Inflamación de bajo grado: el papel oculto del intestino y del hígado

Inflamación de bajo grado: el papel oculto del intestino y del hígado
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   MADRID, 11 May. –

   Todo lo que entra en el cuerpo pasa, de una forma u otra, por el hígado. Desde lo que comemos y bebemos hasta algunos medicamentos, cosméticos o sustancias ambientales. Pero para que este «gran filtro» funcione correctamente necesita trabajar en equilibrio con el intestino y con la microbiota.

   Así nos lo explica en una entrevista con Europa Press Salud Infosalus la doctora Marta González-Corró, licenciada en Medicina y especializada en microbiota y salud intestinal, quien profundiza en esta conexión en Un hígado feliz (Alienta editorial), donde explica cómo una microbiota alterada puede dificultar la eliminación de toxinas y contribuir a la inflamación crónica, «la pandemia del siglo XXI», según recalca esta autora.

   Reconoce que siempre que pensamos en el hígado lo hacemos desde la vertiente de la hepatitis, de la típica cirrosis de los alcohólicos. «El hígado siempre se ha entendido desde aquí y no se habla de su función detoxificadora, cuando es fundamental», aprecia.

   Sostiene que el hígado es el órgano que tiene un 75% de su circulación venosa (ya que procesa todos los desechos del organismo), y sólo un 25% es arterial porque es por donde se nutre al hígado.

   Y aquí es donde entra en juego la microbiota y su relación con nuestro hígado. Dice que este ecosistema está ligado con todo el organismo y que, aunque por todos es conocido el eje intestino-cerebro-microbiota, también existe el eje intestino-microbiota-hígado: «La microbiota que asociamos sólo con temas digestivos juega un papel muy importante a nivel de salud hepática. De hecho, ésta puede condicionar la microbiota porque hay una circulación enterohepática, a través de la vena porta, que los comunica, el intestino y la microbiota junto con el hígado».

¿CÓMO LO HACE? LA RELACIÓN MICROBIOTA-HÍGADO

   Especifica González-Corró que cuando comemos alimentos grasos se produce un estímulo en la vesícula biliar para la fabricación de las sales biliares y para que se produzca la digestión; «incluso en aquellas personas que no tienen vesícula el hígado se adapta y si no tienes vesícula cuando comes comida grasa el hígado es capaz de expulsar el líquido, aunque a veces le cueste adaptarse», apunta.

   Luego la otra vía, según continúa, es que cuando comemos y esos alimentos se digieren hay una parte importante de la digestión que la hace la microbiota, que también sintetiza diferentes metabolitos, como los ácidos grasos de cadena corta (como el butirato), o algunos neurotransmisores, y entonces estos pasan a través de esta circulación enterohepática y llegan al hígado.

CUANDO LA MICROBIOTA SE ALTERA Y ALGO FALLA

   Pero además, cuenta la doctora González-Corró que como el hígado es la gran depuradora o filtro del cuerpo, todo lo que depura tiene que llegar al intestino para poderse eliminar, pero sin una buena microbiota, si hay disbiosis, se rompen una serie de enlaces, como ella apunta, y algunas sustancias que ya han sido depuradas para eliminarse que vuelven a reabsorberse, y no se eliminan bien los desechos del cuerpo.

   «En un escenario con muchos anticonceptivos orales, con personas que por ejemplo ingieren muchos inhibidores de la bomba de protones (los mal llamados ‘protectores de estómago’), con elevados casos de estrés, de toma de antibióticos, que ingieren alcohol con frecuencia, todo esto también altera la microbiota y genera un aumento de los metabolitos tóxicos, que en exceso van alcalinizando el ph del intestino», advierte.

ENTRA EN ESCENA LA INFLAMACIÓN DE BAJO GRADO

   Precisa, además, que el ph del intestino debe estar en 5,8 y 6,4, porque si no entonces no hay eficiencia metabólica a nivel intestinal, algo necesario para poder eliminar bien los desechos del cuerpo, y que no se acumulen. «La salud de las personas implica que tiene que haber equilibrio de ph en todo el organismo y cuando uno se desequilibra se descompensa otro. Entonces si, por ejemplo, no mantengo en el intestino unos determinados niveles de ph esto repercute a nivel sistémico, dando lugar a la inflamación de bajo grado, que es la base de las enfermedades crónicas del siglo XXI, tales como las cardiovasculares, autoinmunes, endocrinas, neurológicas, etc.», remarca.

   Aquí recuerda que el hígado es un filtro «por el que pasa todo», lo externo, y lo interno, es decir, desde el maquillaje que nos ponemos, hasta lo que bebemos, la crema que nos ponemos, el aire que respiramos. Todo ello dice que son sustancias liposolubles que es necesario transformar en el hígado para poder ser eliminadas de nuestro cuerpo, bien por las heces la mayor parte, o por el sudor y la orina. «Imagina tu hígado como una gran fábrica de gestión de residuos que gestiona toxinas, fármacos, hormonas usadas o neurotransmisores, y que se encarga de clasificarlos y de procesarlos para que puedan ser eliminados», resalta.

   En la primera fase, apunta que las enzimas cortan (hidrolizan), oxidan, o activan estos compuestos para hacerlos más fácilmente tratables en las siguientes plantas de la fábrica (fase 2). El problema es que esta parte del proceso también genera sus propios intermediarios peligrosos, por lo que también se clasifican y separan, según prosigue, según su tipo, y se neutralizan gracias a nuestro sistema antioxidante, y a su transformación en la fase 2 para poder ser eliminados del organismo, sin que se acumulen o reabsorban de nuevo, generando problemas en nuestra salud, como esa inflamación de bajo grado de la que hemos hablado.

CL11