La ruta de museos Caesaraugusta invita a descubrir el ocio y la vida social y económica de la Zaragoza romana

ZARAGOZA 18 Jul. (Agencias) –
La ruta de los cuatro museos de Caesaraugusta –Foro, Termas, Teatro y Puerto Fluvial– invita a descubrir el ocio y la vida social, política y económica, además de los hábitos de salud e higiene de la Zaragoza romana cuando, hace dos mil años, ya era un polo estratégico de comunicaciones y comercio dentro de la península Ibérica gracias a su ubicación en la confluencia de tres ríos, Ebro, Gállego y Huerva.
Zaragoza conserva un legado que permite conocer cómo era la vida en Caesaraugusta, la única ciudad de todo el Imperio Romano que ha tenido «el orgullo» de tener el nombre completo del emperador, Caesar Augusto. «Se ha fijado su fundación en el año 14 a.C., a lo mejor fue para el 23 de diciembre cuando el emperador cumplía 50 años, no es seguro, es una suposición», ha comentado la consejera municipal de Cultura y Turismo del Ayuntamiento de Zaragoza, Sara Fernández.
Los cuatro museos se pueden visitar de forma independiente, aunque el Ayuntamiento hace una oferta y, por 7 euros se puede adquirir el bono. Los primeros días del mes es gratuito, por lo que es «asequible para todos los bolsillos», ha puntualizado.
Una de las novedades de esta ruta es que posee la placa de plata de la Certificación Herity, la primera que se concede en España en 2009 y que avala el buen estado de conservación de los restos arqueológicos y la gestión posterior, además de la divulgación del patrimonio.
A lo largo de todo el año se suceden distintas iniciativas adaptadas a los diferentes públicos, desde didácticas para los más pequeños u otras más concretas y específicas dependiendo del momento del año, como el Día Internacional de los Museos o la Noche en Blanco.
«A mí me gusta mucho destacar que tenemos incluso un acuerdo con el Servicio Aragonés de Salud y hay algunas de nuestras actividades que las recetan directamente los médicos porque al final es una forma de terapia», ha destacado Sara Fernández.
EL TEATRO ROMANO
El resto romano más visual e impactante es el teatro romano que era el centro del ocio de la Zaragoza romana, con una capacidad de hasta 6.000 personas, que supone que era el mayor de la provincia Tarraconense y el tercero en tamaño de lo que era Hispania.
«Estamos hablando de que Caesaraugusta tendría en esa época aproximadamente 18.000 habitantes, por tanto, que hicieran un teatro para casi un tercio de la población implica que realmente venía mucha gente de otras partes del imperio. Era realmente un espacio atractivo a nivel arquitectónico porque también hay otros teatros que se construyeron aprovechando la orografía, una ladera, pero aquí en llano, desde cero, llegó a tener hasta 25 metros en la parte más alta», ha descrito.
A nivel escénico también tenía muy buena acústica por la forma del graderío, pero también porque los actores llevaban una máscara abocinada de forma que también se ampliaba su voz. Aquí se hacían comedias, tragedias, farsas atelanas y también espectáculos de mimo, de pantomima.
Poseía una curiosidad y es que había una maquinaria bajo el escenario que permitía que un momento dado, por sorpresa, apareciera un personaje. «Serían –ha comparado– como los efectos especiales de la época, que era algo desde luego muy sorprendente y evidencia que en este teatro, que es del siglo I después de Cristo, en la época ya de Tiberio, realmente había muchísima vida cultural».
Este teatro da fe de la máxima romana ‘pan y circo’, ya que «tenía mucha vida, había funciones que duraban todo el día, el público era muy participativo porque aquí comían, bebían, por supuesto protestaban, aplaudían y aparte de la vida cultural también era un reducto de vida social», ha detallado la consejera municipal.
SALUD E HIGIENE
Cerca del Teatro Romano está el Museo de las Termas Públicas, descubierto durante unas obras en 1992 en la calle San Juan y San Pedro, y era un lugar muy destacado de la vida cotidiana.
«No solamente se iba a las Termas Públicas a asearse por cuestión de higiene, sino también para hacer deporte y era un centro cultural, incluso un antecedente de nuestras bibliotecas. Iba muchísima gente porque, además, eran muy económicas, podían entrar hombres, mujeres, niños, soldados, todo el público», ha relatado.
Los ciudadanos de entonces no tenían baño en casa, acudían a las termas y habría estancias separadas para hombres y mujeres y también horarios diferenciados para no mezclarse, pero toda la población tenía acceso a la piscina, la ‘natatio’.
De este vaso quedan nueve metros aunque llegó a tener hasta 16 metros de largo, y tiene 1,20 metros de profundidad. Quedan losas del fondo, las basamentas de las columnas que la rodeaban que datan del siglo primero después de Cristo, pero más antiguas bajo esa piscina se encuentran las letrinas, fechadas en el siglo I antes de Cristo que tenían una capacidad hasta para 29 personas.
«Ahora nos sorprende mucho, pero en la época era común unirse en las termas porque no había baños en las casas, y evidencian que era un lugar muy concurrido, muy populoso, y una buena muestra de la vida cotidiana».
Su uso no era solo por higiene, sino también como centro de socialización. «Eran nuestros antiguos spas, piscinas, gimnasios de la época y centros a los que se acudía para hablar un rato, incluso para pasar el rato sin más», ha explicado.
PUERTO FLUVIAL
Cerca del Ebro, en la plaza San Bruno, se sitúa el Museo del Puerto Fluvial, que evidencia la importancia económica y comercial que tuvo la Caesaraugusta de la época y el papel fundamental del río Ebro, porque era una «auténtica autopista por donde venían mercancías, pasajeros, pero también nuevas ideas y mucha de la modernidad de entonces», ha expuesto Sara Fernández.
El Ebro era navegable desde Varela, la actual Logroño, y lo largo de toda la cuenca había muchos puertos y embarcaderos como el de Zaragoza que refleja la importancia de la economía y del comercio en la época, las mercancías que se traían y se llevaban desde territorios muy lejanos, como telas, productos de alimentación –cereal, aceite, pescado– que se colocaban en las tinajas y ánforas de las que todavía quedan restos.
Como curiosidad se conserva un ‘Ebrómetro’ donde se puede comprobar las diferentes alturas que han alcanzado las crecidas del río incluso en momentos de avenidas históricas y se ve como la ciudad romana estaba mucho más abajo de lo que actualmente es la ciudad moderna.
EL CORAZÓN DE LA CIUDAD
El Foro Romano, en la plaza de La Seo, era el corazón de la ciudad romana, donde se hacían las ceremonias religiosas, la vida política, administrativa, económica y también comercial, es decir, la vida pública en general.
En la primera parte están los restos arqueológicos más antiguos, de la época del emperador Augusto, del siglo I a.C., y se pueden observar los restos de un mercado, las partes laterales de diferentes tiendas, también queda parte de alguna cloaca y de alguna tubería.
Posteriormente, se amplió mucho y de tiempos de Tiberio quedan los restos de los arranques del pórtico del foro, también de las columnas, hay una gran cloaca que se puede transitar, y algunas tuberías y canalizaciones.
Aparte de esos restos hay otras piezas destacadas como una escultura de un camilo. Los ‘camilus’ eran adolescentes de familias ricas a los que se les permitía acompañar a los sacerdotes en las ceremonias religiosas. También se ha instalado un gran mosaico, conocido como ‘de las musas’ que proviene de una ‘domus’, una casa romana que había en lo que ahora son los restos de la muralla al lado de la iglesia de San Juan de los Panetes.
El recorrido de la Zaragoza romana termina al otro lado de la plaza del Pilar, donde se conserva parte de las murallas que custodia una escultura de bronce de César Augusto, un regalo del Gobierno de Italia para recordar su fundación como Colonia Caesarugusta por las legiones romanas.
CL11
