Territorios con ecosistemas de emprendimiento más conectados muestran mayor capacidad de transformación, según estudio

MADRID, 19 Jun. Agencias –
Los ecosistemas de emprendimiento más saludables son aquellos capaces de generar conexiones entre diversidad de agentes, adaptarse a contextos cambiantes y construir dinámicas de colaboración que trascienden la actividad económica, como se ha puesto de manifiesto en la segunda edición del Índice de Ecosistemas de Emprendimiento de Impacto, elaborado por Impact Hub Madrid e Impact Hub Donostia.
Se trata de una herramienta de diagnóstico y orientación estratégica que analiza las 50 provincias españolas a través de más de 120 indicadores agrupados en tres dimensiones (salud ecológica, salud social y salud económica-emprendedora) ya que el Índice de Ecosistemas de Emprendimiento de Impacto ofrece una nueva forma de leer los territorios españoles: no desde la competitividad, sino desde la salud ecológica, social y económica.
En concreto, el modelo parte de una premisa: un ecosistema de emprendimiento funciona como un sistema vivo donde lo económico, lo social y lo ecológico están anidados, no separados. La salud emprendedora de un territorio depende tanto de su base natural como del tejido social y cultural que la sostiene.
Para operacionalizar esto, el índice evalúa tres capacidades clave en cada provincia: vitalidad (capacidad de generar y sostener energía propia, actuar con autonomía o preservar ciclos esenciales, como agua, suelos, biodiversidad, bienestar), viabilidad (refleja la capacidad de mantenerse vivo en el tiempo interactuando con sistemas mayores desde su vocación y especialización) y evolución (potencial para avanzar hacia formas más complejas, integrar mayor cohesión y generar aprendizaje colectivo).
Estos tres objetivos se alimentan de ocho flujos de valor que el índice analiza en cada territorio: el cuidado de los recursos naturales, la diversidad de hábitats, las fuentes de energía y circularidad, el bienestar y los cuidados, la infraestructura y conectividad, la cultura, el conocimiento y la transferencia, y la gobernanza y financiación.
Las diez provincias mejor posicionadas en el índice global son Madrid, Navarra, Girona, Huesca, La Rioja, Gipuzkoa, Bizkaia, Teruel, Lleida y Araba. Pero más que el orden, lo que el análisis pone de relieve son los patrones comunesentre los territorios más saludables: mayor conectividad entre actores, gobernanzas más colaborativas, mejor articulación entre las tres dimensiones del modelo.
Un hallazgo especialmente relevante es que el tamaño económico no determina la salud del ecosistema. Navarra, por ejemplo, ocupa el primer puesto tanto en salud ecológica como en salud económica y La Rioja es segunda en salud social con una economía situada en el puesto 18.
Mientras, provincias medianas como Huesca o Teruel superan a capitales de provincia mucho más pobladas y con mayor actividad empresarial. Además, las provincias del sur de España y los archipiélagos presentan el mayor margen de mejora, especialmente en las dimensiones de salud ecológica y gobernanza.
Por ello, este índice no es una competición entre territorios, ni un ranking definitivo sobre quién lo hace mejor o peor, sino un diagnóstico de salud sistémica sobre la capacidad de un territorio para generar vitalidad propia, sostenerse en el tiempo y evolucionar hacia formas más complejas y cohesionadas de crear valor.
Los responsables de la investigación señalan que muchos de los procesos de transformación más importantes en un ecosistema no son todavía visibles en los datos estadísticos disponibles pues los cambios reales en un ecosistema tardan entre 4 y 5 años en reflejarse en indicadores. Así, un territorio puede estar en plena transición -nuevas redes, nuevas gobernanzas, nuevas formas de colaboración- sin que eso aparezca todavía en ninguna estadística oficial.
En este sentido, el índice está diseñado como instrumento de trabajo para decisores que necesitan entender su territorio antes de actuar: administraciones públicas que diseñan políticas de transición ecológica y social; empresas que buscan modelos de valor más sostenibles; universidades y centros de conocimiento que acompañan procesos de cambio; u organizaciones sociales que actúan sobre el territorio.
«El Índice no busca únicamente medir o comparar, sino ofrecer una visión más amplia sobre las condiciones que permiten a los ecosistemas generar bienestar, resiliencia y capacidad de transformación. Precisamente, el emprendimiento ha sido motor de innovación durante las dos últimas décadas, y ahora debe dar un salto cualitativo: pasar de innovar en el sistema a innovar el sistema», explica el director de Impact Hub Madrid, Alberto Alonso.
Por su parte, la responsable de Proyectos y Ecoinnovación de Impact Hub Donostia, Nerea González, destaca que «los resultados muestran que la fortaleza de un ecosistema no depende únicamente de indicadores económicos. La calidad de las relaciones, la diversidad de actores y la capacidad de colaboración son elementos fundamentales para afrontar los retos presentes y futuros de cada territorio».
El estudio se ha desarrollado a lo largo de 2025-2026 con el apoyo técnico de Mercatec Investigación Estratégica y con financiación del Programa ALIANZAS ES del Ministerio de Trabajo y Economía Social, como han detallado sus impulsores.
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