La Junta de Andalucía apoya una investigación en el volcán de La Palma como modelo para buscar vida en Marte

SEVILLA 14 Jun. (Agencias) –
La Consejería de Universidad, Investigación e Innovación apoya una investigación internacional en la que participan el Instituto de Recursos Naturales y Agrobiología de Sevilla (IRNAS-CSIC), el Instituto Geológico y Minero de España (IGME-CSIC), la Universidad de Almería y la Universidad de Huelva, con la colaboración de la Universidad de Évora (Portugal), el Inesctec (Portugal) y la Federación Canaria de Espeleología, que ha logrado identificar las primeras comunidades microbianas que han colonizado los tubos de lava formados tras la erupción del volcán Tajogaite, en La Palma, en 2021 y que sirven como modelo para estudiar la posible vida en Marte.
Según ha informado la Junta de Andalucía en una nota, el estudio, publicado en la revista científica Environmental Microbiome, describe qué microorganismos llegan primero a estos espacios recién creados por la actividad volcánica, cómo consiguen adaptarse a condiciones extremas y qué papel desempeñan en la recuperación del ecosistema.
De esta manera, los investigadores han podido observar casi desde el inicio cómo comienza la vida en un entorno completamente nuevo y estéril. Los tubos de lava analizados constituyen un auténtico «mundo recién nacido», sin suelo ni vegetación, donde los primeros seres vivos deben abrir camino para que el ecosistema pueda desarrollarse.
Más allá de su interés para comprender la recuperación natural de las zonas afectadas por erupciones volcánicas, estos entornos se han convertido en un laboratorio natural para estudiar los límites de la vida en condiciones extremas, lo que «abre nuevas líneas de investigación relacionadas con la habitabilidad en otros planetas».
En este sentido, los resultados obtenidos «ayudan a definir cómo podrían surgir, evolucionar y mantenerse algunas comunidades biológicas en entornos subterráneos de Marte». Así, la investigación demuestra que los primeros microorganismos llegan principalmente desde el exterior, transportados por el aire en forma de aerosoles o esporas, o asociados a animales como aves, roedores o insectos. Estos aportes introducen materia orgánica en un entorno inicialmente estéril y «favorecen la aparición de las primeras comunidades biológicas».
Para analizar este proceso, el equipo científico ha accedido a los tubos de lava entre uno y dos años después de la erupción, cuando las condiciones seguían siendo muy extremas. En algunas zonas, la temperatura del aire alcanzaba los 60 grados centígrados y la superficie de las rocas superaba los 90 grados. Los investigadores han realizado tres campañas de muestreo y han combinado el análisis de ADN de los microorganismos con el estudio de los minerales y las condiciones ambientales de cada zona.
Los resultados han mostrado que factores como la temperatura, la salinidad, la ventilación o la composición mineral determinan qué microorganismos logran establecerse y sobrevivir. El estudio también evidencia que estos microorganismos «no solo habitan el entorno, sino que contribuyen a transformarlo». A través de la formación de biopelículas sobre las rocas, modifican los minerales y favorecen procesos que constituyen los primeros pasos para la formación de suelo fértil y la evolución del ecosistema.
No obstante, el equipo continuará investigando la evolución de estas comunidades microbianas para comprender mejor cómo se recuperan los ecosistemas tras fenómenos extremos como las erupciones volcánicas y analizará el potencial de estos microorganismos para producir compuestos bioactivos con posibles aplicaciones en el ámbito de la salud y la biotecnología.
En este contexto, la investigación ha contado también con la participación de instituciones científicas de Portugal, Italia, Chile y Sudáfrica, así como de la Federación Canaria de Espeleología y del Centro Andaluz para el Cambio Global-Engloba. El trabajo ha sido financiado por la Consejería de Universidad, Investigación e Innovación de la Junta de Andalucía a través del proyecto Microlava, junto con programas nacionales y europeos de apoyo a la investigación, así como del Gobierno de Canarias mediante el proyecto Geopalma.
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