Deshidratación severa: una amenaza silenciosa que puede acabar en cuidados intensivos
MADRID, 9 Jul. –
La deshidratación severa es una urgencia médica que puede poner en riesgo la vida si no se trata a tiempo. Se produce cuando el organismo pierde más agua y líquidos de los que es capaz de reponer, alterando funciones esenciales para su correcto funcionamiento. Aunque puede desarrollarse por causas tan comunes como el vómito, la diarrea, la fiebre, la sudoración excesiva, o una ingesta insuficiente de líquidos, el riesgo es mayor en personas mayores y en quienes padecen enfermedades como la diabetes.
Reconocer sus señales de alarma y actuar con rapidez resulta fundamental para evitar complicaciones graves. Así, y según la Biblioteca Nacional de Medicina de Estados Unidos, entre los signos de deshidratación grave se encontrarían, entre otros:
·Piel seca y arrugada.
·Ojos hundidos.
·Mareos o aturdimiento.
·Respiración y latidos cardíacos rápidos.
·No orinar u orina amarilla muy oscura o de color ámbar.
·Irritabilidad o confusión.
·Shock.
·Inconsciencia o delirio.
Pero es que uno de los principales peligros de la deshidratación severa favorecida por el calor es que se puede acabar en cuidados intensivos, tal y como afirma a Agencias Salud, la doctora María Villalonga Comas, especialista en medicina interna, y coordinadora del Observatorio de Cambio Climático de SEMI (Sociedad Española de Medicina Interna).
«Es algo que ocurre con más frecuencia de la que la gente imagina. La deshidratación grave puede desencadenar un fracaso renal agudo, destrucción muscular masiva -rabdomiólisis-, en sepsis, y en alteraciones electrolíticas graves. El desenlace puede requerir ingreso en una unidad de cuidados intensivos», subraya.
El estudio de ISGlobal con datos de todo el sistema hospitalario español es muy claro en este punto, según refiere: el fracaso renal, la infección urinaria, y la sepsis son los diagnósticos con mayor impacto relativo del calor sobre los ingresos hospitalarios.
Además, la doctora Villalonga mantiene que el riesgo de ingreso por trastornos metabólicos y obesidad casi se duplica en los días de mayor temperatura: «Son datos que provienen del análisis de más de once millones de ingresos, y que ofrecen una imagen muy completa y fiable de lo que ocurre en la práctica clínica en toda España».
Lo que observamos también en nuestra práctica clínica, tal y como prosigue esta experta de la SEMI, es que muchos de estos ingresos no llegan el día de mayor temperatura sino en los días siguientes. «Una persona que bebe poco durante varios días de calor puede presentar un fracaso renal cuando el calor ya ha bajado, aparentemente sin causa clara. Es un daño que se acumula en silencio y se hace visible más tarde», advierte.
En esta misma línea, la doctora Carmen del Arco, coordinadora de Urgencias del Hospital Universitario de la Princesa de Madrid y profesora asociada de la Facultad de Medicina de la UAM, insiste en que la pérdida de volumen líquido en el organismo, la deshidratación, puede favorecer que la respuesta al calor no sea la adecuada, de forma que si hay menos líquido y sales minerales en el territorio vascular no puede producirse la sudoración para disminuir la temperatura, y se puede producir taquicardia e hipotensión, al mismo tiempo que el riñón intenta recuperarla reteniendo líquido y disminuyendo la diuresis.
EL CASO DE LAS PERSONAS MAYORES
Pero es que también llama la atención la doctora Villalonga, de SEMI, sobre un punto y es que un aspecto que deberían conocer los familiares de personas mayores es que dado que éstas no sienten sed, y aunque estén deshidratándose, no beberán. «Su mecanismo de la sed está embotado. Eso significa que la prevención no puede depender de que ellos pidan agua: hay que ofrecerles líquidos de forma proactiva, con regularidad, aunque digan que no tienen sed», incide.
A su vez, destaca que la herramienta más accesible para cualquier familia es el color de la orina: casi transparente o amarillo paja es correcto; amarillo oscuro es aviso de beber ya; marrón o naranja es urgencia médica. «Compartir esta información con las personas mayores del entorno es una acción preventiva concreta y eficaz», asevera.
PAUTAS A SEGUIR PARA EVITAR UNA DESHIDRATACIÓN SEVERA
Con todo ello, la doctora Carmen del Arco, del Hospital Universitario La Princesa de Madrid, aconseja, en general, beber líquidos, aunque no se tenga sed, y hace hincapié en que sobre todo hay que recordárselo a los niños muy pequeños y a las personas mayores que suelen perder la sensación de sed, por lo que no ingieren líquidos: «Si no les gusta el agua sola, siempre se pueden añadir unas gotas de limón para cambiarles el sabor y que les resulte más agradable. No convienen las bebidas muy azucaradas, que van a acabar generando un fenómeno osmótico, los azúcares atraen agua libre que se pierde. Tampoco es aconsejable el alcohol que provoca una mayor deshidratación».
En este contexto, recuerda que las frutas ‘ricas en agua’, como las peras, el melón, o la sandía, por ejemplo, son más recomendables y puede que resulten más apetecibles a las personas que no beben agua. «Tampoco hay que olvidar los alimentos que aportan sales minerales, no es suficiente tomar sólo agua, porque con el sudor se pierde también sodio y otros iones necesarios, no en vano las ensaladas son un alimento propio del verano y ya decían que ‘la ensalada salada, poco vinagre y bien aceitada'», agrega.
Otro aspecto a tener en cuenta, tal y como prosigue la doctora Del Arco, son los distintos tratamientos de enfermedades crónicas: «Puede ser necesario ajustar las dosis de antihipertensivos sobre todo de diuréticos y vasodilatadores que pueden acrecentar los efectos del calor, eso no quiere decir que se abandone el tratamiento, puesto que un efecto rebote puede ser peor. Pero sí que hay que estar pendiente de este punto y consultar».
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