Los «sustos» nucleares demuestran que la disuasión no garantiza la paz


NACIONES UNIDAS – Las consecuencias de una guerra nuclear traspasarían las fronteras y su impacto se dejaría sentir a lo largo de generaciones. Sin embargo, a pesar de saberlo, los Estados miembros, incluidos los que poseen armas nucleares, están incumpliendo cada vez más el tabú nuclear, al tiempo que recurren en gran medida a la disuasión para evitar las consecuencias.
A lo largo del período de la Guerra Fría, hubo casos de «situaciones de riesgo» nucleares: momentos en los que el mundo podría haber caído en una guerra nuclear de no ser por la intervención humana o la pura suerte.
La crisis de los misiles en Cuba de 1962 y el incidente Petrov de 1983 -cuando el oficial soviético Stanislav Petrov, identificó correctamente como una falsa alarma un informe informático que indicaba que Estados Unidos había lanzado misiles nucleares hacia su país y no reportó lo que podía haber ocasionado una grave crisis entre las dos potencias nucleares- son quizá los ejemplos históricos más conocidos.
Pero otros casos también pueden revelar qué lecciones deben extraerse de estas «situaciones límite».
En un encuentro especial, paralelo a la Conferencia de Revisión del Tratado sobre la No Proliferación de las Armas Nucleares (TNP) de 2026, que acoge la ONU en Nueva York desde el 27 de abril y hasta el 22 de mayo, académicos, representantes gubernamentales y de la sociedad civil se reunieron para debatir precisamente sobre ello durante un encuentro especial el 1 de mayo.
Durante el encuentro especial, celebrado el 1 de mayo bajo el título «Prevención del uso y la escalada nuclear: Lecciones de incidentes nucleares que estuvieron a punto de convertirse en guerra», los ponentes argumentaron que estas historias demuestran que la disuasión nuclear puede no ser una estrategia de seguridad eficaz para el desarme o incluso para la no proliferación.
«La historia de los sustos —Cuba, Petrov, Black Brant— y muchos otros acontecimientos menos conocidos no nos dice que la disuasión funcione. Nos dice que la disuasión, en varias ocasiones documentadas, ha estado a punto de fallar», afirmó George-Wilhelm Gallhofer, director de Desarme, Control de Armas y No Proliferación del Ministerio Federal de Asuntos Europeos e Internacionales de Austria.
A su juicio, «la suerte no es una estrategia de seguridad. Y, sin embargo, el orden de seguridad mundial, 60 años después, sigue basándose en ella».
Gallhoffer sugirió a continuación que es necesario reforzar una vez más el tabú nuclear promoviendo un diálogo honesto entre las potencias nucleares y los Estados no nucleares, en el que estos últimos recuerden a todas las partes lo que está en juego.
Doctrinas como el TNP y el Tratado sobre la Prohibición de las Armas Nucleares (TPAN) deben considerarse tratados de seguridad, no solo marcos morales o éticos.
Elayne Whyte, profesora de la Universidad Johns Hopkins y exembajadora de Costa Rica ante la ONU, se hizo eco de este sentimiento y añadió que la cuestión del peligro nuclear está tan arraigada a nivel social como lo está en los marcos legales.
La comprensión compartida del peligro nuclear no solo se genera a través de los sistemas de armas o los tratados, sino también a través de los responsables de la toma de decisiones y los valores de la sociedad, consideró.
«Estamos en el siglo XXI; también tenemos que reconocer que la erosión del tabú nuclear no puede separarse de las tendencias nacionalistas más amplias que clasifican las vidas humanas de forma desigual y hacen más fácil imaginar que la destrucción masiva infligida a otros es… tolerada», afirmó Whyte.
Las tecnologías emergentes, como la inteligencia artificial, amenazan con complicar aún más la escalada nuclear, en la que los Estados nucleares, en un esfuerzo por mantenerse a la vanguardia, adoptan estas tecnologías por su potencial percibido para reducir el margen de error humano.
La automatización de la toma de decisiones en el uso de armas nucleares no es del todo nueva, como se vio en 1979 y 1980, cuando el Comando de Defensa Aeroespacial de América del Norte (Norad, en inglés) recibió varias falsas alarmas debido a errores en su sistema de alerta de misiles.
Yanliang Pan, investigador asociado del Centro de Estudios de No Proliferación (CNS), señaló que estos casos demostraron que los sistemas automatizados seguirían siendo susceptibles al sesgo de automatización y a la reducción del tiempo de toma de decisiones, lo que aumentaría la probabilidad de accidentes.
Aunque los seres humanos deberían seguir teniendo un control «significativo» sobre las decisiones relativas al uso nuclear, Pan señaló que estos incidentes se produjeron mientras los seres humanos tenían el control.
«Deberíamos hablar del efecto de la automatización en la fiabilidad del control humano, en lugar de simplemente del control humano como antídoto contra la automatización», afirmó Pan.
En la actualidad, la investigación académica puede descubrir patrones recurrentes en la forma en que se gestionaron los incidentes nucleares y lo que eso puede indicar a los responsables de la toma de decisiones sobre la reducción de riesgos en este ámbito.
Según Sarah Bidgood, investigadora posdoctoral del Instituto de Conflictos Globales y Cooperación, estudios recientes han analizado cómo podría no existir un marco único para la gestión de crisis que se aplicara a todos los incidentes nucleares.
En lo que respecta a la gestión de crisis y la reducción de riesgos, la dinámica de los incidentes nucleares anteriores no es monolítica, sino que, por el contrario, existen variaciones en los resultados.
Las lecciones que los líderes extraen de tales situaciones pueden no conducir a un alejamiento de las armas nucleares. En cambio, estos acontecimientos pueden reforzar lo que los líderes ya piensan sobre los riesgos y beneficios de las armas nucleares.
Si un líder valora las armas nucleares por un supuesto valor estratégico, entonces, tras un incidente de este tipo, es muy probable que adopte nuevas capacidades que le permitan amenazar con el uso de armas en múltiples niveles de conflicto.
Bidgood planteó la cuestión de qué significaría este escenario para el futuro de la reducción de riesgos en el actual entorno geopolítico.
«Debemos ser bastante escépticos ante esta idea generalizada que a menudo escuchamos en nuestra comunidad… según la cual, para volver a encarrilar el control de armamento y la reducción de riesgos, tal vez necesitemos otro acontecimiento como la crisis de los misiles en Cuba. Porque si mi teoría es correcta, lo que esto nos dice es que la próxima crisis podría llevarnos con la misma facilidad por un camino muy, muy diferente. Y eso es algo que no creo que hayamos tenido realmente en cuenta como académicos o profesionales», afirmó Bidgood.
Esos conatos de crisis pueden deberse a menudo a decisiones individuales basadas en el criterio humano, más que a las posturas de los Estados nucleares.
Chie Sunada, directora de Desarme y Derechos Humanos del Centro para la Paz de Soka Gakkai International (SGI), recordó el ejemplo de un incidente ocurrido en el punto álgido de la crisis de los misiles en Cuba en 1962, cuando también se gestó un conato de crisis en el Pacífico que habría tenido como objetivo a un tercero no implicado.
Durante ese periodo, las bases militares estadounidenses en Japón albergaban misiles nucleares lo suficientemente potentes como para arrasar ciudades.
La base de Okinawa recibió lo que parecían órdenes de lanzamiento autenticadas. Sin embargo, el oficial de campo de mayor rango presente en el lugar, el capitán William Bassett, detectó discrepancias entre las órdenes de lanzamiento y el nivel de preparación de los misiles, entre ellas que los misiles de esta base tenían como objetivo principal a China.
Por lo tanto, ordenó a sus subordinados que desactivaran el sistema.
Sunada advirtió que en el discurso actual faltaba el sentido de urgencia que había guiado las decisiones sobre la desescalada nuclear y que la realidad de la lluvia radiactiva y las secuelas de Hiroshima y Nagasaki se estaban «desvaneciendo en una historia abstracta».
Insistió en que la educación sobre el desarme nuclear sería un «mecanismo vital» para mantener la «moderación estratégica», al reconocer que un elemento clave para su éxito es la empatía hacia el dolor ajeno, lo cual es en sí mismo una forma de disuasión.
«No podemos seguir dejando nuestra supervivencia en manos de la suerte», afirmó Sunada.
Y añadió: «Instamos a todos los Estados partes a que reconozcan que la reducción del riesgo requiere algo más que un simple ajuste de las doctrinas militares. Requiere un cambio fundamental en la forma en que entendemos estas armas, impulsado por la educación. Al romper la cadena del odio y cultivar un corazón que aprecia y respeta a los demás, logramos el desarme definitivo y una educación para la paz pura y adecuada».
T: MF / ED: EG
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