado. Ante la frustración, se obligó también a elevar los recursos para las campañas electorales de las mujeres, pero los caciques partidistas se resisten a la medida.

Además, el Congreso multiplicó las llamadas enmiendas legislativas por las cuales diputados y senadores destinan el equivalente a más de 10 000 millones de dólares del presupuesto nacional a comunidades donde les interesa conquistar o mantener votos, un privilegio único en el mundo por el monto involucrado.

La renovación de los poderes Legislativo y Ejecutivo por la vía electoral se volvió prácticamente imposible, en desmedro de las mujeres, los negros y las minorías como los indígenas y la población Lgbti+, además de las nuevas vocaciones políticas en general.

“Las familias políticas dominan así el Estado, las políticas públicas y el presupuesto, para mantener sus privilegios y su poder”, lamentó Oliveira.

El nepotismo es muy acentuado en Brasil, por su historia que incluye muchas familias descendientes de señores de esclavos, por la esclavitud masiva y por más de tres siglos, pero el fenómeno ocurre también en buena parte de América Latina, observó el sociólogo.

Brasil tiene más de esas familias políticas aferradas al poder que India, con una población más numerosa (1400 millones de habitantes, contra 213 millones) y una sociedad de castas, comparó.

Es quizás una herencia de la monarquía, como se podría mirar el caso de Corea del Norte, donde el presidente King Jon-un sucedió a su padre y su abuelo, pero los ejemplos son muchos y dispersos en la historia, apuntó Paulo Roberto de Almeida, diplomático brasileño jubilado, académico de vocación.

Napoleón Bonaparte (1769-1821), emperador y general en jefe militar francés, nombró a varios hermanos y parientes para gobernar países y territorios que conquistó en Europa y el papa Alexandre VI (1431-1503) designó como cardenales a varios hermanos y familiares para fortalecerse en la Iglesia católica durante su papado (1492-1503), recordó.

Brasil no tiene la exclusividad, pero se destaca en el familismo, término que usa con frecuencia el diplomático, que publica sus artículos y estudios en un blog.

Con esa práctica y los actos en provecho propio, los legisladores brasileños volvieron “muy difícil que nuevos candidatos entren al juego político, ya que los caciques partidarios deciden quienes tendrán ese derecho”, reconoció.

Ello especialmente a partir de los años 90, cuando los partidos brasileños abandonaron sus misiones y se convirtieron en simples proveedores de puestos públicos. “La política perdió su dignidad”, definió Almeida a IPS en un diálogo desde Brasilia.

Esa deriva, sumado a la expansión del crimen organizado y de las iglesias evangélicas, que ya cuentan más de 150 000 templos en Brasil, alejó la posibilidad de renovación política y de combate a la desigualdad en el país, concluyó.

ED: EG

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