¿La ley de cuota femenina de India vuelve a dejar a las mujeres en desventaja

NUEVA DELHI – Decir que los hombres volvieron a imponerse sobre las mujeres sería quedarse corto. Afirmar que las mujeres perdieron y los hombres ganaron sería una simplificación excesiva. Y sostener que las maniobras políticas, las intrigas y el engaño terminaron superando a la mitad de la población de la India sería simplemente describir lo evidente.
Entonces, ¿cuál es la historia? ¿Cuál es la trama, con todos sus giros inesperados? ¿O cuál es el juego que las mujeres perdieron incluso antes de empezar a jugar?
Retrocedamos tres décadas, cuando las mujeres de la India despertaron a lo que hoy se presenta como el inicio de su empoderamiento político.
En ese contexto, hay un nombre que sobresale: el de la parlamentaria Geeta Mukherjee, quien presidió el Comité Parlamentario Conjunto encargado de examinar un proyecto de ley que proponía reservar escaños para las mujeres tanto en el parlamento nacional como en las legislaturas estatales. El porcentaje previsto era de 33 %.
Fue en 1996 cuando ese proyecto se presentó por primera vez en la Cámara Baja del Sansad, el nombre del parlamento indio.
Hoy es 2026 y las mujeres de la India siguen luchando por obtener un lugar legítimo en el poder político y reclamando, sin descanso, lo que les corresponde por derecho.
El proyecto de ley de cupo femenino fue presentado ante el Parlamento en varias oportunidades: cinco, para ser exactos.
Su historia, llena de avances y retrocesos, resulta reveladora. También lo son los interrogantes que surgieron a lo largo de ese accidentado recorrido. Pero, sobre todo, cabe preguntarse qué consecuencias tuvo este sueño incumplido para la dignidad de las mujeres de la democracia más grande del mundo.
En términos sencillos, quedaron atrapadas en una espera interminable, preguntándose una y otra vez si la ley finalmente se aprobará o no. Y, tal como se desarrollaron los acontecimientos, el futuro ofrece escasas razones para el optimismo.
Retrocedamos aún más, hasta la Asamblea Constituyente que aprobó la Constitución de la India en 1949. De sus 389 integrantes, apenas 15 eran mujeres. Ya entonces existían cuestionamientos, aunque de otra naturaleza.
Mientras una de las constituyentes temía que la reserva de escaños terminara restringiendo la participación femenina y excluyendo a las mujeres de los cargos de elección general, otro miembro planteó una pregunta directa: “¿Acaso las mujeres no se guiaban por el corazón y la política no era una cuestión de la mente?”. Así, el debate entre el corazón y la razón se prolongó sin que el problema encontrara una solución.
Casi 50 años después, en 1996, fue Sushma Swaraj, entonces diputada y más tarde ministra de Relaciones Exteriores de la India, quien volvió a instalar el tema en la agenda política. Ante el parlamento señaló que solo 6,5 % de los 543 integrantes de la Cámara Baja eran mujeres. Sin decirlo de manera explícita, dejó en claro que la situación era desalentadora y que el panorama futuro no invitaba al optimismo.
Sus palabras resultaron proféticas. Tres décadas después, las mujeres continúan luchando por un derecho que debería estar plenamente garantizado.
Cuando el proyecto se presentó en el Parlamento en 1996 y nuevamente en 1998 y 1999, los legisladores varones se alinearon para impedir que avanzara. En las tres ocasiones, la iniciativa perdió estado parlamentario al disolverse la Cámara Baja.
Sin embargo, en 2008 se optó por otra estrategia y el proyecto fue presentado en la Cámara Alta.
De ese modo se evitaba que caducara, ya que el Sansad indio está organizado de tal manera que la Cámara Baja tiene un mandato fijo de cinco años, mientras que la Cámara Alta es un órgano permanente que no se disuelve. A diferencia de los proyectos presentados en la Cámara Baja, los que ingresan por la Cámara Alta no pierden estatus parlamentario.
Aun así, su aprobación definitiva en la Cámara Baja sigue siendo una enorme incógnita que continúa interpelando a las mujeres de la India.
Todo este largo y complicado proceso dejó al descubierto, y sigue dejando al descubierto, el desprecio y la falta de consideración que muchos hombres sienten hacia las mujeres en esta parte del mundo. Y no se trata de hombres cualquiera, sino de dirigentes elegidos para velar por el bienestar de toda la población, hombres y mujeres por igual.
Por eso, cuando se expresan de manera despectiva sobre las mujeres, surge una pregunta inevitable: ¿la sociedad realmente avanzó o sigue siendo profundamente patriarcal y conservadora, donde los hombres, tanto en el ámbito público como dentro del hogar, padres, hermanos y esposos, continúan tomando todas las decisiones?
Aunque la respuesta parece evidente, resulta indignante para amplios sectores femeninos el recordar la forma en que numerosos legisladores atacaron a las mujeres durante los distintos debates sobre la reserva de 33 % de los escaños en el parlamento y en las legislaturas estatales.
Basta con un ejemplo. Durante un debate parlamentario celebrado en 1997, dos dirigentes pertenecientes a las castas consideradas socialmente desfavorecidas se opusieron al proyecto al tiempo que reclamaban lo que denominaron una “cuota dentro de la cuota”.
En otras palabras, sostenían que, dentro de 33 % reservado para las mujeres, debía garantizarse una representación específica para las Otras Castas Atrasadas, los dalits y las mujeres musulmanas.
En la India, los dalits son los integrantes de las antiguas castas consideradas “intocables”, mientras que las Otras Castas Atrasadas (OBC) agrupan a comunidades históricamente marginadas. La población musulmana constituye una de las principales minorías religiosas del país.
Pero volvamos al debate parlamentario. Amparándose en la supuesta defensa de las mujeres pertenecientes a las castas desfavorecidas y marginadas, estos dirigentes encabezaron una campaña contra la reserva de escaños.
Para desacreditar a las mujeres recurrieron a expresiones particularmente ofensivas, estableciendo una división entre las mujeres urbanas y con educación superior y aquellas provenientes de las zonas rurales.
El exministro Sharad Yadav, del estado de Bihar, llegó a calificarlas de par-kati mahilayen, una expresión que puede traducirse aproximadamente como “mujeres de pelo corto y pertenecientes a la élite”.
Incluso amenazó con ingerir veneno si el proyecto se aprobaba sin contemplar una representación adecuada para las distintas castas. Según sostenía, las mujeres privilegiadas, urbanas y pertenecientes a la élite eran incapaces de comprender las dificultades que enfrentaban sus pares de las zonas rurales más alejadas.
En sus propias palabras: “Al igual que Sócrates, que murió bebiendo veneno en defensa de sus principios, yo también estoy dispuesto a morir luchando por los míos”.
Dada la mentalidad patriarcal que predominaba, y que aún persiste, semejante declaración podía interpretarse como una advertencia: la reserva de escaños para las mujeres solo se aprobaría “sobre mi cadáver”.
El exjefe de gobierno del estado de Uttar Pradesh, Mulayam Singh Yadav, expresaba otra preocupación. En 2010 dijo a sus seguidores: “Miren el tipo de mujeres que llegarán al Parlamento… Las esposas e hijas de funcionarios y empresarios, esas a las que los muchachos les silban por la calle…”. También sostuvo que las mujeres rurales quedarían excluidas porque “no son tan atractivas”.
Otro dirigente, el exministro y exjefe de gobierno del estado de Bihar Lalu Prasad Yadav, afirmó que, dado que la India era una “sociedad dominada por los hombres”, las mujeres votaban siguiendo las instrucciones políticas de sus familias. En otras palabras, carecían de capacidad para pensar y decidir por sí mismas y actuaban simplemente como una extensión de la voluntad de sus esposos: “Mi propia esposa vota según lo que yo le digo”, declaró entonces.
Años más tarde, cuando fue encarcelado por un caso de corrupción relacionado con un fraude en la compra de forraje para ganado, designó a su esposa como sucesora política.
Según el expediente judicial, Lalu Prasad Yadav, quien había sido jefe de gobierno de Bihar y ministro del Gobierno nacional, fue condenado por desviar importantes sumas de dinero del Departamento de Ganadería.
Tras su renuncia, y sin intención de ceder el poder a alguien ajeno a su familia, eligió a su esposa, Rabri Devi, para reemplazarlo. El hecho de que ella no tuviera educación formal y ni siquiera supiera firmar su nombre no representó un obstáculo, ya que gobernaría, en los hechos, como representante de su marido.
Rabri Devi se convirtió en la primera mujer en gobernar el estado de Bihar y ocupó ese cargo en tres oportunidades.
No obstante, es cierto que, en muchas regiones de la India, los hombres siguen indicando a sus esposas, madres, hermanas y demás mujeres de la familia cómo deben votar. Esa es una de las razones por las cuales el voto en bloque continúa siendo la norma más que la excepción entre las mujeres de las zonas rurales.
Sin embargo, hacia 2023 los partidos políticos comenzaron a comprender el peso del voto femenino, especialmente durante el gobierno del primer ministro Narendra Modi, cuya administración puso en marcha diversos programas sociales destinados a las mujeres.
Con la intención de consolidar su imagen como defensor de los derechos de las mujeres, el gobierno de Narendra Modi impulsó el proyecto de ley de reserva de escaños para las mujeres, que finalmente fue aprobado por la Cámara Baja del Parlamento, aunque no sin resistencias.
Sin embargo, ese avance fue solo parcial. Si bien la ley establecía una reserva del 33 % de los escaños para las mujeres, su entrada en vigor quedó supeditada a dos procesos futuros: la realización del próximo censo nacional y la posterior redistribución de las circunscripciones electorales, conocida en la India como delimitación.
A primera vista parecía un paso adelante, pero en la práctica se trataba de una promesa postergada.
Vincular la aplicación de la reserva de escaños al censo y al posterior proceso de delimitación significaba dejar su implementación en un futuro incierto, ya que no existía claridad sobre cuándo se realizaría el censo ni sobre la fecha en que entraría en vigor la nueva distribución de los distritos electorales. En consecuencia, la aprobación de la ley terminó siendo, en gran medida, una medida simbólica, válida sobre el papel pero sin efectos concretos.
Lo cierto es que los hombres siguen siendo reacios a ceder espacios de poder político a las mujeres. Al mismo tiempo, para cualquier partido político resulta contraproducente oponerse abiertamente a una reforma destinada a ampliar la participación femenina. Ninguna fuerza quiere ser vista como un obstáculo para el avance de los derechos de las mujeres ni correr el riesgo de ser catalogada como contraria a ellas.
Por eso, aunque todos los partidos manifiestan públicamente su apoyo a la iniciativa, la realidad es muy distinta: ninguno parece dispuesto a que la reserva de escaños se convierta en un hecho. La explicación es sencilla. Si el cupo de 33 % llegara a aplicarse, serían los hombres quienes tendrían que renunciar a parte de sus bancas para dar lugar a las mujeres. En una sociedad tan patriarcal como la india, esa posibilidad sigue pareciendo lejana.
Lo paradójico es que prácticamente todos los partidos incluyeron la reserva para las mujeres en sus plataformas electorales, pero ninguno avanzó de manera decidida para convertirla en realidad. Si algo hicieron a lo largo de los años fue, precisamente, obstaculizar su concreción.
Avancemos hasta 2026. Ese año, el gobierno del nacionalista Narendra Modi volvió a presentar el proyecto de ley durante una sesión especial del parlamento.
Esta vez, sin embargo, las verdaderas intenciones despertaron sospechas. La iniciativa apareció de manera sorpresiva en plena campaña para las elecciones en los estados, lo que llevó a muchos a pensar que respondía más a cálculos políticos que a un genuino compromiso con los derechos de las mujeres.
La situación se agravó cuando el gobierno decidió vincular el proyecto de reserva de escaños con otra iniciativa legislativa: la delimitación de las circunscripciones electorales.
Para quienes no están familiarizados con el sistema político indio, la delimitación consiste en redefinir los límites de las circunscripciones electorales. Ese proceso implica redistribuir los escaños parlamentarios y estatales de acuerdo con los datos del censo más reciente, un relevamiento que todavía no concluyó.
La decisión de tratar conjuntamente ambos proyectos fue duramente cuestionada. Los partidos de la oposición acusaron al gobierno de Modi de utilizar a las mujeres como instrumento para alcanzar objetivos políticos.
La diputada opositora Mahua Moitra resumió esa crítica con una frase que rápidamente ganó notoriedad: el proyecto era “la delimitación envuelta en un sari”. Con esa expresión quiso decir que el Gobierno estaba utilizando la causa de las mujeres para impulsar una reforma que, de otro modo, encontraría una fuerte resistencia en el Parlamento.
Cabe recordar que los estados gobernados por la oposición rechazan la delimitación porque consideran que reduciría su peso político. Al redistribuir los escaños en función de la población actual, aquellos estados con menor crecimiento demográfico perderían representación parlamentaria.
Consciente de que el proyecto de delimitación difícilmente obtendría los votos necesarios por sí solo, el Gobierno optó por asociarlo a la ley de reserva para las mujeres. La estrategia era clara: hacer que la delimitación avanzara de la mano de una iniciativa que ningún partido quisiera aparecer rechazando, dado el enorme peso electoral del voto femenino.
Sin embargo, los cálculos políticos no dieron resultado. La oposición cerró filas y votó en bloque contra el proyecto. El resultado fue que una iniciativa que parecía destinada a prosperar terminó naufragando.
Como explicó la diputada opositora Sushmita Dev: “No estamos en contra de la reserva de escaños para las mujeres. Lo que constituye una traición es que el Gobierno utilice a las mujeres para impulsar la delimitación. ¿Por qué vincular ambos proyectos? ¿Por qué convertir este tema en una disputa política? ¿Por qué imponer una agenda? ¿Por qué no otorgarles a las mujeres la dignidad que merecen?”.
Más allá de las disputas partidarias, las mujeres que llevan décadas luchando por el empoderamiento femenino consideran que este enfrentamiento entre el Gobierno y la oposición representa una oportunidad perdida.
Así lo expresa Ranjana Kumari, fundadora del Centro de Investigación Social y una de las principales impulsoras del movimiento por la reserva de escaños para las mujeres en la India: “El rechazo del proyecto de ley de reserva de escaños para las mujeres en el parlamento obliga a reflexionar con mayor profundidad sobre el estado de la democracia india.
«Existe una brecha entre las intenciones y las acciones. Los partidos políticos deben asumir su responsabilidad y dejar atrás los gestos meramente simbólicos. En todo el mundo, las cuotas de género han demostrado que el cambio es posible cuando existe un compromiso político genuino y un diseño institucional claro. La India se encuentra hoy en una encrucijada similar”, añadió.
Kumari estuvo al frente del movimiento que durante años impulsó la aprobación de una legislación destinada a garantizar una mayor representación política de las mujeres.
Llegados a este punto, es inevitable hacerse una serie de preguntas. ¿Durante cuánto tiempo seguirán las mujeres de la India golpeando puertas para reclamar un derecho que les corresponde?, ¿Hasta cuándo los partidos políticos y sus dirigentes continuarán utilizándolas como chivos expiatorios para alcanzar sus propios objetivos?, ¿Por qué se les niega, una y otra vez, lo que les pertenece por derecho?, ¿Por qué siguen siendo víctimas de hombres que concentran el poder político?
¿Por qué la política termina imponiéndose sobre los derechos de las mujeres?, ¿Por qué su futuro depende de procesos legislativos cada vez más complejos?, ¿Por qué continúan siendo rehenes de los intereses y las maniobras del poder político?
Son demasiadas preguntas, pero la respuesta resulta para la autora de este análisis tan directa como contundente: los hombres de la India, como ocurre en muchas otras partes del mundo, quieren que las mujeres sigan siendo subordinadas y ocupen un lugar de segunda categoría, aun cuando la mitad del cielo también les pertenece.
T: GM / ED: EG
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