Día Mundial sin Tabaco: Cómo dejar de fumar previene la ceguera y protege tu vista

Día Mundial sin Tabaco: Cómo dejar de fumar previene la ceguera y protege tu vista
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   MADRID, 31 May. –

   El tabaco no sólo perjudica a los pulmones o al corazón. También puede comprometer seriamente la salud ocular. Cataratas, degeneración macular, ojo seco, o daño en la retina, y en el nervio óptico son algunas de las enfermedades relacionadas con el tabaquismo y que nunca hubiéramos podido imaginar que guardan relación con este hábito tan tóxico.

   Con motivo del Día Mundial Sin Tabaco, desde Agencias Salud hemos querido entrevistar a una experta oftalmóloga, en concreto, a la neurooftalmóloga Anna Camós Carreras, del Instituto de Oftalmología del Hospital Clínic de Barcelona, quien advierte de que, aunque muchas personas asocian el tabaquismo con enfermedades pulmonares o cardiovasculares, existe una menor concienciación sobre el hecho de que también aumenta de forma significativa el riesgo de pérdida visual y de enfermedades oculares potencialmente irreversibles.

   Resalta en este sentido que el tabaco tiene un impacto «muy significativo» en la salud ocular, ya que afecta tanto a la superficie del ojo como a sus estructuras internas, incluyendo la retina y el nervio óptico: «Fumar introduce sustancias tóxicas y proinflamatorias que aceleran el envejecimiento ocular, alteran la microcirculación, y favorecen el daño celular. Además, el humo del tabaco contiene miles de compuestos nocivos que incrementan el estrés oxidativo y que reducen la oxigenación de los tejidos».

ENFERMEDADES OCULARES ASOCIADAS AL TABAQUISMO

   Así, resalta la doctora Camós que la enfermedad más asociada al tabaquismo es la degeneración macular asociada a la edad o DMAE, subrayando que fumar multiplica el riesgo de desarrollar esta patología, que afecta a la mácula -la zona central de la retina responsable de la visión fina y de detalle-, y además acelera su progresión.

   Asimismo, dice que existe una relación bien establecida entre el tabaquismo y la aparición de cataratas, especialmente las de tipo nuclear, que en los fumadores tienden a manifestarse antes y a evolucionar con mayor rapidez.

   Además, sostiene esta oftalmóloga del Clínic de Barcelona que el tabaquismo también se asocia con el síndrome de ojo seco, con un mayor riesgo de enfermedades vasculares retinianas, así como con neuropatía óptica, con una peor evolución de diversas patologías inflamatorias oculares, además de con enfermedad tiroidea ocular, y con un aumento del riesgo de complicaciones en pacientes diabéticos.

UN DAÑO INVISIBLE CON EL PASO DE LOS AÑOS

   Pero es que, tal y como remarca esta especialista, un aspecto importante es que muchas enfermedades oculares relacionadas con el tabaco pueden avanzar de forma silenciosa durante años. «A veces, cuando aparecen síntomas visuales, el daño ya es difícil de revertir», manifiesta.

   También considera importante recordar que la prevención visual forma parte de la salud general e, igual que recomendamos dejar de fumar para proteger el corazón o los pulmones, también debemos hacerlo para preservar la visión. «Además, en pacientes que ya tienen enfermedades oftalmológicas, abandonar el tabaco puede mejorar el pronóstico y la respuesta a algunos tratamientos. El mensaje es claro: dejar de fumar no sólo mejora la salud general, sino que también protege la visión a corto y a largo plazo«, mantiene.

LA EXPOSICIÓN PASIVA AL HUMO DEL TABACO

   En este punto, la neurooftalmóloga advierte igualmente de que la exposición pasiva al humo del tabaco también puede afectar a la salud ocular, especialmente a nivel de la superficie ocular y la irritación crónica. «En niños y adultos expuestos de forma continuada, el humo puede favorecer síntomas como escozor, lagrimeo, irritación, y empeoramiento del ojo seco», agrega.

   Además, aunque el impacto es menor que en fumadores activos, la exposición pasiva también implica contacto con sustancias oxidantes y tóxicas que pueden contribuir al daño vascular y celular a largo plazo. «Por ello, evitar espacios con humo también es una medida beneficiosa para la salud ocular», afianza Anna Camós Carreras, del Instituto de Oftalmología del Hospital Clínic de Barcelona.

EL ESTRÉS OXIDATIVO

   Tal y como sugiere, el daño ocular producido por el tabaco es multifactorial, y uno de los mecanismos principales es el estrés oxidativo: «El humo del tabaco genera radicales libres que dañan las células de la retina y otras estructuras oculares, acelerando su envejecimiento y degeneración».

   Por otro lado, resalta que la nicotina y otras sustancias producen vasoconstricción y alteraciones vasculares que reducen el flujo sanguíneo ocular. Esto disminuye el aporte de oxígeno y nutrientes a tejidos muy sensibles, como la retina y el nervio óptico. Además, indica que el tabaquismo favorece inflamación crónica, daño endotelial y alteraciones de la microcirculación. Todo ello contribuye al deterioro progresivo de tejidos oculares especialmente vulnerables por su alta demanda metabólica.

¿SE RECUPERA PARTE DEL DAÑO AL DEJAR DE FUMAR?

   Dentro de todo este contexto, la doctora Camós asegura que «dejar de fumar siempre tiene beneficios para la salud ocular y cuanto antes se haga, mejor»; si bien apunta que, aunque algunos daños pueden ser irreversibles si la enfermedad ya está avanzada, abandonar el tabaco reduce progresivamente el riesgo de desarrollar muchas patologías o de que progresen más rápidamente.

   Por ejemplo, dice que en el caso de la DMAE el riesgo disminuye con los años tras abandonar el hábito tabáquico, aunque puede tardar tiempo en acercarse al de una persona no fumadora.

   «También mejoran aspectos relacionados con la circulación sanguínea, la inflamación y la superficie ocular. Muchos pacientes notan menos irritación, menos síntomas de ojo seco y una mejor tolerancia ocular. Es importante transmitir que nunca es demasiado tarde para dejar de fumar desde el punto de vista oftalmológico«, resalta.

   Finalmente, la neurooftalmóloga del Clínic de Barcelona avisa de que hay grupos especialmente vulnerables a los efectos del tabaco sobre la visión, como las personas mayores, los pacientes con diabetes, hipertensión arterial, o enfermedad cardiovascular, ya que el tabaquismo empeora la microcirculación y el daño vascular, así como aquellos con antecedentes familiares de DMAE.

CL11