Un libro de Sergi Doria biografía al impulsor del Liceu Joaquín de Gispert

BARCELONA, 12 May. –
El escritor Sergi Doria ha presentado este martes su libro ‘Joaquín de Gispert y el Liceo. Una historia barcelonesa’ (Byron Books), que narra la influencia del empresario en la construcción de este teatro.
Doria ha destacado el mérito de Joaquín De Gispert (1799-1889) de impulsar el Liceu en medio de las convulsiones de la época y superando otras contrariedades.
Puso la primera piedra del teatro en 1844, en el solar donde estuvo el convento de los Trinitarios Descalzos.
Una década antes, en 1835, había sido el año de una ‘bullanga’ y de quema de conventos en la ciudad, incluido el ataque al de los trinitarios, que De Gispert intentó preservar.
CONSERVATORIO Y DESPUÉS TEATRO
De Gispert recibió en 1844 el encargo del Liceo Filarmónico de adquirir el terreno del convento y edificios anexos, para construir una sede de enseñanza musical y un teatro (primero se hizo el conservatorio y después el teatro).
Doria explica que en 1844 se puso la primera piedra «en un ambiente poco propicio», porque al cercano Teatro de la Santa Cruz le desagradaba la futura competencia (y pasó a llamarse Principal cuando el Liceu abrió).
El Liceu se inauguró en 1847, así que De Gispert «cumplió los plazos» para la construcción, y ese mismo año abrió también el Cercle del Liceu, aún con el nombre de Casino.
Desde los años 60, De Gispert dejó su relación directa con el Liceu, con el que perdió mucho dinero, y murió a los 90 años.
Sergi Doria (Barcelona, 1960) es periodista cultural de ‘ABC’, profesor universitario y autor de ensayo y novela, en buena parte con Barcelona como coprotagonista.
FRANCISCO GAUDIER Y NÚRIA DE GISPERT
Al acto han asistido el presidente de Cercle del Liceu, Francisco Gaudier; descendientes de la familia De Gispert, incluida la expresidenta del Parlament Núria de Gispert (tataranieta); el presidente del patronato del Liceu, Salvador Alemany, y la escritora Carme Riera, entre otros.
Gaudier ha explicado que el Cercle impulsó el libro como un reflejo más de «la ciudad de los prodigios», parafraseando la definición de Barcelona de Eduardo Mendoza.
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