El Niño de Elche y Raül Refree bendicen el VII SoNna Huesca con unaliturgia mística cercana al trance
HUESCA 5 Jul. (Agencias) –
El exterior del Centro de Arte y Naturaleza (CDAN) de Huesca ejerció de templo para un concierto inclasificable de dos heterodoxos que se fundieron sobre el escenario en una celebración pseudo religiosa que derivó en trance.
Entre la penumbra y el humo surgieron Raül Refree y El Niño de Elche como dos monjes de un monasterio imaginado de color azul. El concierto comenzó con algo de retraso porque esa escenografía del color del océano de Marta Pazos obliga mucho a los técnicos de luces.
La formidable voz de El Niño de Elche y el «órgano» sin tubos de Raül Refree crearon ayer en el CDAN un kyrie eleison (Señor ten piedad) de poco más de una hora de duración, que es lo que les costó recorrer el espectáculo Cru+es, basado en el disco del mismo nombre y, a su vez, en un directo previo que denominaron Ecstasis, un título quizás más acertado para definir lo que se ofreció este sábado.
El concierto inaugural del Festival Sonidos en la Naturaleza fue un recital místico, una suerte de evolución de la literatura de San Juan de la Cruz y Santa Teresa de Jesús, en el límite entre la razón y la locura. Una música hereje a pesar de la espiritualidad que lleva impregnada y que los artistas no perdieron el tiempo en explicar.
Por momentos, el gregoriano se aflamencaba y Francisco Contreras (El Niño de Elche) ejercía de sacerdote pagano acompañado de un brujo de las atmósferas, como es Raül Refree. Hubo parte del público que los acompañó casi hasta el trance. Otra mínima parte se marchó. Porque la de ayer no es música fácil. Hay que tener un punto melómano y el oído educado para apreciar todos sus matices. La serenidad vocal y física de El Niño recorrieron ‘Somni’, ‘Tu voluntad’ y ‘Cruz’, fusionadas con la brujería electrónica de Raül Refree.
Sería injusto decir que el catalán «acompañó» con su teclado la voz rasgada y profunda de el de Elche. Más bien le dio sentido para convertirla en voz sagrada, en voces del más allá. Realmente, solo faltó el incienso para llevarnos a todos ante el altar de la propia vida. La escenografía creaba el marco perfecto.
Entre la penumbra y el humo, los artistas se adivinaban detrás, difusos, etéreos, como llegados desde otro estadio, de otra dimensión física. Juntos fueron recorriendo las piezas del espectáculo. Tras Senescente mundo, para Salmo XXI Refree abandonó el teclado para coger una guitarra y rasgarla monótonamente, litúrgicamente.
Sentados en dos taburetes al borde del escenario, los artistas mostraron más que química, amor el uno por el otro. Los gestos de satisfacción eran íntimos y personales. «Dios mío, por qué me has abandonado, soy una caricatura de hombre, el desprecio del pueblo* » El Salmo XXI, del libro «Salmos» del poeta y teólogo de la liberación nicaragüense Ernesto Cardenal, surgió como la pieza clave del espectáculo. Colocados como una pareja de flamenco, lo que ofrecían no podía ser más distinto.
Luego llegarían Nádas, en homenaje al escritor húngaro Péter Nádas o Mil maneras de salvarse. Al público le quedó la duda de si no había bis preparado o fue acaso El Niño de Elche el que dijo, hasta aquí. En la liturgia no hay bises que valgan. Si uno sale del trance y aparece la luz, volver a él resultaría casi imposible. Parte del público se levantó y los artistas ya solo regresaron para saludar y recibir la merecida ovación.
El fin de semana inaugural del VII Festival Sonidos en la Naturaleza, unido por el hilo conductor de la fusión personal y artística de dos artistas consagrados, se cierra este domingo –20.30 horas– de forma virtuosa en el espacio Vicente Baldellou de Alquézar con el recital de Diego Guerrero y Muerdo, que homenajearán en su concierto a los más grandes de la música iberoamericana.
El lugar, escenario tradicional del cierre del primer fin de semana del SoNna Huesca, propicia de algún modo una reinauguración del certamen. Es la primera parada de un viaje que durará dos meses y medio, y trae consigo otra fusión artística de primer orden.
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