Los GLP-1 orales no solo quitan hambre: también frenan la ingesta por placer en un circuito profundo del cerebro

Los GLP-1 orales no solo quitan hambre: también frenan la ingesta por placer en un circuito profundo del cerebro
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   MADRID, 7 May. (Agencias) –

   Un estudio de la Universidad de Virginia (Estados Unidos) ha descubierto que una nueva clase de fármacos para la pérdida de peso a base de GLP-1 suprime la ingesta de alimentos por placer, o alimentación hedónica, en ratones al modular un circuito de recompensa ubicado en las profundidades del cerebro.

    Como se recoge en ‘Nature‘, esta vía recientemente identificada, distinta de los mecanismos descritos anteriormente que afectan el apetito en general, podría ser una forma en que los GLP-1 traten otras disfunciones en el procesamiento de la recompensa, como el trastorno por consumo de sustancias.

   Este estudio, financiado por los Institutos Nacionales de la Salud (NIH) se centró específicamente agonistas del receptor GLP-1 de molécula pequeña, como el orforglipron, aprobado por la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA) , que se puede tomar por vía oral y es más barato de producir que sus homólogos inyectables.

   «A medida que aumenta la accesibilidad a estos medicamentos y la adopción por parte de los pacientes, es crucial que comprendamos los mecanismos neuronales que subyacen a los efectos que estamos observando», relata Lorenzo Leggio, director clínico del Instituto Nacional sobre el Abuso de Drogas (NIDA) de los NIH.

   Investigaciones previas han explorado exhaustivamente los efectos de los péptidos GLP-1 de mayor tamaño, como la semaglutida, en el cerebro, descubriendo que suprimen la ingesta de alimentos impulsada por el hambre al activar redes neuronales en el hipotálamo y el tronco encefálico. Hasta ahora, los científicos han tenido un conocimiento mucho menos claro sobre cómo funcionan los fármacos GLP-1 de molécula pequeña.

   Para comprender mejor el fenómeno, los autores modificaron los receptores GLP-1 de ratones mediante técnicas de edición genética, haciéndolos más similares a los humanos.

    El equipo administró orforglipron u otro fármaco de molécula pequeña, danuglipron, e identificó las regiones cerebrales donde inducían actividad. Si bien los GLP-1 afectaron áreas conocidas, también desencadenaron actividad en la amígdala central, una región asociada con el deseo que se encuentra en una zona más profunda del cerebro de lo que los científicos creían que los GLP-1 podían alcanzar directamente.

   Experimentos posteriores demostraron que, una vez activada, la amígdala central reducía la liberación de dopamina en los centros clave del circuito de recompensa del cerebro durante la alimentación hedónica.

   «Sabíamos que los fármacos GLP-1 suprimen la conducta alimentaria impulsada por la demanda de energía. Ahora parece que los GLP-1 de molécula pequeña administrados por vía oral también reducen la ingesta de alimentos por placer al activar un circuito de recompensa cerebral», señala el coautor correspondiente Ali Guler, doctor en biología y profesor de la Universidad de Virginia.

   Según los científicos, la siguiente pregunta lógica es si estos GLP-1 de nueva generación también pueden reducir los antojos de sustancias distintas a la comida. En estudios posteriores, esperan analizar en detalle sus efectos sobre el trastorno por consumo de sustancias.

CL11