De antigua escombrera a jardín histórico: La Comunidad inicia la protección como BIC del Parque del Oeste de Madrid

De antigua escombrera a jardín histórico: La Comunidad inicia la protección como BIC del Parque del Oeste de Madrid
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MADRID, 20 Jun. –

La Comunidad de Madrid ha iniciado los trámites para declarar Bien de Interés Cultural (BIC), en la categoría de Jardín Histórico, el Parque del Oeste, un espacio de casi 70 hectáreas en Moncloa-Aravaca que nació a finales del siglo XIX sobre una antigua escombrera y que hoy es uno de los grandes espacios verdes de la capital que cuenta con atractivos como el de La Rosaleda.

Se trata del primer parque público de Madrid concebido como tal desde su creación y diseñado como jardín naturalista, siguiendo las tendencias de la época, según recoge la resolución publicada en el Boletín Oficial de la Comunidad de Madrid (BOCM), consultada por Agencias.

Su origen está ligado al Ensanche de Madrid. A mediados del siglo XIX, la presión demográfica provocada por la Revolución Industrial obligó a ampliar la ciudad para evitar el hacinamiento y mejorar las condiciones de vida. Isabel II encargó entonces al ingeniero Carlos María de Castro el ‘Plan Castro’, que preveía nuevos barrios y espacios públicos.

En ese escenario comenzó a desarrollarse el barrio de Argüelles, junto a la montaña del Príncipe Pío. La zona tenía un fuerte desnivel hacia la Estación del Norte, inaugurada en 1864. Para corregir esa pendiente, el Ayuntamiento declaró vertedero público la Cuesta de Areneros, donde se comenzó a acumular escombros.

Una vez urbanizado el entorno, esos terrenos debían cubrirse. La respuesta fue la creación de un parque que permitía restaurar una antigua escombrera, ofrecer un espacio de paseo a los nuevos vecinos de Argüelles y completar la cornisa verde del Manzanares.

EL PROYECTO DE CELEDONIO RODRIGÁÑEZ

El Ayuntamiento encargó en 1893 el diseño del parque a Celedonio Rodrigáñez, ingeniero agrónomo y figura clave en la planificación de zonas verdes de Madrid. El proyecto fue aprobado definitivamente en 1898, durante la alcaldía de Manuel Mariátegui, conde de San Bernardo.

Rodrigáñez planteó un jardín inspirado en el paisajismo naturalista inglés, adaptado a las necesidades de Madrid. El trazado incorporaba caminos sinuosos, masas de árboles, cursos de agua, puentes, lagos, cascadas, quioscos, construcciones rústicas, estatuas y monumentos.

A partir de 1910, Cecilio Rodríguez asumió la ampliación hacia la montaña del Príncipe Pío, con una influencia más francesa, mayor geometría y una disposición más ordenada del arbolado, aunque manteniendo el carácter paisajístico del conjunto.

Años más tarde, el Parque del Oeste se convirtió en uno de los principales escenarios de los combates en Madrid durante la Guerra Civil. De aquel periodo se conservan tres torretas de hormigón fortificadas, situadas entre el Paseo de los Plátanos y la Avenida de Séneca, levantadas a principios de 1939.

Tras la guerra, la restauración se prolongó durante los años cuarenta bajo la dirección de Cecilio Rodríguez. Se renovaron casi por completo las plantaciones, se repusieron los pinares de las zonas altas, se combinaron especies caducifolias y perennes en las zonas bajas y junto al arroyo, se construyeron casetas de guardas y quioscos de bebidas, se creó el Paseo de los Plátanos y se diseñaron nuevas áreas de estancia.

UNA LADERA CON ARROYO, ÁRBOLES SINGULARES Y CARBONEROS

El Parque del Oeste se asienta completamente en ladera, desde la Plaza de la Moncloa hasta las inmediaciones del río Manzanares, junto al Puente de los Franceses, con un desnivel de 65 metros. Esa topografía ha condicionado su diseño y es todavía una de sus mayores señas de identidad.

En la zona noroeste destaca la vaguada del antiguo arroyo de San Bernardino de unos 600 metros que discurre entre vegetación de ribera y salva los desniveles mediante pequeños escalones y cascadas. El agua aparece también en el estanque con surtidor, la Fuente de la Salud, el Manantial de la Salud o la Fuente de Juan de Villanueva, elementos que refuerzan el carácter naturalista del parque.

La vegetación es otro de sus grandes valores. El expediente destaca la variedad, número y porte de sus ejemplares, con coníferas y presencia de frondosas que ofrecen paisajes cambiantes durante el año. Entre los árboles más relevantes figura el cedro conocido como ‘El Abuelo’, catalogado como árbol singular de la Comunidad de Madrid.

También destacan ginkgos, magnolios, hayas, glicinias, choperas, pinares de pino piñonero y carrasco, alineaciones de plátanos, grupos de cedros y eucaliptos en la Montaña del Príncipe Pío. En el Paseo de los Plátanos se ubica el Centro de Avifauna, donde pueden observarse especies como el tarro canelo, el herrerillo común, el carbonero común, el gorrión molinero o el mirlo común.

DEBOD, LA ROSALEDA Y EL TELEFÉRICO

El parque siguió creciendo durante el siglo XX. En 1957 se creó La Rosaleda, diseñada por Ramón Ortiz Ferré y Lucio Oñoro Domínguez. Con 1,8 hectáreas, funciona como jardín dentro del parque y acoge cada año el concurso internacional Rosas Nuevas de la Villa de Madrid.

En 1969 se inauguró el Teleférico de Madrid, que conecta el Parque del Oeste con la Casa de Campo. Entre 1970 y 1972 se incorporó la Montaña del Príncipe Pío, donde se instaló el Templo de Debod, donado por Egipto al pueblo español en reconocimiento a la ayuda prestada en la salvaguarda de los templos de Abu Simbel.

El Parque del Oeste reúne además la Escuela de Cerámica de Francisco y Jacinto Alcántara, La Tinaja y el Pabellón de la Florida, el cementerio de la Florida o del Dos de Mayo, y numerosos monumentos conmemorativos. Entre ellos destacan los dedicados a Federico Rubio y Galí, Concepción Arenal, el general Manuel Cassola, el pintor Rosales o la infanta Isabel de Borbón, «La Chata».

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