La iglesia gótica de Nuestra Señora de la Estrella de Navalagamella, más cerca de ser Bien de Interés Cultural
MADRID 9 Ago. Agencias –
La Comunidad de Madrid ha iniciado el expediente para declarar Bien de Interés Cultural (BIC), en la categoría de Monumento, la iglesia parroquial de Nuestra Señora de la Estrella, en el municipio de Navalagamella, uno de los ejemplos relevantes del gótico tardío conservados en la región.
La resolución publicada en el Boletín Oficial de la Comunidad de Madrid (BOCM), consultada por Europa Press, destaca el valor de este edificio situado a la entrada del municipio, en el margen derecho de la carretera M-510 a Valdemorillo, y mantiene el uso religioso para el que fue concebido. El templo está consagrado a Nuestra Señora de la Estrella, patrona de la localidad, cuya festividad se celebra los días 8 y 9 de septiembre.
El origen de Navalagamella no se conoce con precisión, aunque la teoría más aceptada sitúa su fundación entre los siglos XI y XII, dentro del proceso de repoblación de la vertiente sur de la Sierra de Guadarrama tras la caída de la Taifa de Toledo en manos de Alfonso VI.
Pese a que no se conserven datos concretos sobre el inicio de las obras, sus características permiten situar los primeros trabajos a finales del siglo XV. El expediente vincula su construcción a una época de prosperidad gracias al peso de la trashumancia ganadera, que favoreció el desarrollo económico de la localidad.
El templo se comenzó a construir por los pies, una solución poco habitual que hace pensar en la existencia de una construcción anterior, quizá una ermita situada fuera del casco urbano. En esa fase se habrían levantado los tres primeros tramos de la nave, cubiertos por bóvedas de crucería con terceletes características del gótico tardío.
Posteriormente se construyó el cuerpo bajo de la torre, que invade parte de la bóveda de los pies, y el coro elevado, adaptado a la presencia de esa estructura. El crucero, diferenciado por arcos fajones redondeados y mayor profundidad, corresponde al periodo de los Reyes Católicos o a un momento posterior.
UNA AMPLIACIÓN EN PLENO SIGLO XVI
El crecimiento de la población llevó a ampliar la iglesia en el siglo XVI. Según el Libro de Fábrica conservado en el Archivo Diocesano de Madrid, el Concejo encomendó a Pedro de Alviz, cantero vecino de Madrid, y a Miguel de San Martín, cantero vecino de San Martín de Valdeiglesias, la ampliación del templo mediante el añadido de una sacristía y la construcción de una nueva cabecera poligonal.
La obra salió a concurso en 1542 y fue adjudicada a Juan Francés, cantero de Madrid que había participado en obras similares. Aunque no se conserva toda la documentación, la unidad estilística del conjunto permite deducir que la intervención se ejecutó con rapidez.
Pocos años después, la construcción del Real Monasterio de El Escorial tuvo un fuerte impacto en la organización eclesiástica de la zona. Navalagamella, que hasta entonces dependía de Valdemorillo, obtuvo su autonomía en 1567, aunque quedó privada de beneficios que pasaron al monasterio.
En los siglos posteriores se documentan distintas actuaciones en el templo. En 1653 consta la apertura de una ventana en la torre y, durante el siglo XVII, se llevaron a cabo mejoras en la capilla mayor, en el cuerpo de la iglesia y en el pórtico meridional. También hay referencias a daños importantes a finales de ese siglo, cuando se derrumbaron dos capillas y parte del techo.
GUERRA CIVIL, INCENDIO Y RESTAURACIÓN
Durante la Guerra Civil, Navalagamella quedó casi completamente destruida y la iglesia parroquial sufrió un incendio que provocó graves daños. Desaparecieron sus retablos y cubiertas, se produjeron desperfectos en nervaduras y plementerías y se saquearon ornamentos, altares y solados.
Pese a la magnitud de los daños, el edificio resistió casi intacto gracias a la solidez de su construcción. También se salvó el archivo parroquial, que se conserva actualmente en el Archivo Diocesano de Madrid.
La restauración llegó en 1943, de la mano del arquitecto Juan González Cebaza. Se recontruyeron las techumbres con armadura de madera, tablazón y teja cerámica; se abrieron nuevas ventanas para mejorar la iluminación; se reorganizó la escalera del coro; se amplió el presbiterio; se construyó un nuevo retablo y se reguló el atrio que rodea la iglesia. Estas obras introdujeron algunos cambios, pero conservaron la estructura esencial del edificio.
UNA NAVE ÚNICA Y BÓVEDAS ESTRELLADAS
La iglesia presenta una traza sencilla, con una única nave rectangular de planta de salón y cabecera poligonal con ábside ochavado. La nave se divide en cuatro tramos desiguales, marcados por contrafuertes al exterior y semipilastras al interior, de las que nacen los nervios de las bóvedas.
La sacristía se adosa a la cabecera, en el lado de la epístola, mientras que la torre del campanario, de planta cuadrada, se ubica a los pies, en el lado del evangelio. El templo conserva la orientación canónica, con la cabecera dirigida a oriente y el testero frontal hacia occidente.
La construcción está realizada con muros de sillarejo y mampostería concertada y rejuntada, con piezas de sillería regular en recercados de huecos, contrafuertes, cuerpos superiores de la torre y cabecera. Las cubiertas son de madera y teja cerámica curva, salvo el chapitel de la torre, con estructura de madera, pináculos de plomo y cubierta acabada con pizarra.
En el exterior destacan las cornisas corridas, los huecos rematados en arcos de medio punto, el rosetón de la fachada occidental y la portada meridional, protegida por un pórtico sobre pilastras y columnas de granito. La puerta principal, de madera, conserva decoración con formas estrelladas y herrajes de hierro forjado.
En el interior, el principal atractivo arquitectónico son las bóvedas de crucería estrellada que cubren la nave, la cabecera y el sotocoro. El expediente destaca también el trabajo de la piedra en nervios y semipilastras, así como la gran pila bautismal de granito, semiesférica y gallonada, situada en la capilla del sotocoro.
UN EJEMPLO DESTACADO DEL GÓTICO MADRILEÑO
El presbiterio acoge el retablo mayor, construido tras la Guerra Civil. Está organizado en tres calles separadas por pilastras toscanas: dos laterales, con imágenes de San Francisco y Santo Domingo, y una central, de mayor tamaño, con la imagen de Nuestra Señora de la Estrella sobre el tabernáculo del Sagrario. En el ático aparece un crucifijo y, coronando el conjunto, la imagen del Padre Eterno.
También destacan el púlpito, situado en el muro norte del crucero; la sacristía, donde se conservan la custodia, documentos antiguos referidos al culto de la ermita de San Miguel, indumentaria y piezas litúrgicas; y los restos de la antigua portada del cementerio, hoy reutilizados en el acceso al templo.
La Comunidad de Madrid considera que la iglesia reúne valores suficientes para su declaración como BIC. El documento la presenta como uno de los templos góticos más destacados de la región y como un elemento relevante del patrimonio cultural madrileño.
Su interés se apoya en la calidad de sus bóvedas, el trabajo de cantería, la articulación de su nave única, la evolución de sus fases constructivas y la conservación de elementos vinculados a la vida religiosa de la localidad.
La iglesia presenta, en términos generales, buen estado de conservación, aunque el documento identifica distintas patologías relacionadas con la humedad, la vegetación invasiva, el deterioro de materiales y algunas intervenciones inadecuadas.
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