Parque Tricao, ejemplar reserva natural y de avifauna en costa central de Chile
SANTO DOMINGO, Chile – El parque Tricao recuperó una zona de 100 hectáreas en quebradas cubiertas por una densa zarzamora convirtiéndolas en una reserva natural que preserva la biodiversidad, la avifauna y dota de un pulmón verde a la región de Valparaíso, la segunda más poblada de Chile, en la costa central, que incluye los dos mayores puertos del país: San Antonio y Valparaíso.
En este parque se recuperó también un humedal convirtiéndolo en el hábitat natural para cientos de especies nativas y migratorias. El 2013 este humedal obtuvo reconocimiento de las autoridades medioambientales en este alargado país sudamericano de 18,4 millones de habitantes, situado entre la cordillera de Los Andes y el océano Pacífico.
Recuperar un humedal en Chile, país con escasa protección legal para ellos, es un logro relevante porque estas reservas hídricas están amenazadas por empresas constructoras, sobretodo aquellos cercanos a las urbes más pobladas. Solo la ley de humedales urbanos dictada en enero del 2020 incluyó primeras medidas de protección.
“Es importantísimo para nosotros poder mantener ecosistemas claves como quebradas y humedales para frenar los efectos que trae el cambio climático. Los cambios de temperatura los podemos regular con estas zonas con abundante agua”: Agustín Fuentes.
La Fundación Parque Tricao, que administra el lugar, no tiene fines de lucro y se financia con aportes privados y el pago de los boletos adquiridos por visitantes, principalmente familias, niños y estudiantes.
“Es importantísimo para nosotros poder mantener ecosistemas claves como quebradas y humedales para frenar los efectos que trae el cambio climático. Los cambios de temperatura los podemos regular con estas zonas con abundante agua”, dijo a IPS Agustín Fuentes, veterinario encargado del área de conservación del parque.
En la iniciativa se refugian muchas especies que por la cantidad y extensión de incendios, sobre todo en el verano austral, y debido a la prolongada sequía, buscan un lugar para vivir.
“Poco a poco han regresado antiguas especies que habitaban aquí. El parque está sirviendo como refugio para frenar un poco los efectos del cambio climático», agregó Fuentes mientras junto a IPS recorría el lugar, en el municipio de Santo Domingo, 118 kilómetros al sureste de Santiago.
Esta iniciativa conservacionista privada comenzó el 2007 al crearse un embalse artificial que impidió que el agua del río Maipo, que cruza la región metropolitana de Santiago, se fuera completamente al cercano océano Pacífico.

El aviario de vuelo libre más grande de Sudamérica
El parque fue abierto al público el 2019 e incluye un aviario de dos hectáreas cubiertas con una malla casi invisible instalada a 27 metros de altura.
Se trata de un aviario de vuelo libre, cómo se llaman a los extensos recintos cerrados donde las aves pueden volar libremente en un entorno natural controlado. El de Tricao crea un hábitat natural para más de 800 aves de 50 tipos de especies exóticas provenientes de Brasil, China, India, Australia y otros países.
También hay loros tricahue, una especie chilena en recuperación. Y loros originarios de Nueva Guinea y Australia. Además, cohabitan distintos tipos de turacos originarios de África subsahariana y faisanes de Asia y otros muy coloridos como el Ibis Escarlata, de intenso color rojo debido a una alimentación que incluye crustáceos.
En el lugar los visitantes pueden interactuar de cerca con las aves porque la mayoría han vivido siempre bajo cuidado humano y están acostumbradas a relacionarse muy directamente con las personas.
En el aviario la mayoría de las especies son exóticas, pero por la labor del Centro de Rescate se ha recibido especies que no son liberables y deben quedar bajo cuidado humano. Se traspasan al aviario para futuros planes de conservación.
Entre las especies en riesgo de extinción en su hábitat natural están el pavo de java y la laratinga o cororra del sol que en el parque Tricao son una especie de reserva genética con enfoque de reproducción para mantener la esperanza en el futuro de volver a su hábitat natural.

El parque se convirtió en un poderoso centro de educación, principalmente de alumnos de colegios y liceos municipales de la zona central. El año 2025 más de 12 000 estudiantes visitaron este lugar.
Refuerza esta vinculación el proyecto Aula Tricao, que incluye visitas previas a los establecimientos para dialogar con profesores y alumnos en torno a sus contenidos y luego reforzarlos con la visita a terreno.
“Aquí se les enseña sobre la naturaleza y los conceptos que estudiaron en el colegio. Se van enriquecidos porque aprendieron en el parque”, resumen los encargados de su atención.
En temporada alta, en enero y febrero del verano austral, los visitantes alcanzan a 800 diariamente, límite impuesto por el parque para impedir daños a un ecosistema muy frágil.
“La conservación privada puede ser un súper buen instrumento si tuviésemos una regulación que funcione porque es un complemento a la conservación que puede hacer el Estado”: Flavia Liberona.
En enero de este año se abrió el inicio del humedal en un sector bautizado como El Milagro. Luego de más de un año de trabajo para eliminar la vegetación invasora emergió un murallón de rocas por donde escurre el agua de napas subterráneas. Esta pared estaba oculta y tras la limpieza surgió una formación natural convertida hoy en gran atracción del parque.
Frente al murallón se creó el jardín Giverny, ideado por paisajistas que combinaron coloridas especies de plantas ornamentales y nativas imitando con éxito al pintor francés Claude Monet. Nació asi un espacio atractivo y silencioso que incita a la contemplación.
La limpieza de las quebradas incluyó la plantación de especies autóctonas y contribuyó a restaurar la flora con un bosque esclerófilo de peumos, boldos, quillayes, lingues y molles. Hay más de 40 000 árboles nativos y 300 especies de diferentes plantas.
Simultáneamente arribaron aves y especies que repoblaron el tranque donde se crearon pequeñas islas para facilitar la nidificación y la reproducción, incluidos la de coipos, el mayor roedor de Chile.
“Nosotros podemos intentar predecir lo que va a pasar con el cambio climático, pero como es muy difícil estamos constantemente adaptando nuestras estrategias de conservación para las adversidades que se presentan”, explicó Fuentes.
Añadió que gracias al embalse no enfrentan problemas de agua, pero como los alrededores son una zona con alto riesgo de incendios, elaboraron planes de emergencia y de prevención para evitar que los incendios ingresen al parque.

Otro riesgo severo es la gripe aviar
“Todos los países estamos expuestos a la gripe aviar. En marzo pasado hubo un brote cercano. Apenas llegó y por la gran cantidad de aves que tenemos, iniciamos un protocolo de prevención para los visitantes con constante desinfección del calzado y una mega protección para el aviario”, relató.
En el centro de rescate reciben aves foráneas a las que aplican un protocolo de bioseguridad para evitar que esta gripe llegue al aviario.
“Chile necesita estos esfuerzos de conservación. En el sector, por ejemplo, se recuperaron las ranas chilenas. En el humedal hay coipos y otras especies favorecidas por este hábitat”, añadió Fuentes.
El parque tiene un vivero jardín botánico donde prepara las plantas nativas para reforestar.
El parque apunta a cumplir su objetivo de restaurar y proteger la fauna nativa y que los visitantes aprendan sobre la riqueza del entorno que les rodea.

La visión de una ambientalista
En dialogo con IPS, Flavia Liberona, directora de Terram, una organización que promueve el análisis crítico y propuestas de políticas públicas en temas medioambientales, recordó que quien tuvo mayor iniciativa privada de conservación en Chile fue el estadounidense ya fallecido Douglas Tompkins, cuya viuda, Kristine McDivitt, donó los terrenos al Sistema Nacional de Areas Protegidas.
“Hay una falta de regulación sobre estas iniciativas privadas en el sentido de establecer estándares y también incentivos, que es lo que los privados están reclamando permanentemente”, comentó Liberona.
“No todas las iniciativas de conservación privadas son iguales en términos de calidad de los ecosistemas que conservan y también de las acciones que hacen, pero hay una falta de incentivos para esta conservación”, añadió.
Según esta ambientalista, la conservación privada puede ser un súper buen instrumento si tuviésemos una regulación que funcione porque es un complemento a la conservación que puede hacer el Estado.
Ello es particularmente importante, a su juicio, en ecosistemas de la zona central de Chile donde vive más población, donde está más urbanizado y donde hay muy poco terreno estatal destinado a la conservación. “Allí tienen un rol importante que jugar”, consideró.
Y donde hay mas amenazas, añadió, es en los sectores cercanos a las urbes y en los salares, que son humedales con una relevancia productiva que tiene que ver, por ejemplo, con la explotación del litio.
ED: EG
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