Las infecciones de orina recurrentes ya no se tratan solo con antibióticos: el cambio que impulsa la urología

MADRID, 22 May. (EDIONEZ) –
Para muchas mujeres, una infección urinaria no es un episodio puntual, sino un problema crónico que reaparece una y otra vez. Durante años, el tratamiento se ha basado en el uso repetido de antibióticos, pero el aumento de resistencias bacterianas está obligando a replantear el abordaje. La inmunoprofilaxis y las autovacunas bacterianas emergen ahora como nuevas alternativas preventivas frente a las infecciones urinarias recurrentes.
Tal y como explica durante una entrevista con Europa Press Salud Infosalus Elena Seguí, especialista en Urología femenina, funcional y Urodinámica de la Asociación Española de Urología (AEU), los antibióticos siguen siendo imprescindibles para tratar una infección urinaria cuando está correctamente diagnosticada. «El problema aparece cuando el manejo se basa únicamente en tratar cada nuevo episodio con antibióticos, sin analizar por qué se repite, ni plantear estrategias preventivas», asegura.
El uso repetido de antibióticos puede alterar la microbiota, favorecer efectos adversos y, sobre todo, seleccionar bacterias resistentes, según advierte, lo que significa que tratamientos que antes funcionaban bien pueden dejar de ser eficaces. «En un contexto global de aumento de resistencias antimicrobianas, cada prescripción debe ser adecuada, dirigida y justificada. No se trata de demonizar los antibióticos, sino de utilizarlos mejor, y de reducir la exposición innecesaria cuando existen alternativas preventivas», añade.
UN CAMBIO DE PARADIGMA
En opinión de esta portavoz de la Asociación Española de Urología, nos estamos moviendo hacia un cambio de paradigma frente a este escenario ya que, durante mucho tiempo, se han tratado las infecciones urinarias recurrentes de forma episódica: aparece la infección, se prescribe antibiótico, y se espera al siguiente episodio.
«Hoy sabemos que ese enfoque es insuficiente para muchas pacientes. El futuro pasa por una visión más preventiva, personalizada y multidisciplinar. Esto incluye confirmar bien el diagnóstico, conocer el patrón de recurrencias, estudiar factores funcionales, valorar la microbiota y el estado hormonal, optimizar medidas no antibióticas, utilizar antibióticos de forma más racional, e incorporar estrategias como la inmunoprofilaxis en pacientes seleccionadas», agrega.
De hecho, sostiene la doctora Seguí que en los próximos años veremos un abordaje más preciso, con menos automatismo terapéutico, y con más medicina individualizada. «El objetivo no será solo curar cada infección, sino reducir recurrencias, proteger la calidad de vida de las pacientes y contribuir a un uso responsable de los antibióticos», defiende.
LAS NUEVAS VÍAS TERAPÉUTICAS
Con ello, sostiene que la inmunoprofilaxis busca estimular la respuesta inmunitaria frente a los microorganismos que con más frecuencia causan infecciones urinarias: «En términos sencillos, no actúa como un antibiótico que elimina bacterias en un episodio agudo, sino como una estrategia preventiva que intenta reducir la probabilidad de nuevas recurrencias».
Mantiene además esta uróloga que existen preparados bacterianos estandarizados y también formulaciones individualizadas, conocidas como ‘autovacunas’, elaboradas a partir de bacterias aisladas en los cultivos de la propia paciente. «Su objetivo es modular la respuesta inmunitaria, especialmente a nivel de mucosas, para que el organismo responda mejor ante esos patógenos», precisa.
La gran ventaja potencial, en opinión de esta experta de la AEU, es que pueden reducir el número de episodios y, por tanto, la necesidad de antibióticos repetidos. «Dicho esto, es importante explicarlo con rigor: no son una solución universal, no sustituyen al diagnóstico correcto, y deben indicarse tras una valoración urológica individualizada», insiste la doctora Seguí.
Sobre el perfil de pacientes que puede beneficiarse de estas nuevas herramientas terapéuticas apunta a aquellas mujeres con infecciones urinarias recurrentes bien documentadas, es decir, con episodios repetidos confirmados por síntomas y, siempre que sea posible, por urocultivo.
Éste sería el caso, según prosigue, de mujeres con varias infecciones al año, pacientes en las que se quiere reducir el uso continuado de antibióticos, mujeres posmenopáusicas tras valorar otros factores asociados, o pacientes en las que ya se han revisado medidas conductuales, hábitos miccionales, salud vaginal, suelo pélvico, y posibles alteraciones funcionales.
«Estamos ante una alternativa real para determinados perfiles, pero no debe plantearse de forma indiscriminada. Antes hay que descartar causas corregibles: mal vaciado vesical, litiasis, alteraciones anatómicas, prolapsos, incontinencia asociada, atrofia urogenital, o factores relacionados con la actividad sexual. La clave está en seleccionar bien a la paciente y construir una estrategia preventiva personalizada», avisa esta portavoz.
POR QUÉ SON FRECUENTES EN LAS MUJERES
En última instancia, esta uróloga recuerda que, en la actualidad, las infecciones urinarias recurrentes son frecuentes por una combinación de factores anatómicos, hormonales, microbiológicos, y funcionales. «En la mujer, la uretra más corta, la proximidad con la región perineal, los cambios hormonales -especialmente tras la menopausia-, la actividad sexual, determinadas alteraciones del vaciado vesical o del suelo pélvico, y la propia microbiota urogenital pueden favorecer que las infecciones se repitan», justifica esta especialista.
Eso sí, considera esta uróloga que no por ello debemos banalizarlas, ya que para muchas pacientes no son episodios aislados, sino un problema crónico que condiciona su vida diaria. «Generan dolor, urgencia miccional, escozor, miedo a la recaída, absentismo laboral, limitación de la vida sexual, y una importante carga emocional. Hay pacientes que viven pendientes de cuándo aparecerá el siguiente episodio. Ese impacto en la calidad de vida es, probablemente, una de las razones por las que debemos cambiar la forma de abordar esta patología», asegura esta doctora.
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