Tivoli World en Benalmádena (Málaga), seis años cerrado y los empleados siguen «en la misma situación»
BENALMÁDENA (MÁLAGA), 19 Agencias
Casi seis años después de su cierre y un año después de la firma del protocolo de reapertura entre el Ayuntamiento de Benalmádena (Málaga) y grupo Tremón, los empleados del Tivoli World han afirmado seguir «en la misma situación» a la espera de avances. Durante este tiempo los empleados están haciendo labores de vigilancia y mantenimiento.
Recientemente, el Consistorio ha remitido a la Consejería de Sostenibilidad, Medio Ambiente y Economía Azul de la Junta de Andalucía el avance para la Actuación de Transformación Urbanística. Lo que dispone un plazo de tres meses para la emisión del informe ambiental estratégico y, una vez aprobado, un plazo de un mes para elaborar el Instrumento de Ordenación Urbanística Detallada. Aunque, por el momento, los trabajadores continuarán sin recibir un salario.
«No dormiría tranquilo pensando en que este sitio, que me ha dado la vida, que me ha pagado todo lo que tengo, donde he aprendido tanto y me he divertido tanto trabajando, que realmente me gustaba el trabajo; se hubiera lapidado» ha confesado a los medios el ex trabajador del parque de atracciones, Juan Carmona, quien duerme en él para vigilarlo.
Juan es uno de los trabajadores que llevan desde septiembre de 2020 realizando un mantenimiento periódico del parque sin percibir un salario para facilitar su reapertura. «La mayoría de mis compañeros están ya a punto de jubilarse, muchos por necesidad abandonaron hace algún tiempo. Hay que tener en cuenta que éramos 23 fijos, de esos 23 solemos venir unos diez y de esos diez se han jubilado unos pocos», ha explicado.
Los empleados se organizan de forma que «dependiendo de cuánto trabajo quede o de lo que tengamos que hacer juntamos de vez en cuando gente y efectuamos lo que tengamos que hacer. Sobre todo la limpieza, que es lo que tiene más envergadura y más necesidad de mano de obra»
«LA SITUACIÓN NO HA CAMBIADO»
«Seguimos en la misma situación intentando mantener el parque con gente dentro, con nosotros dentro, con la vigilancia», así ha definido Juan la situación actual del Tivoli.
Pese a la incertidumbre sobre cuándo volverá el parque a abrir sus puertas, Juan afirma que los trabajadores mantienen que «la esperanza no cambia en torno a nuestra meta, a nuestro fin, que es el parque abierto». «Desde mucho antes de que terminara la administración concursal con la empresa, nosotros ya estábamos ubicados aquí, decididos a salvaguardar todas las instalaciones», ha añadido.
El recinto necesita reformas y mantenimiento cómo repintar paredes y mobiliario o un replantado en los jardines que han sufrido el paso del tiempo aunque «siguen vivos, demasiado vivos».
Los trabajadores se organizan para realizar «una limpieza o dos anuales» de forma general en el recinto aunque en la época de verano se les dificulta su actividad. «Es imposible salir afuera ahora mismo, porque la temperatura es súper elevada para realizar los trabajos que necesitamos», ha lamentado Carmona.
«MÁS QUE UN TRABAJO»
Desde que el parque cerró hace seis años, la situación de los trabajadores ha cambiado con el paso del tiempo. Juan relata que «a mí, por ejemplo, me quedan diez años para jubilarme, a Beli (una compañera) le quedan cinco, a Juan Manuel (otro compañero) también le quedan otros cinco. Entonces, esto no lo hacemos por el mero hecho de encontrar, tener o mantener un trabajo».
Muchos son los trabajadores que han encontrado empleo fuera del parque durante estos seis años fruto de la necesidad, pero Juan se muestra muy seguro de que «más de uno, con los ojos cerrados, en el momento que hubiera movimiento, habrían venido».
«Yo con 56 años he hecho toda mi vida profesional aquí, a nivel personal sentimentalmente me pilló que estaba sin nadie, pero sí es verdad que a mi familia, mis padres y a mis hermanos, sólo los veo los fines de semana», ha apuntado.
«A ellos les tengo dicho que yo realmente duermo en casa, porque mis padres son mayores, no puedo decirle a mi madre que estoy todos los días las 24 horas aquí. Entonces digo cara al público, en todos los medios, que yo estoy aquí 24 horas, que realmente sí estoy. Pero a ellos les digo que no es así», ha confesado Carmona.
Juan relata que le «llaman por la noche para darme las ‘buenas noches’. Les digo que me he acercado un momento al parque para dar de comer a los pavos y que ahora voy a ir para casa, pero en realidad me he plantado aquí».
El único momento en el que puede aprovechar tiempo con su familia durante los fines de semana, «aprovecho los fines de semana y como con ellos el viernes, un día con los padres y un día con una hermana. Paso una horita o dos con la tablet, en remoto. Con la tablet, vigilando, he tenido que venir corriendo para detener o identificar a personas que han asaltado el parque».
SOLOS FRENTE AL VANDALISMO
Además del mantenimiento del recinto del Tivoli, la ausencia de un salario y la incertidumbre sobre el futuro del parque, Juan ha tenido que hacer frente a múltiples intentos de vandalismo por parte de espontáneos que han intentado entrar y sustraer materiales del recinto.
«Al principio fueron intentos de robo más que nada por aprovechar una empresa que está en una laguna legal», relata Juan. «La verdad es a finales de 2020 o durante el momento de fuerza mayor que fue el 2021; ahí no teníamos el sistema de cámara y lo tuve que montar. Ahí sí sufrimos unos robos pero leves. Algún material, algunas herramientas, poca cosa», ha asegurado.
Juan se vio obligado a instalar un sistema de vigilancia por su propio pie para asegurar la seguridad del Tivoli. «Tuve que reubicar todo para cubrir el perímetro de cara a las intersecciones del parque donde normalmente confluyen las vías para saber si hay gente o no ahí dentro. Ahora mismo estoy aquí hablando contigo y tengo el monitor encendido con los dos grabadores de hasta 32 cámaras», ha relatado el trabajador
Afirma que lo que han intentado robar es material de feria, como barandas de acero inoxidable de medidas estándar. Los primeros de estos robos fueron más dañinos, pero desde que empezaron a «detener gente» y a colaborar con la policía «van más de 100 intervenciones en grupos que eran variables de dos hasta cinco».
Sobre estas personas que intentan acceder al recinto, Juan los define como «oportunistas buscando algo para poder llevarse o robar, gente que busca cierto like en sus redes». Pero lo que más le molesta es que quienes intentan entrar describen el Tivoli como un ‘parque abandonado’, cuando él defiende que «no está abandonado, es una palabra que realmente no nos gusta porque seguimos aquí».
Juan agradece a los medios y a la Policía Nacional su ayuda afirmando que gracias a ellos han pasado de «unas cuatro intervenciones por semana a unas cuatro que pueden ser por año».
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