2 julio 2026
De los tomates podridos a la IA: Commonwealth premia a jóvenes de Uganda por combatir el hambre en África
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LONDRES / DAR ES SALAAM, Tanzania – Antes de que alguien la llamara innovadora, antes de que la inteligencia artificial entrara en la conversación, antes de las cámaras frigoríficas alimentadas con energía solar y antes del lenguaje del desarrollo sostenible, Shifra Ainomugisha conocía la pérdida de alimentos en su forma más dolorosa.

Al amanecer, tomaba un balde y caminaba entre las hileras de plantas de tomate de la granja familiar en el oeste de Uganda para recoger aquello que ya se había perdido.

Los tomates parecían saludables desde lejos. Pero muchos se habían ablandado, reventado o echado a perder antes de llegar al mercado: el verdadero significado de la pérdida de alimentos.

“Solía levantarme todas las mañanas para recoger los tomates podridos y tirarlos mientras intentaba salvar lo que quedaba”, recordó.

Casi la mitad de la cosecha familiar desaparecía de esa manera.

Sin embargo, el trabajo nunca se detenía.

Sus padres laboraban incansablemente. Pasaban las estaciones. Los campos producían alimentos. Pero los ingresos seguían siendo dolorosamente inciertos.

“Mientras tanto, luchábamos para pagar las matrículas escolares”, dijo. “Algunos niños dejaron la escuela aunque trabajábamos muy duro durante las vacaciones en la granja. Producíamos alimentos, pero no podíamos ganar suficiente dinero para mantener nuestra educación”, añadió

Shifra Ainomugisha posa junto a un sistema de riego alimentado con energía solar en Uganda. Fue nombrada Joven del Año de la Commonwealth 2026. Su aporte incluye la combinación de energía renovable e inteligencia artificial para ayudar a pequeños agricultores a aumentar la productividad y reducir las pérdidas posteriores a la cosecha. Imagen: Solafam de Uganda

Misión cumplida

Esos recuerdos de infancia, de la abundancia que se convertía en pérdida y del trabajo duro que no se traducía en oportunidades, terminaron dando forma a una misión que ahora le valió a Ainomugisha el reconocimiento como ganadora regional de África en el marco del Objetivo de Desarrollo (ODS) 2: Hambre Cero de los Premios Commonwealth para Jóvenes 2026.

Seleccionada entre casi 1000 postulantes de los 56 Estados miembros de la Commonwealth (Mancomunidad de Naciones), tras un proceso de evaluación en dos etapas en el que participaron 57 jueces, Ainomugisha se sumó a 19 finalistas reconocidos por impulsar los Objetivos de Desarrollo Sostenible mediante la innovación y el impacto comunitario.

Pero el premio no fue su único reconocimiento.

Hoy, la agricultora e innovadora ugandesa recibió el prestigioso título de Joven del Año de la Commonwealth 2026 durante la ceremonia de los Premios Commonwealth para Jóvenes 2026 en Londres.

La secretaria general de la Commonwealth, Shirley Botchwey, entregó el premio a Ainomugisha.

En sus palabras, Botchwey felicitó a todos los finalistas.

“Ya son ganadores. Ser seleccionados entre 56 naciones demuestra su valentía y creatividad. Representan lo mejor de nuestra comunidad. Han demostrado resiliencia frente a los desafíos e innovación frente a las limitaciones”. dijo.

Y agregó: “Hoy no se trata solo del reconocimiento, sino del impulso. No se trata de la excelencia individual, sino del avance colectivo. Juntos seguiremos fortaleciendo el Programa de Jóvenes de la Commonwealth como un instrumento clave para el desarrollo juvenil en la Commonwealth”.

Un camino que comenzó con una gran pregunta

Para la joven emprendedora ugandesa, sin embargo, el camino no comenzó con premios.

Comenzó con una pregunta que la acompañaba desde la infancia:

¿Cómo pueden las personas que cultivan alimentos seguir pasando hambre?

“Nadie debería morir de hambre”, declaró a IPS.

“Porque estamos aquí para ayudar. Los agricultores se dedican a la agricultura y nosotros estamos resolviendo el desperdicio de alimentos, lo que significa que estamos combatiendo el hambre. Ese es uno de los ODS en los que trabajamos”, aseguró.

Hoy, Ainomugisha es cofundadora y directora ejecutiva de Solafam Uganda Ltd, una empresa social que utiliza tecnologías solares e inteligencia artificial para ayudar a los pequeños agricultores a reducir las pérdidas de alimentos, mejorar los rendimientos y aumentar sus ingresos.

Su trabajo combina tres intervenciones relacionadas: almacenamiento en frío alimentado con energía solar, sistemas de riego solar y una plataforma de asesoramiento basada en inteligencia artificial conocida como Lean AI: un chatbot de WhatsApp diseñado para orientar a los agricultores sobre decisiones de siembra, momentos de riego, gestión de plagas, manipulación posterior a la cosecha y acceso a mercados.

Juntas, estas tecnologías buscan resolver una de las paradojas agrícolas más difíciles de África: producir alimentos, pero perder demasiado antes de que lleguen a los consumidores.

Según estimaciones agrícolas regionales, las pérdidas posteriores a la cosecha continúan absorbiendo una gran parte de la producción alimentaria en África subsahariana, debilitando los ingresos, la nutrición y la resiliencia rural. Los pequeños agricultores, que constituyen la base de los sistemas alimentarios, son especialmente vulnerables porque muchos no tienen acceso a almacenamiento, riego ni servicios de extensión agrícola.

Para Ainomugisha, esas estadísticas tienen rostros.

El rostro de su madre. El de su padre. El de sus vecinos. Y el suyo propio.

“Vengo de una familia dedicada al cultivo de tomates”, dijo. “Al crecer, vivimos el desperdicio de alimentos y los bajos ingresos a pesar de todo el trabajo duro que invertíamos en la agricultura”, agregó

Su padre se convirtió en una de sus primeras fuentes de inspiración.

Aunque nunca tuvo la oportunidad de recibir educación formal, constantemente experimentaba con soluciones.

“Intentó resolverlo comprando una bomba de riego diésel para aumentar los rendimientos porque solo tenemos una temporada agrícola importante”, explicó.

“Si no ganas suficiente dinero durante esa temporada, todo el año se vuelve difícil”, explicó.

Intentó conservar la producción en espacios de almacenamiento improvisados.

Pero los tomates seguían echándose a perder.

Años después, tras acceder a la educación y tener contacto con la tecnología, Ainomugisha comenzó a pensar de otra manera.

“En primer lugar, no fue simplemente mi decisión”, reflexionó. “Comenzó con mi padre. Mi padre no tuvo la oportunidad de ir a la escuela, pero yo sí. Sentí que tenía más posibilidades de resolver el problema que él”, agregó.

Esa convicción la acompañó durante su paso por la universidad.

Shifra Ainomugisha (en el centro, con chaleco reflectante), cofundadora y directora ejecutiva de Solafam Uganda Ltd, se encuentra con agricultores y miembros de la comunidad junto a una instalación de paneles solares que apoya iniciativas de agricultura climáticamente inteligente. Mediante energías renovables e innovación centrada en los agricultores, el proyecto busca reducir la pérdida de alimentos y mejorar los ingresos rurales. Imagen: Solafam Uganda

Del sol a la IA para cerrar brechas de conocimiento

Junto con colegas, fundó Solar Farm mientras todavía estudiaba.

Al principio, la idea era sencilla: almacenamiento en frío.

El apoyo de iniciativas de emprendimiento, incluida LEAP Africa, ayudó a transformar el concepto en una empresa en funcionamiento.

Pero fueron los clientes los que rápidamente cambiaron el rumbo.

Las personas que llegaban a las cámaras frigoríficas revelaban un problema más profundo. Algunos tenían muy pocos productos para conservar. El almacenamiento por sí solo no era suficiente.

El equipo se amplió. Luego llegaron los sistemas de riego solar.

El objetivo era ayudar a los agricultores a reducir la dependencia del costoso combustible diésel y permitir una producción durante todo el año.

Los agricultores podían acceder a los sistemas de riego mediante un modelo de financiación flexible: pagaban 20 % por adelantado y luego hacían pagos semanales de aproximadamente 1,60 dólares hasta adquirir la propiedad.

“Queríamos crear una solución que los agricultores realmente pudieran pagar”, dijo.

Después llegó el siguiente salto: la inteligencia artificial. Ainomugisha explica que el componente de IA surgió a partir de otra observación. Muchos agricultores no tenían acceso a capacitación agrícola. Las brechas de conocimiento estaban generando pérdidas.

“Muchas personas se dedican a la agricultura, pero no siempre lo hacen de la manera correcta”, explicó.

“Puede encontrarse a un agricultor de tomates regando por la mañana, cuando los tomates se riegan mejor por la tarde o por la noche”, detalló.

El equipo lanzó Lean AI: un chatbot disponible mediante WhatsApp que brinda orientación agrícola en tiempo real.

Los agricultores pueden hacer preguntas y recibir recomendaciones sobre prácticas agrícolas, control de plagas, riego y manejo posterior a la cosecha.

El sistema ahora se está adaptando para funcionar mediante un protocolo de mensajería en tiempo real conocido como USSD, con el fin de llegar a usuarios que tienen teléfonos móviles básicos.

“Usamos la IA para seguir capacitando a los agricultores incluso cuando no estamos presentes físicamente”, dijo.

“Creemos que esto mejorará los rendimientos, aumentará los ingresos y, finalmente, cambiará la idea de que la agricultura es solo para los pobres”, agregó.

Shifra Ainomugisha posa junto a un sistema de riego alimentado con energía solar en Uganda. Está combinando energías renovables y apoyo agrícola basado en inteligencia artificial para ayudar a los pequeños agricultores a aumentar la productividad y reducir las pérdidas posteriores a la cosecha. Imagen: Solafam Uganda

Cambiar la narrativa

Esa narrativa es muy importante para ella. “En Uganda existe la idea de que la agricultura es para las personas pobres”, dijo.“Eso es triste”, lamentó.

Hizo una pausa.

“La gente cree eso porque, a pesar del trabajo duro, no logra salir de la pobreza”, explicó.

Uno de los momentos decisivos llegó en 2023. Después de tener dificultades para convencer a los mercados locales de instalar su primera cámara frigorífica, el equipo la instaló en la casa familiar de Ainomugisha.

Su madre fue la primera clienta. Luego llegaron los vecinos. Después, más agricultores.

Al principio, el uso era gratuito. La gente necesitaba pruebas.

Una mujer, amiga de la madre de Ainomugisha que comerciaba frutas y verduras, se convirtió en una validación inesperada. Almacenó productos durante un mes.

Las verduras frescas que antes se echaban a perder en pocos días se conservaron durante casi dos semanas. Ese tiempo adicional le permitió esperar mejores precios en lugar de vender bajo presión.

“Más tarde se dio cuenta de cuánto la estaba ayudando”, dijo Ainomugisha.

“Ahora gana más con la agricultura que antes”, contó.

Solafam finalmente introdujo un modelo de pago por uso. El impacto, según Ainomugisha, comenzó a ser medible.

“Lo que nos enorgullece es que aumentamos los ingresos de los agricultores en 28 %”, explicó, “también redujimos las pérdidas posteriores a la cosecha en aproximadamente 30 %”.

La secretaria general adjunta de la Commonwealth (Programas), Tanmaya Lal; la secretaria general de la Commonwealth, Shirley Botchwey; y la secretaria general adjunta de la Commonwealth (Corporativa), Tania Baumann, posan junto a la Joven del Año de la Commonwealth 2026 y ganadora regional de África, Shifra Ainomugisha, durante la ceremonia de los Premios Commonwealth para Jóvenes en Londres. Imagen: Secretaría de la Commonwealth

Reacción al premio

Esos resultados ayudaron a que Solafam llegara al escenario de la Commonwealth. Los Premios Commonwealth para Jóvenes son una iniciativa del Programa de Jóvenes de la Commonwealth, que ha apoyado el trabajo de desarrollo juvenil en los países miembros durante más de 50 años.

“Me siento honrada de haber sido nombrada Joven del Año de la Commonwealth 2026. Este reconocimiento no es solo personal, sino que también representa a los agricultores y las comunidades de Uganda a las que servimos. También confirma que las soluciones construidas a partir de experiencias vividas pueden generar un impacto real. Estoy ansiosa por continuar este camino con el apoyo de la Commonwealth y su extraordinaria red de socios”.

Los premios reconocen a jóvenes líderes que impulsan soluciones de desarrollo en los Estados miembros.

Durante más de una década, el programa ha brindado visibilidad, redes y oportunidades de financiación para apoyar iniciativas lideradas por jóvenes.

Los finalistas de este año abarcan sectores que van desde la acción climática y la innovación en salud hasta el emprendimiento y las comunicaciones.

Para Ainomugisha, haber sido seleccionada es un honor.

“Estoy feliz de ser finalista de los Premios Commonwealth para Jóvenes y ganadora regional de África”, dijo.

Cree que tres elementos contribuyeron principalmente a su selección.

Sostenibilidad. Impacto. Accesibilidad.

“En primer lugar, nuestro proyecto es sostenible. Lo hemos mantenido desde 2022 hasta ahora”, dijo.

“En segundo lugar, estamos generando un impacto significativo”, añadió.

“Además, nuestra tecnología es accesible para los pequeños agricultores”, completó.

Pero quizás lo que más distingue su trabajo es a quién coloca en el centro.

Las mujeres. “Porque este problema es personal para mí”, dijo. “Escuché la historia de otra persona y decidí resolverla”, agregó.

“Soy mujer y vi cómo mi madre trabajaba todos los días en la granja, pero aun así nuestras vidas no mejoraban”. subrayó.

En gran parte de África, las mujeres representan una gran proporción de la fuerza laboral agrícola y con frecuencia enfrentan un acceso desigual a la tierra, la financiación, las tecnologías y los servicios de extensión agrícola.

Ainomugisha dice que diseñar pensando en las mujeres no es una estrategia. Es una experiencia de vida.

“Por supuesto, también trabajamos con hombres, pero la mayoría de nuestros beneficiarios son mujeres”, dijo.

A medida que las conversaciones globales se centran cada vez más en la inteligencia artificial, su mensaje es claro. La tecnología por sí sola no alcanza. Debe ser accesible. Asequible. Y estar diseñada en torno a las realidades de las personas.

Su próxima meta es expandirse: poner la inteligencia agrícola al alcance incluso de los agricultores que no tienen teléfonos inteligentes.

La visión más amplia no es simplemente digitalizar la agricultura.

Es devolverle dignidad al trabajo agrícola.

El recuerdo de los tomates podridos permanece.

También permanece el recuerdo de las matrículas escolares que casi no pudieron pagarse.

Pero hoy esos recuerdos ya no representan un fracaso.

Representan el inicio de una cosecha diferente.

Una en la que la innovación no se mide solo en algoritmos o paneles solares, sino también en si las familias que producen alimentos finalmente pueden comer, estudiar y soñar.

Y para Ainomugisha, ese futuro ya comenzó.

T: GM / ED: EG

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