30 junio 2026

Las temperaturas extremas aumentan las visitas a urgencias entre las personas con demencia

Las temperaturas extremas aumentan las visitas a urgencias entre las personas con demencia
Compartir esto:

   MADRID, 30 Jun. Agencias –

   La exposición a calor y frío extremos se asocia con un mayor riesgo de visitas a urgencias entre las personas que viven con demencia, según una investigación preliminar de investigadores del Instituto IRCCS de Ciencias Neurológicas de Bolonia, Italia, presentada en el Congreso de la Academia Europea de Neurología (celebrado en Ginebra, Suiza).

    Los hallazgos proporcionan nuevas pruebas de que los factores ambientales pueden tener efectos medibles en la salud de las personas con trastornos neurológicos.

EL CAMBIO CLIMÁTICO PONE A PRUEBA A LAS PERSONAS CON DEMENCIA

   A medida que el cambio climático aumenta la frecuencia e intensidad de los fenómenos meteorológicos extremos, comprender cómo las condiciones ambientales afectan a las personas con trastornos neurológicos se está convirtiendo en una prioridad de salud pública cada vez más importante. Sin embargo, se sabe relativamente poco sobre cómo las temperaturas extremas influyen en la salud a corto plazo de las personas que viven con demencia y enfermedad de Parkinson.

   Los investigadores analizaron las visitas a urgencias registradas entre 2015 y 2024 de 13.680 personas con demencia y 2.755 personas con enfermedad de Parkinson residentes en el municipio de Bolonia para determinar si la exposición a temperaturas extremas estaba asociada a un mayor riesgo de acudir a urgencias.

   El análisis reveló que la exposición tanto al calor extremo como al frío extremo se asoció con un aumento de las visitas a urgencias entre las personas con demencia. La exposición al calor extremo (aproximadamente 29,7 °C, que corresponde al percentil 95 de las temperaturas observadas) se asoció con un aumento del 11% en las visitas a urgencias durante los tres primeros días posteriores a la exposición.

   La exposición a frío extremo (aproximadamente 1,5 °C, que corresponde al percentil 5 de las temperaturas observadas) se asoció con un aumento tardío del riesgo, que alcanzó el 14 % alrededor de 10 días después de la exposición.

   El efecto más pronunciado relacionado con el calor se observó en personas de entre 70 y 90 años, cuyo riesgo de acudir a urgencias aumentó un 19% en los tres días posteriores a la exposición.

   Por el contrario, el análisis preliminar no halló pruebas claras de que las temperaturas extremas aumentaran las visitas a urgencias entre las personas con enfermedad de Parkinson. Los investigadores observaron una posible tendencia tras la exposición al calor extremo que justifica una investigación más profunda, pero no encontraron una asociación clara con las bajas temperaturas.

   Advierten que el tamaño reducido de la cohorte de pacientes con enfermedad de Parkinson puede haber limitado la potencia estadística del análisis y que podrían ser relevantes diferentes umbrales de temperatura para esta población.

   Los investigadores también observaron un fenómeno conocido como «efecto cosecha», por el cual los períodos de mayor afluencia a urgencias fueron seguidos por una reducción temporal del riesgo. Esto sugiere que las temperaturas extremas pueden acelerar eventos de salud que, de otro modo, habrían ocurrido más tarde.

   Tanto en condiciones de calor como de frío, observamos indicios de que las temperaturas extremas pueden acelerar problemas de salud que, de otro modo, se habrían producido más tarde», contempla el autor principal, el doctor Luca Vignatelli. «Esta concentración de la demanda de atención médica puede tener implicaciones organizativas para los servicios de salud».

«La diferencia en las tendencias de riesgo tras la exposición a temperaturas extremas entre la demencia y la enfermedad de Parkinson no resulta del todo sorprendente, ya que subraya el hecho de que estas dos afecciones se basan en dos procesos patológicos distintos, aunque generalmente se agrupan bajo el término general de enfermedades neurodegenerativas», añade.

POR QUÉ LAS PERSONAS CON DEMENCIA SON MÁS VULNERABLES

   Los investigadores creen que varios mecanismos biológicos y conductuales pueden explicar por qué las personas con demencia parecen ser particularmente vulnerables a las temperaturas extremas.

   «En las enfermedades degenerativas, podemos plantear la hipótesis de dos mecanismos de deterioro vinculados a la exposición a temperaturas extremas», explica el doctor Vignatelli. «El primero es un efecto indirecto, mediante el cual se induce estrés fisiológico en un organismo debilitado. El segundo, menos evidente y que aún debe comprobarse, es que las temperaturas extremas podrían acelerar los mecanismos patogénicos neurodegenerativos».

   Los factores conductuales también pueden desempeñar un papel importante. «Es posible que una persona con demencia no adopte conductas protectoras porque el deterioro cognitivo reduce su percepción del riesgo», añade Vignatelli. «En las personas con enfermedad de Parkinson, esto puede ser menos evidente, ya que el deterioro cognitivo es menos común y generalmente se presenta en etapas más avanzadas de la enfermedad».

   Los resultados pueden tener implicaciones no solo para los pacientes y sus cuidadores, sino también para los sistemas de salud que planifican para períodos de clima extremo.

   Los investigadores afirman que los hallazgos ponen de relieve la necesidad de adoptar medidas para proteger mejor a las poblaciones vulnerables durante los períodos de clima extremo.

CL11